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En San José de Chiquitos, el Gobierno Municipal, el Hospital Municipal, la Subgobernación, el Sedes y Regimiento 13 Montes tomaron decisiones estrictas para la celebración de los Santos Difuntos. Entre ellas, supeditaron los horarios de visita a la terminación de la cédula de identidad, exigieron barbijo y alcohol en gel, recomendaron que no asistan niños, ancianos y personas con enfermedades de base. Asimismo, prohibieron el consumo de alimentos y de bebidas alcohólicas dentro del camposanto.

La Alcaldía josesana también desplegó un equipo técnico para realizar trabajos de limpieza e iluminación con pantallas LED en el cementerio, y garantizó el sistema de agua y un plan de seguridad que controle de forma efectiva el cumplimiento de las determinaciones.

En San Ignacio de Velasco, y manteniendo una antigua tradición heredada de los ancestros chiquitanos, el Cabildo indígena optó por el rezo del Santo Rosario en lengua nativa  bésiro los días 1 y 2 de noviembre, por el descanso eterno de los miembros de la organización.

El cacique general del Cabildo, Vicente Chuvé, dijo que el tradicional rezo por las almas de los difuntos, este año varía y se realizará en la casa del bastón o sede del Cabildo, en pleno centro Ignacio, debido a las restricciones que ordenaron las autoridades por el coronavirus.

Pese a las restricciones por la pandemia, la población llenó los tres cementerios de San Ignacio de Velasco y nadie pudo frenar las costumbre chiquitanas y de otros departamentos. 

El 1 de noviembre, en el Cementerio General, se permitió que las bandas toquen la música que gustaba a los difuntos en vida a pedido de los familiares. Asimismo, artistas locales, con guitarras, cantaron repertorios del acervo oriental, y no faltaron el charango, zampoñas y bombos interpretando música andina en las tumbas de personas del interior del país que descansan en el cementerio ignaciano.

En la víspera no hubo prohibiciones, ni temor al contagio de Covid -19, pues la gente ingresó en masas y copó el cementerio sin guardar las medidas de bioseguridad.

Llamó la atención de propios y extraños el carro fúnebre que todavía se conserva en la antigua capilla del cementerio, y que data de más de 100 años, fabricado con madera cedro (de la región) por artesanos que quedaron en el anonimato. Se utilizaba hasta hace poco para trasladar a los difuntos al cementerio.

Otro resto de la población veló a sus seres fallecidos en el cementerio Covid-19, en las afueras de San Ignacio, donde se registran más de 60 tumbas. Un tercer cementerio es el de la casita de la Virgen, ubicado en la parte norte.

Foto: La carroza fúnebre antiguamente utilizada en San Ignacio de Velasco

En Concepción, el Día de los Fieles Difuntos tiene una particularidad este año, 19 familias llegan al camposanto para visitar a sus seres queridos que partieron al más allá, víctimas de Covid-19.

A diferencia de otros municipios, donde se habilitaron espacios aislados, en esta capital de provincia todos los fallecidos por coronavirus fueron sepultados en el Cementerio General.

"El año pasado vine al cementerio con mi esposo. Jamás hubiera imaginado tenerlo ahora bajo tierra. Es un dolor inmenso que sentimos todos en la familia", contó una mujer, entre lágrimas, a EL DEBER.

Mucha gente llegó de Santa Cruz de la Sierra y de otros puntos para prender velas y acompañar a sus difuntos. 

Las costumbres se practican de acuerdo a la procedencia de las personas. "Por tradición, en Concepción, la gente se reúne en familia para rezar y poner velas. También se acerca al templo para orar", dijo el Padre Roberto, de la Catedral Inmaculada Concepción.

"La tradición del occidente es diferente: Todos Santos es un regocijo donde ofrecen a las almas comida, bebida, dulces y tantawawas. Comparten con ellas antes de que partan nuevamente a la presencia del señor", explicó el religioso.

El intendente Erwin Álvarez indicó que, como medida de prevención del Covid-19, se exige el uso obligatorio de barbijo y se recomienda evitar las aglomeraciones.

Foto: Cementerio de Concepción

En San Javier, cientos de personas acudieron al cementerio en el feriado. Desde tempranas horas, personal médico, de la Intendencia, y la Policía llevó adelante un estricto control de bioseguridad.

Los que arribaron con bebés en brazos no pudieron ingresar al camposanto, ya que la normativa vigente para estas fechas estipula que el ingreso de niños de 0 a 5 años está restringido.

En exteriores del Cementerio General de San Javier se apostaron vendedores de flores, velas, refrescos y comidas. Ya es tradición el reencuentro, los javiereños que radican en diferentes partes de Bolivia retornaron a la población, aprovechando también un feriado largo.

En Guarayos, el 2 de noviembre, en el Cementerio General se realizó un acto en memoria de los aproximadamente 80 fallecidos por Covid-19, entre los meses de mayo y junio, cuando azotó con más fuerte la pandemia en la zona.

Ochenta velas, una por persona fallecida por el virus, rindió tributo a cada vida. "En su mayoría eran gente humilde y trabajadora", expresaron Trinidad Vaca y Ascencio Lavadenz, ejecutiva de la Central Obrera y secretario general de los Trabajadores Campesinos, respectivamente.

Aunque el Sedes reportó oficialmente un número inferior, el municipio estimó entre 80 y 100 muertos por coronavirus, en base a las solicitudes de ataúd y entierro en el camposanto, indicó el mismo alcalde, Suizo de Nilson Carrasco.

En cuanto bioseguridad, el corresponsal de EL DEBER en Guarayos evidenció que no hay control alguno en el ingreso al cementerio, para evitar el contagio del coronavirus.

