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El miedo muchas veces paraliza. Sin embargo, este no es el caso de Claudio Gaete, quien, pese al temor de enfermarse de coronavirus, decidió salir a las calles a ayudar a las personas desde el día uno de la cuarentena rígida en el país. 

“Vencí el miedo ayudando a los padres de los niños con cáncer”, recuerda. Desde el 22 de marzo comenzó a cocinar a diario para las personas del Oncológico. Casi sin pensarlo, hace unos días cumplió 162 jornadas en esta solidaria labor. En este tiempo sumó cientos de anécdotas, pero sobre todo evidenció que la solidaridad se multiplica, pues esta iniciativa que en un inicio solo era en el Oncológico, con la ayuda de otras personas, se replicó a varios barrios de la ciudad. Incluso recaudaron medicamentos.

Una rutina de amor

Claudio es el rostro visible y también el más constante de un movimiento grande de personas que colaboraron en medio de la cuarentena rígida. Sus jornadas empezaban a las 4:00 con la odisea de ir a comprar productos pese a las restricciones de circulación, luego iba a preparar la comida y entregarla al Oncológico. 

Cada día, esta rutina tenía algo especial, pues debía tocar nuevas puertas para conseguir más productos para cocinar. “Pasamos momentos muy difíciles porque había días que no teníamos para cocinar, pero Dios provee y nunca se suspendieron las entregas”.

En su labor diaria, que muchas veces era acompañada por su familia, ocupaba todos los elementos de protección. Aunque por su actividad, el riesgo de contagio de coronavirus era latente, por ello, en dos ocasiones se sometió a pruebas y hasta la fecha está a salvo del virus.

Su esfuerzo, en medio de momentos aún más difíciles para los padres de los niños con cáncer es reconocido. La presidenta de la asociación de este grupo, Ana Figueroa resalta: “Es de admirar el cariño y el amor que puso (Claudio) para poder ayudarnos en esos tiempos de crisis. Él y todos colaboraron sin recibir un centavo, lo hicieron de corazón”.

El padre de Claudio falleció de cáncer en 2010. Esta es una de las razones por las que pese a la cuarentena no se haya olvidado de las múltiples necesidades de las personas con cáncer. Aunque, antes de marzo, ya cocinaba para los pacientes en fechas específicas: día del niño, navidad, entre otras. “Yo cocino de todo. Sin haber estudiado esto profesionalmente”, explica.

Claudio nació en Chile, pero hace 12 años reside en el país. Él es un ejemplo del dicho: el cruceño nace donde quiere. “Me casé un 24 de septiembre”, resalta, al intentar explicar su cariño por esta tierra cruceña. Agrega: “Santa Cruz es una tierra de oportunidades. No pienso irme de aquí. Tengo dos hijas cambitas”.

Cadena de esperanza

En estas actividades, Claudio conoció a un grupo de policías que lo ayudaron, especialmente en el traslado a los barrios.

El 8 de marzo en la página oficial del Grupo de Apoyo Civil a la Policía (Gacip) se publicaba, “El grupo Infancia Feliz y Esperanza de Vida, han demostrado que el trabajo en equipo y con la fe enfocada en ayudar a los demás se logra muchas cosas. 

Personal de la Policía de la EPI 7 y el Gacip dependiente de la misma están trabajando para ser un puente entre los que quieren ayudar y los que necesitan ayuda”.

En esa época se puede ver a Claudio en el inicio de una fila, entregando los almuerzos a las personas del Cordón Ecológico.

“Hicimos cantidad de cosas. Fuimos a los barrios a los canales de drenaje, la gente nos esperaba, la policía nos tuvo que escoltar. Fue una experiencia muy bonita”, recuerda.

Claudio también inspiró: una de las jóvenes que primero asistía a la olla común al hospital habilitó una en la Pampa de la Isla.