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En su debut como payasito, en un circo, allá por la década de los '80, Marco Antonio Tórrez presentó la rutina del  ‘telescopio’, que consistía en que su compañero  preguntaba si quería ver las estrellas, lo hacía mirar por un telescopio y luego lo golpeaba en la cabeza con un garrote. “Vi estrellas de verdad, porque mi compañero tenía que pegarme con el lado blando del garrote, pero lo tomó al revés y me dio con el extremo duro; me hicieron 12 puntos en la cabeza”, relata Marco, que desde entonces fue bautizado con el nombre artístico de ‘Estrella’.

Ahora, debido al coronavirus, Estrella ha dejado 'en pausa' las risas que provocaba en su público para dedicarse, únicamente, a transportar a su esposa y otros enfermos renales hasta Davosan, al lado del hospital San Juan de Dios, para que realicen sus tratamientos de hemodiálisis.

Además de estar sin trabajo, vive el drama de la enfermedad de su compañera de vida y la falta de recursos para comprar medicamentos y víveres. También, al ser amigo de otros 10 pacientes a los que transporta en su moto, Estrella comparte el drama de ellos y, pese a eso, conserva el buen humor innato en él, lo que provoca algunos momentos de alegría y esperanza. “Desde que empezó la cuarentena han fallecido tres personas de las que yo transportaba a hacer su diálisis”, comenta.


Estrella Clown, es el nombre con el que ameniza las fiestas infantiles (FUAD LANDÍVAR)

Cuando tenía 13 años, Marco Antonio Tórrez quedó encandilado al presenciar los espectáculos circenses en el barrio Villa Pillín, que entonces (allá por la década de los ’80) era un suburbio. Una noche, terminada una función, se presentó ante el dueño del circo, pidió trabajo y se lo dieron, pero no en el escenario, sino como empleado para cargar cosas, limpiar, montar y desmontar la carpa y todo lo que hiciera falta antes de convertirse en un 'showman'. Luego de 35 años trabajando en circos y amenizando fiestas infantiles, el payasito Estrella está sin trabajo por culpa de un virus que tiene a toda la gente encerrada en sus casas; y es más, las fiestas infantiles, que son su pasión y su medio de vida, se realizan entre cuatro paredes, sin invitados y sin show. Sin payasitos.

¿Y qué hace para vivir? Apela a la solidaridad de la gente y de las instituciones para recibir víveres, pero no solo para él sino para las personas enfermas que dializan, que al igual que él, son de escasos recursos. Su trabajo transportando pacientes en su moto es voluntario porque comprende que muchos no tienen ni para remedios ni para comer. A veces, alguno colaboran para que compre  gasolina o le invita algo y eso, es mucho, considerando que viene de personas que están muy necesitadas.

Sin embargo, lamenta que deba tropezar con muchos inconvenientes, principalmente con algunos policías, al transportar a los enfermos. “Hay algunos policías que no saben qué es diálisis, no entienden que si la persona que llevo no llega en su horario, no la dializan y puede morir”, se queja, puesto que muchas veces lo retrasan, pese a que tiene permiso de circulación y todo en regla para poder cumplir su labor de voluntariado. “Los que más me hacen problema son los policías de El Arenal, por favor, ponga eso, no entienden que es algo de vida o muerte y lo único que les interesa es sacar plata”, protesta.




Tres de las personas que alguna vez transportó, han fallecido durante la cuarentena (FUAD LANDÍVAR)

Su preocupación radica en que un atraso puede hacer perder su espacio al paciente en el hospital y dejar de recibir la diálisis hasta días después, en que puede que ya no esté con vida.

Además de eso, el hombre que eligió hacer reír a la gente como su forma de vida, también tiene que ‘estrellarse’ con trabajadores de algunos hospitales. Dice que sufre cuando lleva de emergencia a un paciente y no recibe atención médica porque piden la presencia de un familiar en momentos en que la población tiene restricciones para circular, o cuando tiene que peregrinar de un hospital de primer nivel a uno de segundo y luego recién es derivado a uno de tercer nivel… “Estos pacientes deberían tener atención prioritaria”, comenta.

Y así lleva casi dos meses, entre el sacrificio de madrugar para recoger hasta a tres pacientes que tienen diálisis a la misma hora, esperar que les hagan el tratamiento, volver a llevarlos a sus casas, llevar a su esposa, recogerla y en ocasiones, cuando le da el tiempo, seguir ayudando a quien lo necesita. “Uno de estos días pasaba por el mercado Mutualista y vi a un viejito caminando con sus compras; me ofrecí a llevarlo a su casa porque estaba muy cargado, y me dijo que estaba yendo a la farmacia, así que lo llevé, con tan mala suerte que un patrullero me paró y me tuvo retenido, demorándome para ir a recoger al paciente que debía llevar a su diálisis”, comenta.




Su moto precisa llantas y amortiguadores (FUAD LANDÍVAR)

En su moto destartalada

Al principio, cuando su mujer enfermó, hace dos años y medio, la transportaba a su tratamiento en una pequeña moto ‘de mujer’, pero luego compró una marca Pegasus de industria china. “Si esta moto hablara…”, dice. Asegura que las abolladuras que tiene su vehículo de dos ruedas no son choques, sino los palazos que le daban durante los 21 días de paro cívico en que también sufría para llevar a su esposa y los otros pacientes a dializar.

“La llanta delantera está hecha bolsa y los amortiguadores reventados… a ver hasta cuándo da para seguir llevando a la gente”, dice.




Marco, con la indumentaria que da vida a Estrella (FUAD LANDÍVAR)

Heredó su pasión a sus hijos

Dos de sus hijos están en su misma situación, sin poder ejercer su actividad de payasitos en fiestas infantiles. De los otros, una es animadora de fiestas infantiles y las otras se dedican a elaborar y confeccionar implementos para fiestas. Solo una no se dedica a algo relacionado con su actividad.

Estrella, que trabajó en varios circos e incluso pasó una temporada en una carpa en Perú, señala que cuando sus hijos decidieron seguir su pasión, él montó su propio circo, ‘Hermanos Toni’, pero que desde el año pasado, antes del paro cívico, está ‘archivado’ y por lo que se pinta a corto y mediano plazo, seguirá así. “Mis parlantes se están llenando de polillas y  he tenido que vender muchas de mis cosas del circo para poder subsistir”, lamenta.

Pero Estrella no se desanima, y aunque ha dejado las risas ‘en cuarentena’, lo que más le interesa ahora es seguir llevando a ‘sus pacientes’ en su Pegasus a tiempo para que sigan viviendo, aunque tenga que pelear con los que no entienden su situación en los controles en la calle y quienes no priorizan su atención en algunos hospitales.

Para cualquier colaboración, desde víveres y otras donaciones, hasta repuestos para motocicletas, se pueden contactar al 755-39447 o al número de Davosan 336-9174.




Calzándose los zapatos de Clown, Toni o Payaso. (FUAD LANDÍVAR)