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Ante una multitud que se aglomeraba en la plaza principal, el recientemente posesionado alcalde, Jhonny Fernández, saludó desde el balcón municipal. En esta ocasión, la autoridad estaba acompañado solo por los concejales de UCS.

"Se acabó el derroche", confirmó Fernández mientras la multitud exigía, a gritos, auditoría. "Pensaron que se iban a quedar toda la vida”, continuó el burgomaestre, para complementar con un enfático: "ahora les toca a ellos, tienen que rendir cuentas a Santa Cruz".

Fernández centrará la auditoría en 10 reparticiones que están señaladas por el derroche. Cuestionó la realización de obras como el BRT o la Quinta Municipal que "no benefician el pueblo" mientras faltan de recursos para la reparación de vehículos municipales como ambulancias o motoniveladoras.

Al igual que en su posesión en el Palacio de Justicia, Jhonny comprometió el pago del bono estudiantil. “Lo primero que voy a pedir (es) que el Concejo me apruebe el bono de Bs 350 para sus hijos”, afirmó el alcalde. Además, manifestó que ya se ha reunido con las autoridades de gobierno para que “compremos computadores para los niños y los profesores” y mejorar, de esta forma, las condiciones en que se desarrolla la educación.

La reactivación económica y la salud componen los otros dos ejes prioritarios en la gestión que comienza. “Mañana tenemos que ir a recorrer los hospitales” para garantizar una buena atención a los ciudadanos. Fernández  revela que la Alcaldía cuenta con 13 ambulancias de las cuales solo funcionan 6. “Esta es la Alcaldía que estoy heredando”, sentenció.

Insistió en la importancia de dejar de lado las disputas y unir los esfuerzos que "nos ayuden a salvar vidas". Convocó a los tres niveles de gobierno para "salir adelante" ante la pandemia que azota el país. "Es hora de la unidad", asegura, y centra su preocupación en la compra de vacunas y la dotación de tratamientos para los pacientes.

Jhonny Fernández asume por tercera vez la Alcaldía. Llegó por primera vez en 1995, como un joven político heredero del legado dejado por su padre Max Fernández. En 2002 dejó el sillón de la comuna a su hermano mientras se lanzaba a la carrera presidencial. Casi 20 años después, retorna a la Alcaldía con un multitudinario recibimiento.

La herencia de su padre le motivó a "pensar y trabajar por los más humildes, por la gente que hoy sufre". Por ello, confirma su voluntad de gobernar desde los barrios y visitar a los vecinos para lograr "este sueño (que todos tenemos) para que vivan mejor sus hijos".

Afirma que contará con una línea telefónica directa y gratuita que permita acceder a la Alcaldía sin burocracia. La nueva gestión será "una gestión más directa, los funcionarios que trabajan conmigo se tienen que poner las pilas".


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