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Poco a poco, las personas de la tercera edad se han ido incorporando al uso de la tecnología y, a su ritmo, se han convertido en usuarios activos de aplicaciones de mensajería, acceden a redes sociales, navegan por la web e incluso descargan juegos que les ayudan a estar en contacto con los suyos o a ejercitar sus habilidades cognitivas.

En los primeros años de este siglo, parecía que la tecnología no estaba pensada para las necesidades de los adultos mayores. Muchos quedaban excluidos de las redes sociales, la comunicación con sus familiares, la información de internet y los trámites online. Todo esto debido a un cambio brusco, luego de una vida acostumbrada a hacer las cosas de una sola manera, asociada más a tecnologías tradicionales, como la televisión y el teléfono analógico.

La realidad nos demuestra que son cada vez más los adultos mayores que le están perdiendo el temor a las nuevas tecnologías y se están sumando al mundo de la era digital.

Así lo han podido comprobar los docentes del Gestor Social Para el Adulto Mayor (GSAM), el programa que desde hace más de cinco años trabaja en la ciudad con personas de la tercera edad, quienes se juntan a pasar clases todos los sábados.

Estimulación cognitiva, musicoterapia, teatro, danza terapia y acompañamiento espiritual, son algunas de las materias que se avanzan y que, antes de que llegara la pandemia, se desarrollaban de manera presencial.

Era un grupo de, aproximadamente, de 50 personas, que ya se habían acostumbrado a las clases, que habían creado vínculos de amistad muy fuertes y que, de pronto, veían amenazada la continuidad de algo que se había convertido en alimento para su cuerpo y espíritu.

Hasta que uno de los profesores tomó la iniciativa de adaptar las clases a lo virtual y continuar con el programa desde casa y de manera libre. Todo esto, para mantener el contacto y no perder la costumbre de seguir compartiendo, cada uno desde su hogar, además de mantener el programa de enseñanza.

“Es sorprendente como todos se han adaptado a estas virtualidades. Las personas adultas mayores tienen y deben tener estos espacios para poder mantenerse activos, distraerse de todas cosas negativas que suceden hoy día. Te sorprendes cuando ves las ganas de seguir aprendiendo de toda esta gente. Lamentablemente, no todos se adaptan o no se pueden servir de estos espacios de aprendizaje virtual”, explica Rubén Alviri, responsable de los talleres de teatro del programa.

Capacitada

Sofía Vázquez fue una de las que se adaptó. A sus 80 años maneja con facilidad las redes sociales en su celular y, desde su laptop, el programa de videollamadas y reuniones virtuales Zoom.

Es una de las más entusiasmadas con la continuidad de las clases y con los beneficios que les da la tecnología de mantener la estrecha relación de amistad que se generó entre el grupo.

Las clases de los sábados, generalmente, duran una hora. Son de 12:00 a 1:00. Pero desde hace varias semanas, los alumnos se vienen conectando desde más temprano para ‘ponerse al día’, intercambiar sus anécdotas de la semana y aprovechar los minutos, antes de que empiecen las clases.

Con esa misma intención decidieron armar otro junte virtual denominado El cafecito de la tarde, que se efectúa todos los lunes, que es más recreativo y aprovechan para compartir alegrías y penas.

“Todo viene siendo parte de un aprendizaje total. Muchos de nosotros, inicialmente, hemos acudido a tutoriales, otros se hacían ayudar con los nietos y los hijos a manejar la computadora. A mí, todavía, me ayuda mi hija, dice Sofía, con cierta modestia, porque, según su hija, María Laura, su madre es tan habilidosa con la máquina, que ya no precisa de mayor asesoramiento.

“Las experiencias que tienen son esenciales para generar una independencia de ellos mismos como personas mayores. Para muchos del grupo no ha sido fácil entender la tecnología, pero la motivación ha sido más fuerte y las ganas de seguir adelante. Incluso participan algunos que han pasado el dolor de perder a algún familiar debido al virus. Estos espacios los fortalecen”, asegura María Zoraida Espinoza, coordinadora de las clases virtuales.

