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La vida continúa y se adapta a las restricciones que imponen las normas de bioseguridad. El sacramento de la primera comunión, uno de los ritos de iniciación a la fe católica, también se ha visto alterado por la pandemia.

El lente de Ricardo Montero refleja la celebración de fe y esperanza que se vive en la parroquia Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, en el barrio Jardín Latino de la capital cruceña. 12 niños reciben el sacramento de la primera comunión ataviados con barbijo y cuidando el distanciamiento físico.

En una ceremonia en la cual predominó el blanco y con un reducido aforo en la capilla, el padre Celestín ofició el sacramento. Tras meses de preparación, al final, los niños pudieron celebrar con sus familiares la primera comunión.

La normativa municipal reduce el aforo de los lugares cerrados. Pocos familiares se hacen presentes en la ceremonia para acompañar a los menores. 

La prédica, en un día tan marcado como la primera comunión, se trasforma en una catequesis para los niños. La alegría que trasmite el padre Celestín se convierte en esperanza y energía para los catecúmenos.

Rosarios, trenzas...y barbijos. Las túnicas blancas que caracterizan esta celebración se complementan con el uso obligatorio del barbijo. 

La acción de paz obliga a cambiar los abrazos por puños. Aún así, el sentimiento sigue siendo el mismo, la hermandad en una comunidad de fe. 


La pauta del distanciamiento social impide la asistencia masiva al templo. Bancos distanciados y gente fuera de la iglesia forman parte del paisaje. 

El momento de la comunión, la primera para los 12 niños, se adapta a las normativas. El padre entrega la comunión en la mano. La niña, sin barbijo para este momento, aguarda paciente su turno de acuerdo a los protocolos. El sentimiento de amor y fe sigue intacto en el sacramento. 

Los fieles también participan de la comunión. Esta vez, mantienen el barbijo puesto hasta recibir la comunión. Luego, volverán a su lugar respetando la distancia y el silencio que invita a la reflexión y oración. 

Acabada la ceremonia, las familias se retiran del templo. Por ahora, las fotos masivas, las aglomeraciones en la puerta de la iglesia o las venteras apostadas en las cercanías no están permitidas. La bioseguridad ha transformado la celebración./
Fotos: Ricardo Montero.