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Un paro cardíaco lo mató. Estaba en su cama, con la única compañía de su mascota, la perrita Sheika. El profesor José Luis Suárez murió el sábado y hoy, en un acto simbólico, fue despedido en la puerta del que fue su templo, el complejo deportivo Gilberto Menacho, donde era entrenador de voleibol y parte de la Asociación Cruceña de este deporte. La ceremonia en su honor se realizó sobre la calle Ingavi, que fue cerrada al tráfico ante la multitud de deportistas y amigos que acudieron a rememorar su vida y obras.

El profesor tuvo este homenaje simbólico y también una sencilla despedida de sus familiares, en torno a la urna con sus cenizas. En esa ceremonia de despedida estaba Sheika, la perrita de cuatro años, que el profesor José Luis Suárez adoptó y crio con mucho amor desde que ella tenía 45 días de nacida. Se ubicó debajo de la mesa donde estaba asentada la urna que contenía las cenizas de su amo, porque ambos eran compañeros de vida.

José Luis vivió con su hermana hasta el año pasado, pero ella decidió retornar a su natal Santa Ana de Yacuma por la pandemia, por lo que la atención y el cariño del profesor se volcó a sus deportistas y a su pequeña mascota. Él se sintió mal desde hace diez días y dio positivo a la prueba del coronavirus. En ese trance, la compañera fue Sheika.

El cuerpo de José Luis fue cremado el mismo sábado y su familia al volver a casa (barrio Copacabana, zona de la avenida Tres Pasos al Frente) vio a Sheika sin la alegría de otros días cuando se abalanzaba para recibirlos. Al notarla depresiva, la familia decidió que la leal mascota se irá a vivir a Santa Ana de Yacuma, junto con las cenizas de su amo.






Un entrenador con vocación

José Luis iba cumplir 38 años el próximo 25 de julio, un día después de la fiesta cívica de su natal Santa Ana de Yacuma, que dejó tras salir bachiller para estudiar en Santa Cruz la carrera de ingeniería industrial y de paso seguir con una de sus pasiones, el voleibol.

En dos décadas que radicó en la capital cruceña, este gran deportista ‘movima’ logró algo impensado quizás por un coterráneo suyo. No fue fácil, pero con talento, vocación y sacrificio fue quemando etapas, que lo erigieron en uno de los entrenadores más exitosos de la Asociación Cruceña de Voleibol.

Según Luis Ascarrunz, su mejor amigo y coterráneo, Suárez aportó gracias a su etapa de formador, más de una decena de jugadores a la selección boliviana y consiguió medio centenar de títulos a nivel de clubes, con Utepsa y con todas las categorías de selecciones cruceñas que dirigió desde el 2004, que fue cuando se inició como entrenador.

“Era un entrenador muy querido y respetado por sus jugadores pese a que siempre aplicó una dura disciplina en sus equipos. Fuera de la cancha se caracterizaba por ser muy amigable y conversador. Siempre estuvo actualizado no solo para hablar de voleibol, sino de todos los temas. Amaba el cine, por lo tanto se conocía a todos los actores”, contó Ascarrunz quien fue el que encontró el sábado el cuerpo sin vida de su DT, al que visitaba diariamente especialmente desde que supo que se había contagiado de coronavirus.



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