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Roberto Navia / Alicia Bress

El cansancio y la alegría pueden caber en un mismo rostro, en los rostros de las personas que cargan la cruz del paro cívico que ya ha entrado en el sexto día.

“Este es un esfuerzo enorme, pero un esfuer­zo que vale la pena por el bien de la democracia y la libertad”, dice una mujer que ha hecho de una rotonda su segundo hogar, o quizá el primero, durante estos días de protesta ciudadana. “No nos van a cansar, aunque pasen los días”, afirma un hom­bre en el segundo anillo y avenida Beni. 

“Nos nos van a rendir, aun­que pasen las semanas”, dice un joven que bloquea a la entrada del puente del Urubó. 

“No nos van a doblegar, aunque pasen los me­ses”, aseguran en la avenida G-77 las personas que hacen cumplir el paro, mientras hay gente que empujan maletas para hacer tras­bordo de vehículo, para llegar al aeropuerto internacional y para no perder el vuelo hay quienes se van incluso un día antes. 

María del Rosario Montaño se acerca a los pocos conductores que circulan por la ciudad y tam­bién les habla a los que custodian los bloqueos y a los peatones. Ella lleva la palabra de Dios. 

Pide a la gente que aprendamos a confiar en  la fe en Dios.

“No es con el Ejér­cito ni con armas, sino con la fuer­za del Espíritu Santo que llegare­mos a la meta”, dice, emocionada.

Al otro lado del puente del Uru­bó, los vecinos están unidos en de­fensa por la democracia. 

“En este punto el paro está siendo muy bien acatado. Somos conscientes de que es una nece­sidad apoyar al Comité. Se da el paso a los vehículos en todas las circunstancias necesarias, dice Harold Hidalgo Mollano, que po­ne énfasis en que todos los vecinos de la zona salen a pie a hacer las compras porque existe mucha conciencia. Se toman en cuenta las necesi­dades de las personas. “Pasaron cinco entierros”, cita como ejem­plo Denis Iturri, que también explica que están apoyando a las comunidades y a todos los vecinos que tienen la necesidad de salir a abastecerse a la ciudad, así como también, indicó, las personas que tienen que ir al aeropuerto no tie­nen problemas para circular. Camina el hombre y camina la mujer. 

Caminan con una bolsa y caminan con un bebé. Caminan los que vienen y lo hacen también los que van. Caminan lo que tie­nen hambre y los que compartie­ron un pan, los que apoyan a la de­mocracia y los que dicen que van luchando desde que tenían diez. Varios letreros que han escrito en los puntos de bloqueo invitan a la gente a que camine y a que utili­ce los vehículos motorizados solo en casos extremos y muy urgentes.

HISTORIAS DE A PIE

CAMINAR PARA CUMPLIR
Martha Justiniano caminó desde la 5:00 desde la zona de San Aurelio para llegar hasta el sexto anillo de la avenida Virgen de Cotoca. 

Lo hizo porque tuvo un motivo que ella considera importante: pagar su cuota mensual de una deuda que tiene con una cooperativa.

Después de haber pagado, se sentó tranquila bajo la sombra de un árbol para disfrutar de un vaso de refresco. Como ella, muchas personas salen tempra­no de casa empujadas por una necesidad, sabiendo que es me­jor caminar temprano antes de que el sol alumbre con fuerza.