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Por Désther Ágreda

Han sido 15 días de dura caminata, han recorrido más de 250 kilómetros sobre asfalto caliente, piedras, tierra, y soportando un abrasador sol con la mente puesta en llegar el 24 de septiembre a Santa Cruz de la Sierra. 

La columna de marchistas está integrada por al menos 200 personas, entre hombres, mujeres, ancianos y niños, que representan una treintena de pueblos indígenas del Oriente boliviano (Amazonia) y del Chaco. Incluso, se puede resaltar la presencia de representantes de cuatro departamentos (Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija) entre los caminantes.

Los indígenas, que partieron el 25 de agosto desde Trinidad (Beni), piden a través de esta marcha la defensa de su tierra y territorio ante los avasallamientos o dotación de sus tierras a pueblos interculturales.

Rómer Piza marcha con toda su familia

Rómer Piza Mercado es dirigente de su comunidad San Miguelito, ubicada a unos 150 kilómetros de San Ignacio de Moxos (Beni). Le costó asumir la decisión de participar en la marcha porque dice que carece de recursos para mantener a su familia el tiempo que durase la protesta. Sin embargo, después de varias consideraciones junto a su esposa, Débora, determinaron integrar, como familia, la columna indígena que salió de Trinidad.

Don Rómer y Débora recorren cada día los trayectos acompañados de sus cuatro hijos menores de edad, dos en edad escolar, y el último, Favio, de tres meses de nacido. "También decidí traer a mis hijos para que desde chicos sepan que todo en la vida es sacrificio", comentó el dirigente indígena.

Mientras EL DEBER conversa con Rómer, su esposa aprovecha para pedir el apoyo de la población con pañales, gorras y chinelas para los niños. Por fortuna, la ayuda de alimentación, agua y medicamentos está llegando a los marchistas.

Los más chicos disfrutan con sus pelotas de fútbol que recibieron al llegar a Ascensión de Guarayos. Nada más asentarse en las instalaciones de la Central de Organizaciones de Pueblos Nativos Guarayos (Copnag), la fundación Pablo Guaristy y Madre Leticia Palhuber obsequió regalos a la veintena de niños que integran la marcha.

Rómer se siente esperanzador. "Ojalá que sirva y valga en algo el sacrificio que estamos haciendo por nuestros pueblos", dijo el padre de familia.

Elba tiene 82 años y está en la marcha


Elba Moye Moiga, 82 años, representa a San Lorenzo de Moxos. Foto: Désther Ágreda.


Elba Moye Moiga tiene 82 años y representa a San Lorenzo de Moxos. A diario, camina a paso firme. Una breve conversación demuestra su lucidez mental y su convicción para superar los más de 500 kilómetros que supone la marcha. 

La mujer dice que no tiene miedo de caminar largas distancias ni a enfrentarse ante un Gobierno que no respeta sus tierras.

Ella recuerda que la marcha es para exigir al Gobierno que no entregue las tierras a otros que no son del lugar. También enarbola la defensa de la cultura de los pueblos expresada mediante la música y el baile.

Doña Elba dedica sus días a cuidar a sus nietos en su San Lorenzo natal. En su comunidad mantiene un rol activo dentro del grupo de mujeres, que bailan al patrono San Lorenzo los fines de semana, pero en especial para su fiesta. Las danzas, recuerda, son una forma de reflejar la alegría de un pueblo agradecido.

La mirada se nubla al recordar a su familia. Con mucha tristeza menciona a don Jacinto Noza, su compañero de vida, quien falleció hace 4 años. Con él, formó una familia de ocho hijos, de los cuales 6 están vivos.

Elba se siente fortalecida con la marcha y revela, con mucho orgullo y alegría, que goza de buena salud, por lo que no necesita tomar ningún remedio. "No me duele nada, no estoy como otras que están como piyo tragando píldora a cada rato", indicó.

Francisco camina apoyado en un bastón




Francisco Juan Gualima Dolca, 77 años, y su nieta Andrea, 14 años. Foto: Desther Ágreda


Don Francisco Juan Gualima Dolca, de 77 años, también participa de la marcha. Él pertenece a la etnia Movima. "Decidí apoyar a estos muchachos (en referencia a los dirigentes Marcial Fabricano y Adolfo Chávez) con mi presencia porque creo que están en lo justo, y mientras se puede, se hace", dice.

Cada jornada, se aferra a su bastón de madera para estar firme en la marcha y mantener el ritmo de sus compañeros. Junto a él camina su nieta, Andrea Gualima, 14 años, que sigue el ejemplo de su abuelo.

Marchistas descansan en Ascensión

Hoy los marchistas descansan en Ascensión de Guarayos. En la columna hay gente que tiene más de 70 años de edad y que dicen sentir dolor de ver a sus culturas apagarse por la falta de planes de desarrollo para sus comunidades. Otros, las más chicos, todavía no logran comprender la magnitud del esfuerzo que los mantiene en la ruta.

Este miércoles se realizará la segunda sesión de preparación para el gran parlamento indígena que se espera instalar el 24 de septiembre en la capital cruceña.  

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