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La llegada del Covid-19 al país y a la vida de cada boliviano puso de cabeza los hogares, y también las empresas. A algunas les tocó cerrar puertas por el tiempo que dure la cuarentena, otras, las relacionadas con los artículos de primera necesidad, siguen en la calle. Adecuaron sus rutinas y presupuestos para evitar que los empleados se contagien.

Supermercados, industrias alimenticias, servicios de delivery, embotelladoras, bancos y farmacias están trabajando, pero se vieron obligadas a implementar medidas de bioprotección.

Embol instaló varios puntos de lavado y desinfección frecuente de manos dentro de las plantas y de las oficinas. Asimismo, exige la utilización constante de alcohol en gel en puntos estratégicos, considerados de alto tráfico. Otra de sus apuestas es la reducción al mínimo del contacto físico entre el personal, y la vigilancia permanente para evitar que los funcionarios se toquen el rostro, con la dotación de guantes de látex, gafas, barbijos y otros implementos de seguridad industrial.

Desde el Grupo Venado aseguran que tienen activados de manera estricta los protocolos de higiene en oficinas, centros productivos, de distribución y agencias a escala nacional. También sostienen que hay una capacitación y control continuo a todo el personal sobre las mejores prácticas preventivas, siguiendo lineamientos de la Organización Mundial de la Salud, realizando el seguimiento de las BPM (Buenas Prácticas de Higiene y Manufactura) durante la producción y manipulación de los alimentos.

Dotaron al personal de equipos e insumos de seguridad, como barbijos, gafas, guantes, alcohol en gel, en spray y jabón líquido.

La empresa también ha elaborado protocolos escritos de bioseguridad para todas las áreas: distribución, logística, transporte de personal y producción.

Como muchas otras empresas de diversos sectores, puso cámaras de desinfección en el ingreso a todas las instalaciones, almacenes y plantas. El personal ejecutivo ordenó las rondas a cargo del personal de salud para verificar el uso estricto del material entregado. Y los camiones de distribución, además de la dotación antes mencionada, tienen bidones de agua y jabón líquido para el lavado constante de manos.

El distanciamiento físico es requerido tanto en planta como en los buses destinados al transporte de personal. Y, por último, los jefes de cada área tratan de mantener una comunicación fluida para monitorear las condiciones del personal y el cumplimiento estricto de las normas.

Los empleados de Venado han sentido el importante cambio en su rutina, desde los nuevos horarios permitidos para la distribución y venta de productos, hasta la adaptación en los turnos de producción por las restricciones del personal. También entraron en la era del teletrabajo, desde las áreas no asociadas con producción y distribución, y habilitaron la toma de pedidos a través de su línea gratuita.

En el caso de Avícola Sofía, implementaron medidas como el uso del alcohol en gel, el lavado constante de manos y el distanciamiento social de un metro como mínimo entre los trabajadores en planta y en los buses.Estos vehículos son sometidos a procesos de desinfección antes y después de cada recorrido. Pero, además, Sofía habilitó un plantel médico preparado para afrontar el virus, que está en constante capacitación con las medidas que dicta la OMS.

“Instruimos también a todos los funcionarios que si se encuentran con fiebre o tos deben contactar directamente al médico de planta y quedarse en casa”, informaron a través de un comunicado oficial.

A medida que ha ido evolucionando la información sobre el Covid-19, Sofía fue incorporando más medidas de bioseguridad de forma paulatina, como los puntos de desinfección, de control de temperatura y cámaras de desinfección con cortinas en todos los centros de producción y oficinas del eje troncal.

EL DEBER intentó obtener la información oficial de algunas entidades financieras sobre los protocolos de bioprotección, pero no obtuvo respuesta. Sin embargo, se comunicó con una de las cajeras del Banco Unión que prefirió no dar su nombre.

Según ella, la entidad bancaria mantiene protocolos de seguridad que han ido mejorando con el tiempo. Al principio solo les dieron barbijos y alcohol en gel, y en el ingreso se ponía lavandina para desinfección de los pies. Más adelante, los cuidados se acentuaron, se fumigaba a las personas que entraban, les colocaban alcohol en gel en las manos y los obligaban a respetar el distanciamiento social y el uso del barbijo, que al principio fue difícil, pero luego llegaron los policías y los militares para ayudar.

En cuanto al personal, afirma que al comienzo solo les daban barbijo, pero luego llegó el alcohol en gel. La ventaja que tienen, asegura, aunque no todas las sucursales, es el vidrio que separa a los cajeros de los clientes, que además deben respetar una línea de separación de un metro.

Ella dice que últimamente, una vez finalizada la jornada, debido al contacto con tantas personas, los empleados son desinfectados por fumigación antes de partir a sus hogares y que todos los ambientes de la entidad bancaria también son fumigados cuando el sitio queda vacío.

