Lihetzer Zenteno Cuéllar es conocida por su incansable labor en la búsqueda de una mejor atención para los pacientes con cáncer. Pero lo que pocos saben es que su gran corazón no solo se refleja en esta lucha, sino también en su vida familiar: a sus 42 años es madre de diez hijos, cuatro de vientre y seis son bendiciones que llegaron a su vida para completarla.
Se dio un espacio en su ajetreada agenda cotidiana para compartir su historia y contar cómo decidió abrir su hogar a un hermano, a la hermana de su esposo, a una chica que creció en un hogar y a un niño que venció el cáncer, a quienes ahora tiene la dicha de llamar hijos.
Desde su experiencia, asegura que la maternidad no siempre nace de la sangre; muchas veces surge del encuentro, la espera y el amor elegido.
Lihetzer fue madre muy joven. De su vientre nacieron Steven y Karol. Su primera “bendición extra” llegó a los 22 años, cuando decidió acoger a su hermano Nicky, que entonces tenía 13. “Fue una gran enseñanza para mí, porque me permitió comprender y aprender a acompañar a un adolescente”, recuerda.
Luego llegaron Bruno, Noel y Vivi, que estaban en plena adolescencia. Vivi creció en un centro de acogida y sus posibilidades no eran buenas, hasta que Lihetzer llegó a trabajar a la institución y sintió que la quería en su familia. “Fue amor a primera vista. Cuando me retiré del hogar, todo se acomodó y cuando acordamos simplemente ya estaba viviendo conmigo”, cuenta.
A partir de entonces, se dedicó a la crianza y educación de los seis chicos, combinando siempre esa responsabilidad con sus emprendimientos y su labor social, hasta que años después llegó Pathy, que transitaba de la adolescencia hacia la juventud. Su llegada representó un gran desafío, ya que tiene una condición que impulsó a Lihetzer a informarse, buscar redes de apoyo y formarse para comprenderla y acompañarla mejor.
La familia se completó con el nacimiento de Claudia y Luciana, y la llegada de José Ángel, quien tenía cáncer. El pequeño, que ahora tiene 10 años, quedó huérfano y juntos enfrentaron la dura lucha contra la enfermedad. Hace dos años tocó la campana que simboliza su victoria frente a este mal.
Lihetzer confiesa que la invitación a contar su historia la tomó por sorpresa. Dice que no cree en la vanagloria personal, porque el reconocimiento debe llegar desde otros lugares. Sin embargo, decidió hablar porque está convencida de que su experiencia puede inspirar a otros.
Reflexiona que, aunque muchos podrían pensar que ha cambiado la vida de los niños que acogió al evitar que repitan historias marcadas por la tristeza, en realidad ha sido ella quien más ha aprendido en el camino.
“Uno puede pensar que ha impactado en la vida de estos niños, que quizá así evitamos que tengan otra historia triste. Pero, en el camino, han sido ellos quienes más me han enseñado”, afirma.
Esa vocación tiene raíces en su historia familiar. Creció en un entorno donde acoger a otros era algo natural. En la casa de su abuela siempre había niños que no eran de sangre, pero que eran cuidados y amados como hijos.
Un rol que los vive con ellos
El voluntariado que desempeña para ayudar a pacientes con cáncer también involucra a sus hijos, ya que ellos la suplen en algunas tareas que no alcanza a realizar. “Son parte de todo lo que hago, porque juntos hemos impulsado muchas actividades”, dice.
Se siente orgullosa de sus hijos, quienes también apuestan por sus propios emprendimientos. Siete ya son mayores de 22 años, dos son adolescentes y el menor tiene 10.
Asegura que debe “sacarle tiempo al tiempo” para atender los programas que impulsa, ya que combina esta labor con sus emprendimientos personales.
“Dios ha sido muy bueno y las cosas se han ido dando”, comenta.
Cuenta que ha trabajado en diferentes áreas, como el apoyo a niñas víctimas de abuso sexual y la rehabilitación de personas drogodependientes. “He trabajado en muchas áreas. Cuando empecé, quería trabajar con las madres, porque pienso que cuando ellas están bien, los hijos también lo están. En Bolivia hay muchas familias disfuncionales, pero estando unidos somos una familia”, dice.