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En el trajín de hacer las compras en uno de los mercados de la ciudad, Daniela Camacho (30) no se percató el momento en el que desapareció su billetera. Sin dinero, sin documentos y sabiendo que en las oficinas públicas se atiende a las personas según el último dígito del carné de identidad tuvo que esperar algunos días para acudir a las oficinas del Servicio General de Identificación Personal (Segip).

"Fue el inicio de mi calvario, nunca imaginé que renovar un carné de identidad implique peligro y genere tanta impotencia por lo que se vive y lo que se ve", relata.

Era martes en la tarde y Daniela pretendía ser atendida un miércoles. Al salir de su trabajo acudió a la oficina del Segip del Megacenter (donde opera el Cine Center, en la capital cruceña) para ver cómo estaba el panorama y tener alguna información adicional sobre el servicio. Por fortuna, un familiar le ayudó con el depósito bancario que se necesita para renovar la cédula de identidad (Bs 17).

Al llegar el martes por la tarde, en las afueras del Segip ya había personas esperando para ser atendidas el miércoles, quienes le anunciaron que no había espacio y vuelva otro día.

Las personas que ya recibieron su ficha hacen fila en las afueras del Segip

Incrédula y pensando que las personas la engañaron, Daniela volvió al Segip al día siguiente. Era miércoles las 05:00 de la mañana. Tal fue la sorpresa que cerca de 200 personas se encontraban haciendo fila, tanto que daba la vuelta al manzano hacia el segundo anillo.

En su inocencia, creyó que podría ser atendida. Cuando el reloj marcaba las 08:30 (tres horas y media después de su llegada), le hicieron saber que si no estaba en la lista que se retire, que no sería atendida, lo que fue confirmado con la gente del Segip. Frustrada, Daniela se fue.

En las afueras de la entidad pública no existe el control permanente. Las aglomeraciones son el común denominador, se negocian cupos en las filas, se realizan listas que son administradas por personas ajenas al Segip e incluso se instalan campamentos a la espera de un cupo para ser atendidos. Los guardias de seguridad se ven desbordados con estas situaciones.

Sobre este tema, el Segip levanta las manos. Entre sus funcionarios también hay impotencia ante las aglomeraciones y su poder de influencia solo se limita a pedir a la gente que no se aglomere y que cuiden sus documentos para no tener que sufrir en las filas. Son conscientes de que nadie la pasa bien, pero no pueden hacer más.

Particulares anotan los turnos en un cuaderno y marcan el brazo de las personas que esperan a ser atendidas, según lo visto por EL DEBER

El lunes de la semana siguiente, Daniela volvió al lugar al salir de su trabajo. Un guardia de seguridad le recomendó acudir al día siguiente (martes) a media tarde y así lo hizo. Sin embargo, quienes hacen las listas (personas particulares) le dijeron que solo había espacio para 100 personas y a Daniela le correspondía el 105.

"Tal vez hasta mañana hay personas que no vengan o que se vayan de la fila y ahí puede ser mi oportunidad para tener un cupo", pensó esta ciudadana que ya había acudido al Segip con la idea de pasar la noche en el lugar.

Debido a sus labores, Daniela debe contar con su cédula de identidad y licencia de conducir. Con el primer documento realiza transacciones bancarias con frecuencia y con el segundo se moviliza de un lugar a otro en sus quehaceres diarios.

Daniela se armó con cartones, ropa abrigada (en la noche hace frío) y paciencia. Sabía que le tocaría dormir en el suelo. En medio de la aglomeración, Daniela ocupó su espacio en el cemento, junto a personas que incluso habían llevado carpas para pasar la noche y no sufrir por el descenso de temperaturas. Vecinos del lugar alquilan lugares bajo techo para que la gente pueda dormir sin perder su turno y otros cobran Bs 1 por el uso del baño.

Así son las noches frente al Segip del Megacenter de la capital cruceña, gente durmiendo en el suelo y con bajas temperaturas 

Con el pasar de las horas hubo espacio en la lista de los 100. Daniela logró ingresar como la número 99 y entre las personas que venían después de ella hubo lágrimas de impotencia al saber que habían pasado las horas haciendo fila en vano. La gente sufrió frío en la noche, tuvo que descansar en el suelo y estar sin comer por horas.

"Si son maricones, si van a llorar y si tienen miedo de la aglomeración y del contagio (de Covid-19) mejor no vengan", se escuchó desde uno de lo lugares de la fila, que solo se ordenaba y mantenía distancia cuando la Policía hacía su ronda. Cuando las fuerzas de seguridad no están prima el desorden y hay quienes no usan barbijos, así lo constató EL DEBER.

Cuando salió el sol, día miércoles, en la fila se percibía un ambiente de ansiedad y frustración, también se generaban burlas hacia los 'inocentes' que llegaban temprano pensando que serían atendidos el mismo día o que obtendrían algún cupo, una faceta que se ve a diario. Muchos dan media vuelta y no retornan. 

Al abrir las oficinas del Segip, Daniela recibió un sello en su comprobante de pago (con eso garantizan la atención). "Le va a tocar cerca de las 13:00 (hora estimada)", le comentó uno de los funcionarios del Segip, pero uno de los guardias de seguridad le sugirió que presentarse antes.

Daniela se fue a buscar comida y volvió al lugar con el miedo de perder el turno. Logró ser atendida poca antes de las 13:00 y en cuestión de 30 minutos salió con su carnet de identidad en la mano, pero con la idea de no volver a vivir nunca más la experiencia de renovar su cédula de identidad.

Situación en el Segip

Dentro del Segip la atención es ágil, se cumplen todos los protocolos de bioseguridad y distancimiento de personas. No obstante, el problema está en la calle y nadie se hace cargo del control.

La reserva de cupos de atención por la vía digital podría ser una alternativa para frenar estas situaciones, pero la directora regional del Segip, Karla Loriana Muñoz, aduce que se está evaluando, aunque no ha dado buenos resultados porque hay gente que no maneja internet o que llegan desde el área rural.

Actualmente el Segip trabaja a media máquina. Por las instructivas de la cuarentena dinámica, el personal  es reducido, así como el horario de atención que se limita hasta las 13:00 en las 15 oficinas en el departamento cruceño (cinco de ellas en la ciudad). No obstante, debido a los contagios en el personal, las oficinas de Yapacaní y Warnes no están atendiendo.

La directora regional explicó que se emiten cerca de 1.800 documentos por día, aunque el número puede variar. Desde esta entidad pública recordaron que las cédulas de identidad vencidas desde noviembre de 2019 tienen vigencia hasta agosto de 2020.

Sin embargo, hay gente haciendo filas que denunció que en los bancos y en los colegios de sus hijos no les admiten un documento caducado y tienen que acudir hasta el Segip.

Al respecto, la directora Muñoz recordó que existe un decreto vigente que garantiza que las cédulas vencidas (dentro del tiempo mencionado) deben ser aceptadas sin problemas y exhortó a las entidades que exigen documento a tomar en cuenta la disposición, ya que sería de mucha ayuda para descongestionar las filas.

Así como Daniela, que compartió su historia existen muchas otras similares, que deben acudir hasta el Segip para padecer de estas dificultades. A la protagonista de esta historia todavía le queda otro trámite: obtener nuevamente su licencia de conducir. Ya acudió a la oficina del Segip en el Ventura Mall, le avisaron que solo atienden a 30 personas y en el ticket que le entregaron figuraba el número 90...