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Las dos celdas que habilitaron el año 2000, dentro del Comando de la Policía de Warnes, para que sirvan como un espacio para albergar a detenidos preventivos y personas condenadas dejarán de ser un reclusorio a partir de hoy.

Los espacios son dos cuartos ‘forrados’ con azulejos color blanco, de aproximadamente dos metros de fondo por uno de ancho, en el que convivieron hasta cerca de 60 internos, teniendo una media promedio de entre 35 y 40 personas que pasaban sus días y sus noches encerrados.

El patio es un pequeño pasillo, donde el aire no llega, y la cocina, un ambiente donde cada utensilio fue comprado por los mismos reclusos para poder cocinar sus alimentos.

La privacidad no existe para nadie en este carceleta, donde tener un espacio es un privilegio de pocos. Los policías que trabajan en el comando ya se acostumbraron a la presencia de los reos y de sus visitas, que deben conversar con sus seres queridos en bancas de madera en un estrecho pasillo que habilitaron entre todos.

“Llevo 12 años encerrado en esta carceleta. Me condenaron a 20 años por violación”, cuenta Emilio Apunari Reyes, el preso más antiguo en este reclusorio, donde el hacinamiento manda y las enfermedades respiratorias son el mal de todos los días.

Este hombre, de baja estatura, cabello corto y piel oscura, recordó que llegó al reclusorio de Warnes con detención preventiva en 2008 y luego la justicia lo condenó a 20 años.

“Estar aquí fue un verdadero tormento en los primeros cuatro años, luego conseguimos con mis compañeros de encierro comprar unos ventiladores y poder soportar, un tanto mejor, el encierro”, recuerda el hombre, que por su antigüedad es el vocero de los reos y el que también está a cargo de la cocina.

Pero la historia de este reclusorio, que tiene el sello del hacinamiento, cambiará desde hoy, ya que sus celdas para tener detenidos preventivos o condenados se cerrarán.

“No se puede permitir que vivan personas privadas de libertad de una manera inhumana”, afirmó el director departamental de Régimen Penitenciario, Marcos Dongo, que junto al capitán julio Ayala, les hicieron conocer ayer a los 41 reclusos que están en la carceleta de Warnes que serán trasladados al penal de Palmasola.

El cambio sucederá hoy, a partir de las 6:00, cuando un bus llegará hasta Warnes para que los privados de libertad sean llevados hasta el penal de Palmasola, la cárcel más poblada del país.

“El operativo se realizará temprano, con apoyo de unidades especiales”, aseguró Ayala, gobernador del complejo penitenciario de Montero y responsable por la seguridad de los reos.

Entre los internos que serán llevados a Palmasola está Wálter Suárez Arias, un parapléjico que desde el 9 de septiembre guarda detención preventiva, por un supuesto delito sexual. Su esposa, Ingrid Paniagua, afirma que el hombre es inocente y que la denuncia en su contra es falsa.

Ella está preocupada por el destino de su pareja, ya que ella iba todos los días a la carceleta para darle de comer, bañar y ayudarlo a realizar todas sus necesidades biológicas a su esposo, pero ahora no sabe qué pasará en Palmasola.

Dongo, al conocer este caso, indicó que Suárez será ingresado a la Casa Blanca que era de ‘Oti’, donde recibirá atención médica permanente y su esposa podrá visitarlo, para atenderlo mientras se espera el inicio de su juicio.