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La promoción 2019 del colegio católico Aniceto Arce, con asiento en la capital cruceña, tendrá un condimento especial este año, pues entre los bachilleres se graduarán cuatro estudiantes con discapacidad auditiva, un logro considerado relevante por sus gestores porque, pese a que las leyes bolivianas establecen la inclusión de toda persona en la educación regular, la mayoría de las unidades educativas no lo hacen por distintas causas.

En Santa Cruz, varios jóvenes y adultos con problemas auditivos severos se han graduado como bachilleres, pero solo en los Centros de Educación Alternativa (CEA), es que empezaron su enseñanza Jorge Quiroga Arce (19), Adolfo Gómez Salvatierra (19), Maicol Cairo Justiniano (19) y Alejandro Montero Mercado (19), los jóvenes que están a un paso de su bachillerato en el Aniceto Arce, indicó Raquel Calvimontes, sicopedagoga del Instituto Julia Jiménez.

¿Cómo se da la inclusión?

La hermana Elva Maciel, directora del Instituto Julia Jiménez, hizo las gestiones con la unidad Aniceto Arce para incluir a los cuatro estudiantes, con el apoyo del maestro intérprete Nelson Ever Pari, que coordina con los maestros que imparten las clases al grupo, mientras él les traduce el avance a los chicos especiales.

“Cuesta que los profesores de aula acepten el nuevo método, porque se sienten observados y se muestran celosos al dictar sus materias, pero luego se van adaptando”, indicó la hermana Elva.

“Valoro el trabajo que hacen los chicos para comunicarse con sus cuatro compañeros, adoptando las señas para hacerse entender. En mi caso, me vi en la necesidad de buscar información para reforzar mis conocimientos a fin de ayudarlos en mi materia”, manifestó Fanny Acasigüe, profesora de lenguaje.

Jorge Quiroga relató que los primeros años en secundaria fueron difíciles porque no había comunicación con los compañeros, pero la confianza fue creciendo de ambas partes hasta que el grupo se integró por completo.

“Al inicio, los compañeros hablaban entre ellos, pero era comprensible porque no sabían cómo llegarnos. Pasaron los años y fueron aprendiendo el lenguaje de señas. Verónica, que tiene un familiar sordo, nos hizo socializar con los demás y ahora estamos bien”, expresó Jorge por medio de su profe intérprete, Nelson.

Jorge no es muy optimista respecto a su futuro universitario, porque sabe que en ese nivel no tendrá profesores intérpretes como aliados. “Me gustaría estudiar arquitectura, pero lamentablemente no hay intérpretes; veré si mi madre puede costear uno”, declaró el joven.

“Es una experiencia bonita y enriquecedora. Es un momento especial el que estamos viviendo y ellos están en sus últimos cuatro meses de colegio y, cuando se gradúen, será un día inolvidable”, señaló María Beatriz Suárez, directora del Aniceto Arce.

En otros recintos

El Instituto Julia Jiménez ha logrado incluir otros estudiantes sordos en los colegios San Francisco, María Goretti y Ramón Darío Gutiérrez, donde hay 15 chicos adaptándose al medio.

La hermana Elva hace ver que la inclusión educativa ha avanzado, pero falta mucho para afianzarla. Los colegios deben adaptar su infraestructura, los docentes cambiar el chip tradicional y el Estado garantizar más ítems para los intérpretes que se necesitan.

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