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¿Estamos preparados para sufrir un terremoto de magnitud en la ciudad? La noche del pasado martes, un sismo de 3.4 grados en la escala Richter sacudió la ciudad. Algunas personas se percataron de los temblores; otros, disfrutaron plácidamente de su sueño. Las redes sociales se inundaron de comentarios sobre la experiencia.

“En cualquier momento puede suceder un terremoto mayor al de Aiquile, Totora y Mizque”. La advertencia del director del Observatorio San Calixto, Gonzalo Fernández, recuerda el sismo que asoló el 22 de mayo de 1998 a los municipios cochabambinos. Las múltiples fallas que quedan comprendidas entre Santa Cruz, Cochabamba y Sucre acumulan tensiones que se liberan en forma de sismo.

Fernández explicó en los micrófonos de ¡Que Semana! por El Deber Radio que los terremotos se producen “por la liberación de energía contenida” fruto del roce entre las fallas sísmicas. En Bolivia, los procesos de formación son lentos, “requieren procesos de 30 o 50 años para liberar la energía acumulada”. Como Observatorio, mantienen una vigilancia atenta de la parte central del país para alertar ante “la llegada un terremoto similar al de Aiquile en un periodo cercano”.

La información compartida en la página web del Observatorio San Calixto, ubicado en la ciudad de La Paz, señala una serie de recomendaciones para prepararse frente a un terremoto. Las indicaciones disponen los comportamientos que se debe tener antes, durante y después del sismo.

Prepararse con antelación

La educación preventiva permite anticipar un temblor y contar con un plan establecido. Para ello, los centros educativos, las instituciones y empresas identifican con claridad zonas señaladas como puntos de seguridad donde las personas se podrán concentrar. La realización de simulacros entrena a todos para que conozcan los procedimientos de manera anticipada y puedan actuar con celeridad.

La reparación y mantenimiento adecuado de los inmuebles, así como de las conexiones de agua, gas y electricidad, contribuyen a un mejor resguardo en caso de terremotos.

Otra de las medidas preventivas que se aconsejan es contar con una mochila equipada para caso de evacuación. Esta alternativa se vuelve más necesaria sobre todo en aquellos lugares donde los riesgos son más frecuentes. En la mochila puede incluirse: linterna, radio, baterías, silbato, ropa, documentos importantes (al menos las copias), un botiquín de primeros auxilios, agua y alimentos duraderos como barras de cereales.

Comportarse durante un terremoto

Quizá es la parte más compleja, pero también la que más vidas puede salvar. Si se siente que las paredes de la casa tiemblan, lo recomendable consiste en mantener la calma y ubicarse en lugares seguros.

La estampida colectiva supone un riesgo mucho mayor que el propio terremoto. La calma permite mantener el orden de salida sin empujones, carreras o gritos. Ante todo, una persona se debe apartar de los objetos que se deslizan para no caerse, y debe cobijarse debajo de objetos más resistentes que cumplan la función de resguardo.

Fernández reitera que, durante un temblor, no se debe recurrir al ascensor para nada.

¿Qué hacer después del sismo?

Nuevamente, la calma es la actitud fundamental para evaluar con serenidad los pasos a seguir. Primero, se debe revisar los daños materiales y el riesgo que puedan ocasionar.

En la medida de lo posible, las personas permanecerán en las zonas de encuentro señaladas y que garantizan la seguridad ante réplicas y derrumbes. También es relevante mantener una comunicación constante con las autoridades para seguir sus indicaciones. Es momento de sacar la radio que se cargaba en la mochila para establecer el contacto. Si la situación lo permite, es recomendable no utilizar las líneas telefónicas y permitir que éstas sean un espacio habilitado para las urgencias.

Casi como si se tratara de una ley de supervivencia, bajo ningún criterio se debe prender un encendedor o una vela. Las posibles fugas de gas se convertirán en una trampa explosiva si entran en contacto con la chispa.

Riesgo moderado de terremoto

Gonzalo Fernández señala que Santa Cruz, pese a tener diversos temblores en los últimos años, no está calificado como una zona de alerta. Para el director del Observatorio San Calixto, la tierra blanda se convierte en un componente que acrecienta el riesgo.

En 2019, entregaron un mapa probabilístico de amenazas sísmicas donde se considera la zona comprendida entre Santa Cruz, Cochabamba y Sucre como un espacio de “aceleración considerable”.

Por ello, las autoridades observan que si se quiere construir alguna obra deberá considerar las recomendaciones planteadas en los estudios sismográficos.

Es recomendable que “aprendamos a actuar con calma ante un terremoto que puede ocurrir en cualquier momento”, concluye Fernández.