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A sus 29 años, Yalena Murillo esperaba con ansias el nacimiento de su hijo, pero la pandemia del coronavirus la encontró en pleno ejercicio de su profesión y los médicos tuvieron que adelantar su embarazo, naciendo su hijo luego de una cesárea.

Ella es doctora y a sus 26 semanas de gestación la hospitalizaron por covid-19, estuvo una noche internada y los médicos le informaron que era necesario adelantar el nacimiento de su hijo para tratarla con medicamentos más fuertes para frenar el virus.

Su pequeño nació con un kilo de peso. “Mi hijo Nicolás no tenía covid-19 ni nada, pero era extremadamente prematuro. No estaban totalmente formados sus órganos. Los médicos dicen que estaba respirando y lloró al nacer. Le pusieron oxígeno por si presentaba alguna falla respiratoria, pero como sus órganos no estaban formados le vino un paro cardiaco”, comenta Murillo en medio de un suspiro por recordar la situación que atravesó.

Mientras su hijo estaba en la incubadora ella enfrentaba otra batalla. Estaba internada en la sala de terapia a causa de los daños que le causó el coronavirus en su cuerpo.

“Los médicos necesitaban que el bebé nazca para que me puedan medicar para salvarme y no afectar al bebé con los medicamentos que son mucho más fuertes. Era una opción para tratar de salvarnos a los dos”, explica.

Ella no tiene ninguna enfermedad de base, pero jamás pensó enfrentar tantas complicaciones en su primera gestación, pero el coronavirus provocó que esté intubada alrededor de seis días.

“Los médicos me dijeron que el bebé estaba sanito, pero por precaución como era tan pequeño lo pusieron en la incubadora”, recuerda la joven profesional que decide contar su historia para generar conciencia en la población para que evite exponerse innecesariamente, pues nadie está a salvo de enfermar ni de pasar por situaciones extremas.

Este mes, los médicos alertaron que en esta tercera ola de coronavirus hay casos de embarazadas que se complican y llegan a terapia, por lo que deben realizar las cesáreas para salvarles la vida.

Yalena pasó por esta situación, pese a haber asumido todos los cuidados necesarios para evitar el contagio. Su condición de médica la mantuvo en primera línea. “Yo estaba trabajando hasta los siete meses de gestación. Uno no puede salirse y dejarlo todo”, justifica.

Lazo madre-hijo

Cuando nació Nicolás, ella no lo pudo conocer porque estaba inconsciente y a las pocas horas la intubaron. Yalena despertó al día siete, pasó similar periodo en terapia intermedia y como no podía visitarlo porque aún era positivo a covid-19, su único contacto con su bebé era por videollamadas.

En el día 14, cuando fue dada de alta y cumpliendo con las medidas de seguridad recomendadas por los médicos la dejaron ingresar al área de neonatología para conocer a su hijo, pero desafortunadamente horas después el bebé falleció.

“Cuando di positivo a coronavirus yo no quería ir a internarme porque soy doctora y ya me imaginaba lo que podía pasar, pero ya no aguanté, no podía respirar y mi saturación estaba muy baja”, explica la mujer.

Embarazadas en terapia

El coordinador de los domos del hospital Japonés, Richy Anderson Hurtado, indicó que solo el último mes ingresaron a terapia seis embarazadas con Covid-19, algunas aún siguen internadas.

Esta situación alertó a las autoridades, pues no se reportaron estos casos en las anteriores olas de la pandemia del coronavirus.

La directora del nosocomio, Neisy Surriabre, remarcó que es necesario reforzar las medidas de bioseguridad en este grupo pues las pacientes corren el riesgo de complicarse. Agregó que es necesario evitar los ‘baby shower’ u otras reuniones donde no se asegura el uso del barbijo y el distanciamiento social, pues el país se encuentra en un proceso de ascenso de casos que se refleja también en la presión en los servicios de terapia intensiva.

En el domo de la Caja Nacional de Salud (CNS) la situación es distinta, donde cinco mujeres fueron sometidas a este procedimiento y todas ya fueron dadas de alta.

El coordinador del domo, Mauricio Martínez, cuenta que estas pacientes permanecen internadas por un promedio de 20 días.

Agregó que adelantar el embarazo es necesario porque si no la madre puede morir porque no se le puede suministrar las medicinas necesarias porque hay riesgo de que el bebé muera.

Todas llegaron a los servicios de salud con más de 20 semanas de gestación. Luego de acelerarles el parto, los niños pasaron a neonatología, pero debido a que no se completó la etapa de gestación los recién nacidos tiene una alta tasa de mortalidad, explican los profesionales.

Por último, el jefe del servicio de terapia intensiva de covid del hospital San Juan de Dios, Andrés Martínez, explicó que hasta la fecha no recibieron ninguna embarazada con covid-19.

Detalló que en el hospital no tienen el servicio de maternidad incorporada a la atención covid, como es el caso del Japonés.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la letalidad de las embarazadas era de 1,59% y ahora subió a 1,76 hasta abril de este año.

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