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Mientras la columna de la marcha de los pueblos indígenas del Oriente, Amazonia y Chaco boliviano se encuentra en Cotoca, a la espera de las determinaciones que vaya a asumir la cabeza de la movilización, sus integrantes, conformados en su gran mayoría por familias, se encuentran descansando o haciendo labores dentro del campamento.

Niños corriendo por entre las carpas, padres de familia recostados sobre frazadas tendidas sobre el césped o haciendo labores domésticas, como lavar ropa y preparar la merienda, son algunas de las imágenes que se ven.

Alfonsina Supepi (31), junto a su esposo Luis Bejarano (32) y su hijo Joel (8) están en la marcha. Esta familia vive en la comunidad Peñas Altas, de San Ignacio de Velasco. En esa comunidad, se dedican a la agricultura, por lo general cultivan yuca, plátano y otros productos.

Ellos se unieron a la marcha en el municipio de San Ramón hace poco más de dos semanas, motivados por los avasallamientos que vienen sufriendo en tierras bajas de la región cruceña.

"Vengo por amor a nuestra tierra y a las familias de San Ignacio que no han podido venir, porque hay personas que no pueden abandonar sus viviendas, por eso damos la cara por ellos", relató la mujer, mientras vigila a su hijo que juega con otros niños.

Agregó que, como se encuentran en el último tramo de la marcha, los víveres y el agua comienzan a escasear, por eso pide ayuda a la población cruceña para que con que sus donaciones les ayuden a completar la caminata.

La columna central partió de Trinidad (Beni) el 25 de agosto. Diversos grupos se han integrado a la marcha para reivindicar el abandono de muchos pueblos indígenas que no cuentan con el reconocimiento en la titulación de tierras.

Guarayos, ayoreos, chiquitanos y representantes de otros pueblos originarios de las tierras bajas se sumaron desde que la columna ingresó al departamento cruceño. Desde San Ignacio, medio centenar de indígenas y campesinos se acopló a la marcha a su paso por San Ramón.



Por otro lado, Berthy Luisa Poñe (45) camina acompañada de sus tres hijos: Rudy Pou Poñe (22), Lisandro (19) y Claudio (5). Esta familia, compuesta de cuatro integrantes, vive en la comunidad Montecarlo, del municipio de San Ignacio.

Los desmontes y avasallamientos que afectan a la Chiquitania los motivó a salir de su casa y unirse a la marcha. "Nosotros cuidamos nuestros bosques y tierras, pero hemos visto que ellos (los avasalladores), si bien son hermanos bolivianos, no conocen nuestra cultura y tampoco cómo mantener nuestras áreas verdes”.

Agregó que son pocas las familias de la zona que aún se dedican a la agricultura porque con el ingreso de colonos, existe un gran número de personas que se dedican a la explotación de madera.

Por eso, una de las metas que tienen como marchistas es que se frenen las resoluciones que entrega el INRA a estas personas, que se dedican a deforestar los terrenos donde ellos habitan.



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