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El estudio de Seroprevalencia realizado por el Gobierno Municipal de Santa Cruz de la Sierra es una encuesta en la que el consultado no puede mentir, porque la pregunta principal (si estuvo o no contagiado por coronavirus) la responden los anticuerpos que lleva en la sangre. Así, la Alcaldía descubrió que la desigualdad de ingresos también es un factor de riesgo de contagio. Los ciudadanos sometidos al análisis que ganaban menos de Bs 6.000 por mes se infectaron dos veces más que los que ganaban entre Bs 6.000 y 10.000 por mes.

La explicación más probable se encuentra en el mismo estudio y es el mayor número de contagiados entre personas que usan el trasporte público y que asisten a los mercados entre una y tres veces por semana.

La respuesta menos obvia es la desigualdad, algo que Guillermo Dávalos, sociólogo, ha encontrado como factor que explica muchos de los problemas sociales. “Se tiende a poner énfasis en la pobreza y está muy bien, pero hay que poner más atención a la desigualdad, que hace que ambos extremos de la escala sufran de forma similar determinados problemas”, dice.

Y pone ejemplos. Dávalos estudió muchos años el fenómeno de las pandillas y descubrió que afectaba en mayor medida a jóvenes de muy bajos ingresos y los que estaban en la cima de la escala de ganancias. 

Con la inseguridad, cuando dirigió el efímero observatorio municipal, también observó que tanto en los hechos como en la sensación de inseguridad los más afectados eran los extremos del índice Gini, y la llamada clase media sufría menos.

“La desigualdad, paradójicamente, es democrática en ese sentido”, dice.

En el caso de coronavirus, Dávalos explica que los de bajos ingresos son más susceptibles a contagiarse también por el tipo de actividades que desarrollan, como el comercio, las artesanías o la albañilería, lo que provoca que estén en constante movimiento y contacto con otras personas.

Pero, y ahí actúa otra vez la paradoja de la desigualdad, el mayor número de contagios de personas de bajos ingresos no solo afecta al índice de letalidad, sino también termina afectando al sector de altos ingresos porque prolonga el brote epidémico, alargando el tiempo de contagios altos, obligando a un confinamiento más largo y afectando de mayor manera a la economía.

El duelo

Pero no solo de pan vive el hombre. Los cruceños se encuentran igual de preocupado por la salud y la economía en medio de la pandemia, pero hay otro dato silencioso, justo el último de todo el estudio, que puede generar problemas a futuro: el duelo general. 

Uno de cada cinco consultados en las tres olas de estudio de seroprevalencia dice que ha perdido a un ser querido. Esto le indica dos cosas a Dávalos, que el reporte de muertos por coronavirus está aún lejos de la realidad y que hay un impacto sicológico enorme en una sociedad que ha tenido que sobrellevar el duelo casi en solitario, que ni siquiera ha podido seguir sus ritos tradicionales, como el velorio y que ha tenido que despedirse de su ser querido casi en la clandestinidad.

“Sobreponerse al duelo debe estar afectando enormemente a la sociedad, lo veremos a lo largo del tiempo”, dice Dávalos.