Agrega que los funcionarios pidieron guantes y gafas que no llegaron, pero la entidad les difundió una comunicación interna en la que aclaraba que no era necesario el uso de los guantes, con la recomendación del uso de alcohol en gel tras cada transacción y el lavado de manos cada media hora. “También nos dotaron con desinfectantes en spray para que fumiguemos el teclado, el mouse”, dice. Los barbijos desechables se acabaron y les dieron otros que no agradan al personal, así que cada uno prefiere comprarse, para subir al transporte, porque se les exige su uso.

La rutina de los empleados bancarios ha cambiado, los que tienen vehículo llegan por sus propios medios, como siempre, mostrando el credencial, y quienes antes se movían por transporte público ahora son recogidos, a veces a las cinco de la mañana los que viven más lejos, por micros contratados para ese fin, que no llevan a más de cinco personas.

A pesar de que hubo un par de casos de personal de provincias contagiado, la funcionaria indica que últimamente le perdió el miedo al Covid-19, pero confiesa que los primeros días de mes la estresan, cuando los bancos se saturan por los pagos de bonos. “Tenemos jubilados, rentistas, mucha gente de la tercera edad”, dice, y lamenta que las mujeres que no tienen con quién dejar a sus hijos, al entrar al banco con bebés, se protegen ellas con barbijos pero olvidan cuidar a sus hijos, que quedan con el rostro descubierto.

Los cajeros tienen que trabajar todos los días, igual que tesoreros y jefes operativos, mientras que los oficiales de crédito van día por medio; los ejecutivos de cuentas trabajan desde casa. La cajera entrevistada valora que las embarazadas, gente de la tercera edad, con hijos pequeños y con enfermedades de base hubiera sido liberada de la arriesgada rutina.

En cuanto a los delivery, uno de los repartidores, Óscar Mario, dice que tienen el menor contacto entre ellos y con los clientes. En sus puntos de concentración están los vehículos juntos, pero no las personas, como parte del distanciamiento social. “Estamos con alcohol en gel, barbijos y antes y después de manipular dinero nos desinfectamos”, asegura.

La rutina de PedidosYa se vio modificada porque no todos los conductores tienen permiso de circulación. La empresa habilitó el servicio de courier, incentiva el pago con tarjeta para evitar lo máximo posible el efectivo y también amplió su llegada a Tarija.

Wálter Parada, supervisor de caja del supermercado Fidalga de la Blacutt, dice que, entre otros cuidados, se monitorea la temperatura corporal de los clientes, se los desinfecta y se aplica la distancia de un metro entre personas y con los alimentos (verduras y carnes) y no se permite la entrada de personas juntas. En cuanto al personal, todos están protegidos de pies a cabeza con ropa especial, gorros, barbijos, gafas, y dice que se fumiga antes y después de cada jornada. Con respecto a la rutina, Fidalga implementó el servicio de delivery por la cuarentena.

Esta semana, Farmacia Chávez empezó a poner vidrios separadores en sus agencias para proteger la vida de sus funcionarios, explicó el gerente general, Leonardo Salvatierra. Dice que las medidas de bioprotección se han ido dando gradualmente, con la asesoría de un director interno que vivió el drama del virus en Ecuador, y siguiendo modelos ejemplares de toda la región dentro de su sector.

Además de las medidas casi obvias de desinfección de clientes y personal, del uso de barbijo, alcohol en gel, lavandina y distanciamiento social, la cadena lleva un censo de las personas, evaluando información sobre el entorno de los empleados y estado de salud. “De ese modo, si se diera un caso, así podríamos resguardar y aislar lo más rápido posible a la persona”, dice. Para disminuir la posibilidad de contagio, se rota turneros semanales que usan el mismo transporte y comparten los mismos espacios.

En cumplimiento a la normativa, mandaron a casa a los funcionarios que son grupo de riesgo y que constituyen el 35% de su equipo.

Como parte de una rutina modificada, triplicaron el personal de delivery, incluso los que tenían otras funciones dentro de la empresa, para ganar dinero extra, se unieron al equipo de repartidores.

Salvatierra reconoce que la bioprotección ha incrementado de forma significativa el presupuesto.

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Adaptarse

Empresas como Sofía, Grupo Venado y Fidalga implementaron líneas de pedidos a domicilio y el servicio de delivery sin intermediarios. PedidosYa amplió su oferta a courier.

Sin toda la capacidad

En el caso de Farmacia Chávez, si bien aumentó la venta de barbijos y alcohol en gel, disminuyó la compra de medicamentos habituales de las consultas, etc. Lo que se mantiene es el consumo por enfermedades crónicas.

Siguen las inversiones

Aunque ha implementado una serie de medidas, Farmacia Chávez seguirá invirtiendo. Está poniendo vidrios separadores y comprando pistolas para medir la temperatura a los clientes. El presupuesto para esto es significativo.