Sofía coincide con ella. Considera que la experiencia los hace sentirse útiles, además de ser una herramienta que ayuda a mantener la mente ocupada en cosas positivas. “A nuestra edad podemos aprender y aportar, ya sea desde nuestra casa o en el barrio, además de apoyar a gente que lo necesita. Prueba de ello es que hemos participado en diversos proyectos solidarios”, añade Sofía.

Retos

Ha sido testigo del salto de la tecnología en su vida. Manuel Arana es un economista que ha transitado por la empresa privada, la administración pública y la docencia. A sus 78 años, siente que tiene mucho más por hacer. Actualmente cumple con una de sus asignaturas que quedaban pendiente: ser un experto en impartir clases virtuales.

Aunque Manuel está familiarizado desde hace años con la computadora, fue más una herramienta secundaria en su labor como docente.

Ha impartido clases en varias universidades del país, echando mano de los recursos tradicionales con los que contaba.

Hoy conoce todo lo relacionado con el manejo del equipo. Aprendió sobre programas y se actualizó con los que eran más útiles en su campo de trabajo.

Antes de la cuarentena, tenía conocimiento de los programas y plataformas virtuales de enseñanza, como también de las aplicaciones para videoconferencia, que ya eran utilizadas en el nivel universitario por muchos docentes.

Sin embargo, no fue sino hasta este año, en el que las clases presenciales se vieron obligadas a ser suspendidas, que lo puso en práctica. “En mis buenas épocas, en la Universidad Católica, daba clases de Estadística y Economía, sin ayuda de herramientas tecnológicas. Luego empecé a usar una computadora personal y terminaba llevando mi pequeña laptop al aula. Hoy ando permanentemente conectado”.

Manuel celebra que los estudiantes, actualmente, cuenten con todas las posibilidades que brinda internet y su amplia gama de recursos para el aprendizaje, pero también advierte que las mismas se pueden convertir en un arma de doble filo cuando no hay un equilibro en el uso que se les da.

“El celular es una herramienta muy importante, pero se debe normar su uso en el aula, porque tampoco es sacarlo para todo. Hoy graban la clase, sacan fotos, todo eso distrae. La tecnología debe estar a la altura de la realidad, los estudiantes deben sacar el mejor provecho, pero mejor si es con la guía del profesor. Porque, finalmente, el aprendizaje es lo que cuenta”, asegura Arana.

Apoyo

Universidad Intergeneracional es un programa de la Utepsa que forma parte del departamento de Responsabilidad Social y está dirigido a los adultos mayores atraídos por la tecnología.

Personas de la tercera edad asisten a capacitaciones gratuitas que en cuatro meses los preparan para manejar una computadora, como también redes sociales y aplicaciones. “Queremos reducir la brecha que separa al adulto mayor de la juventud, de los hijos y nietos que actualmente cuentan con aparatos tecnológicos que hacen que día a día estemos mayor y mejor comunicados”, explica Lorena Zambrana, jefa del área.

Cada semestre se gradúan unas 50 personas. Hasta el momento llevan 12 graduaciones.

Una de las graduadas es Susana Banegas, de 57 años, que se considera una mujer actualizada en el manejo de la computadora. “Vivía en el campo, tenía una lechería. Un sobrino nos instaló un programa para medir la producción, pero era muy básico. Cuando me vine a la ciudad, empecé a trabajar en las Aldeas SOS y ahí tenía que elaborar planillas y realizar tareas que precisaban un mayor conocimiento de computación”, explica Banegas. Así fue como ingresó al programa de la Utepsa y se familiarizó con el uso de nuevas herramientas de comunicación .

Hoy agradece a los facilitadores guías que le ayudaron a adquirir nuevos conocimientos. “Mis hijas me decían que yo estaba pateada por la tecnología, ahora ven cómo puedo hacerlo todo yo sola. Ha sido un gran avance”, complementa.

1. Formada. “Mis hijas me decían que yo estaba pateada por la tecnología, ahora ven cómo puedo hacerlo todo yo sola. Ha sido un gran avance”, asegura Susana Banegas, de 57 años.

2. Firme. A sus 87 años, Manuel Arano desarrolla sus conocimientos sobre economía y estadística a la par que se instruye en el manejo de programas informáticos y en redes sociales.