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Nunca pensó que su camino lo llevaría a la selva amazónica…de Perú. Este cruceño, de 33 años, se ha convertido el único médico intensivista en la región de Madre de Dios, Perú. Juan Carlos Cueto llegó en junio del pasado año con la intención y la voluntad de hacer lo que sabe: ayudar a la gente.

Desde muy chico logró convencer a sus padres que su futuro era la medicina. Cursó la carrera en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno y completó con la especialidad de intensivista en el Hospital Japonés. Para completar su formación, asumió su año de provincias y eligió Cobija (Pando) como destino.

Allá conoció a su esposa, también médico general, y desde allá soñaba con volver a Santa Cruz para continuar con su carrera incipiente. En estos pensamientos andaba Juan Carlos Cueto cuando el coronavirus irrumpió para cambiar la vida de todos.

“Al principio, tenía temor al virus, como muchos”, comenta en la entrevista por EL DEBER Radio con Linda González. Se cuidaba como muchos y mantenía las más estrictas normas de bioseguridad para evitar contagios.

Pero fue en ese escenario, entre sus sueños por volver a Santa Cruz y su miedo a un virus que crecía en el país, cuando una llamada cambió su destino.

“Las puertas se van abriendo sin darse cuenta”, explica Cueto. Al otro lado del teléfono se encontraba el gobernador de Madre de Dios para ofrecerle trabajar en el Hospital Santa Rosa de Puerto Maldonado. La propuesta tenía una complejidad, sería el único intensivista en la región.

Madre de Dios es un departamento amazónico que limita con Brasil y Bolivia. Su capital, Puerto Maldonado, cuenta con casi 80.000 habitantes; el departamento en su conjunto supera los 140.000. Sin embargo, antes de arribar a la ciudad, el hospital no contaba con un centro de terapia intensiva.

“Al inicio se trabajó en una unidad de terapia improvisada”, relata Cueto. “A los dos meses, se construyó una moderna sala de terapia internista con 7 camas de última generación, todo con equipos nuevos”, complementa el médico boliviano.

Junto a su esposa, y con el apoyo de enfermeras y otros médicos atendían entre 40 a 50 enfermos por día. Llegaron en el pico de la pandemia con muchos pacientes aguardando la terapia intensiva.

Casi 10 meses después sigue considerando que el trabajo es “un poco estresante porque es un servicio que requiere las 24 horas del día de atención”. Pero es consciente del valor de su ayuda. Además, reconoce que el tiempo pasa muy rápido en el hospital y apenas permite pensar en las dificultades. “Hemos venido a trabajar y para eso nos hemos preparado”, se alentaba a sí mismo Cueto.

Tras cuatro pruebas negativas y sin ningún síntoma, se siente agradecido y protegido por Dios. También reconoce que ha sido una gran ayuda la posibilidad de revalidar su título profesional con lo cual puede continuar su proyección en el vecino país.

Junto a la posibilidad que ha encontrado el matrimonio de crecer, también suma el aliciente del salario. En Perú gana 3.000 dólares, tres veces más que lo que recibía en Pando.

En tiempo de pandemia, Juan Carlos Cueto ha vivido una experiencia propia de crecimiento.

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