La entrada es  'libre' en las tres puertas del camposanto, no se instalaron cámaras de desinfección, como se anunció.

"Estamos apelando a la toma de conciencia de la gente para que se cuide por sí misma y a los demás, aunque también coordinamos con el Hospital Municipal Guarayo, para que exista control en cada ingreso", aseguró antes Kenia Agreda, gerente de la Red en Salud.

Foto: Cementerio General de Guarayos

En Pailón, el 1 de noviembre se realizó la misa en el Cementerio General. El párroco, Erlin Pintos, en su mensaje dijo que todos deben estar preparados porque no saben el día ni la hora de estar con Dios. Para el martes 3 de noviembre, el religioso anunció la realización de la misas,  a horas 8:30 en el camposanto del barrio 27 de Mayo, y luego a las 10:00,  en cementerio del barrio María Belén, y también en comunidades cercanas a Pailón.

Foto: Misa por los difuntos en Pailón

En San Julián, todavía se mantiene la costumbre de velar las tumbas durante toda la noche, cuenta el docente Carlos Supepi, "también se llevan masitas para acompañar los rezos en el cementerio", agregó. 

Según Supepi, por la migración de gente del occidente del país, en esta región también hay familias que practican costumbres de sus lugares de origen, como el armado de mesas con masitas, tantawawas, bebidas y comidas que en vida gustaban al difunto.

El intendente municipal, Darío Málaga, informó que para esta fecha se realizaron  trabajos de mantenimiento de calles y área de parqueo en el Cementerio Municipal, además de la limpieza de los mausoleos o nichos.

Los valles cruceños

El 2 de noviembre reúne a las familias vallegrandinas, incluso a las que residen en el interior o exterior del país, que aprovechan la ocasión para reencontrarse con los suyos o con los amigos y compartir recuerdos de los familiares y amigos que ya dejaron este mundo. 

El centro de la atención de los pobladores está en los cementerios, dos en la ciudad y otros en las comunidades rurales. Las familias llegan a los cementerios con mesas, sillas y canastos de las masitas que han sido elaboradas para ser entregadas a los rezadores de todas las edades, que se reúnen frente a las tumbas o mausoleos. 

Rezan Padre Nuestro, Ave María y Gloria, mencionando el nombre de los difuntos. Los mayores, un poco alejados de los niños que rezan, invitan a las personas mayores copitas de licor, mientras intercambian recuerdos de los difuntos. Ocasionalmente, se nota la presencia de abuelas vallegrandinas, que rezan como les enseñaron sus padres, oraciones cantadas con una devoción que termina en llanto al recordar al familiar fallecido. 

En los últimos años, en la plazuela de los mercados se presenta la Feria de Todos Santos, con flores naturales y otras elaboradas artesanalmente. En esta misma plazuela se tiene la Feria del Pan Vallegrandino, con lo mejor de panadería artesanal. 

Ahora, por la pandemia, la Alcaldía recomienda el uso de barbijo y el distanciamiento social. Para esta fiesta religiosa se habilita una playa de estacionamiento para decenas de movilidades que se desplazan por la zona bajo estricto control de la zona, una sola ruta de entrada y salida.


Foto: Imagen de la tradición vallegrandina por el 2 de noviembre

En el norte del departamento

El 1 y 2 de noviembre, miles de personas se trasladaron a los cementerios para recordar a sus seres queridos fallecidos. 

En Yapacaní, el padre Arturo Bergamasco, en entrevista con EL DEBER, recordó que son dos días para recordar la partida de los seres queridos. “El 1 de noviembre, fiesta de Todos los Santos, celebramos a los que han muerto en la gracia de Dios, y el 2 llamamos el Día de la Conmemoración de los Fieles Difuntos, cuando rezamos para que nuestros muertos sean salvos", detalló el párroco, que celebra las misas en cada uno de los siete cementerios del municipio.

Este año, la pandemia se llevó la vida de más de 70 personas, aunque solo 24 fueron positivas y el resto sospechosas, entre dirigentes, personal de salud y también del Batallón de Seguridad Física de la Policía. Esta situación obligó a las autoridades a buscar un nuevo predio para otro cementerio, del que aún se desconoce la fecha de habilitación.

En la entrada a los camposantos, brigadas médicas, además de la Policía e Intendencia Municipal, realizaron controles de medidas de bioseguridad.

La población acudió a los cementerios con ofrendas florales, velas, comidas y bebidas que a sus seres queridos gustaba en vida. Esto fue acompañado también con música de agrupaciones que llegaron hasta los cementerios para ofrecer sus canciones a familiares dolientes.

Uno de estos grupos estaba compuesto por músicos de Cotoca y Santa Cruz, que se trasladaron hasta el municipio del norte para ofrecer sus melodías a precios módicos.  

"Con la pandemia formamos una banda y decidimos venir a Yapacaní. En Santa Cruz de la Sierra está controlado y con los paros hemos decidido salir de la ciudad para ganar nuestro dinerito, tenemos colegas que han ido también a Vallegrande y Montero", contó Alejandro Baldivieso. 

"Nos piden toda clase de canciones, las que más gustaban al difunto, cobramos por una pieza Bs 20 y por tres, Bs 50", detalló.

La jornada de Todos Santos inició con la celebración de la Eucaristía, a cargo del párroco del pueblo, Arturo Bergamasco, quien junto al resto de sacerdotes salesianos recorrió todos los cementerios de Yapacaní, además de los de San Carlos y San Juan.

Foto: El párroco de Yapacaní, recorriendo los camposantos de ese municipio y de los vecinos.

Foto: En Yapacaní, las autoridades controlaron las medidas de bioseguridad en los cementerios