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El Banco Regional de Sangre empezó este el lunes el proceso de selección de posibles donantes voluntarios de plasma hiperinmune convaleciente para ser usado como terapia en  pacientes del nuevo coronavirus. Así lo confirmó el director del centro, Yitzhak Leigue, al indicar que para ello se están siguiendo los protocolos aprobados por el Ministerio de Salud, adaptados a Santa Cruz.

El plasma sanguíneo es el suero o porción líquida que queda después de que se hayan removido los glóbulos rojos, las plaquetas y otros componentes celulares de la sangre. Su uso, como medida terapéutica, fue validado en el país, a través de la ‘Guía para el manejo de Covid-19’, elaborado por el Ministerio de Salud y el Comité Científico Asesor.

El titular del Banco de Sangre indicó que el procedimiento se realiza mediante dos formas; la primera, a través de la técnica de aféresis, en que se conecta un equipo al donante, el cual filtra los componentes de la sangre, seleccionando el plasma (que es lo que necesita para la terapia), mientras que el resto de los componentes son devueltos al torrente sanguíneo. Para esta técnica el Banco de Sangre dispone de dos equipos. La otra forma es la donación convencional.

Como primer paso para este procedimiento el Banco Regional de Sangre ha empezado el proceso de selección de las personas que ya vencieron el coronavirus a fin de tomar contacto con ellas para ver si aceptan convertirse en donantes voluntarios. “Además de ser donantes voluntarios es importante que cumplan con los requisitos, entre ellos que sean varones, tenga un peso mayor a 50 kilogramos y que ya no estén enfermos, lo que lo vamos a comprobar con dos pruebas a coronavirus, que sean tomadas 14 días después de haberse curado”, precisó Leigue.

Leigue aseguró que ya se tomó contacto con algunos de ellos y si aceptan ser donantes, personal del Banco de Sangre los visitará en el transcurso de la semana a fin de explicarles el procedimiento y hacerles las pruebas previas necesarias.

El uso del plasma sanguíneo no es nuevo en el país, ya se utilizó en los años 60 para tratar la fiebre hemorrágica de San Joaquín. Otros países también lo han utilizado anteriormente, entre ellos Argentina, contra el arenavirus.  En los últimos meses comenzó a utilizarse en China, Italia y otros países en el tratamiento del coronavirus.