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Tensa calma. Con esas palabras define el director del Servicio Departamental de Salud (Sedes), Marcelo Ríos, el momento que viven los cruceños actualmente.

Según él, la curva de la pandemia muestra un comportamiento ascendente y sostenido, de baja transmisión. Sin embargo, persiste la preocupación con la flexibilización de la cuarentena, “hay el riesgo de volver a estar saturados porque la velocidad de los contagiados se mantiene y su número sigue siendo mayor al de los recuperados”, sostuvo.

Carlos Alberto Hurtado, responsable de Primera Respuesta Covid-19 del Sedes, detectó dos momentos de elevación notoria de casos en los casi 140 días de pandemia. Uno fue el 10 de mayo, tras los festejos del Día del Trabajador, cuando la cuarentena ya se había ablandado ‘extraoficialmente’, y a partir del 6 de julio, con la flexibilización formal de la medida.

Ríos aún no se atreve a decir que Santa Cruz está en la fase 5 de la meseta. “Es difícil saber porque solo estaremos seguros cuando empecemos a bajar. Académicamente hablando, el pico también es el número de casos promedio que existen de manera uniforme durante por lo menos dos periodos epidemiológicos, es decir por 14 a 21 días, cuando se tenga un máximo. Para que caiga es porque no hay a quién contagiar y estamos lejos de eso, porque los 30.000 casos cuánto significan con relación a los 3,3 millones de habitantes”.

Según Ríos, el problema es que siempre estará la amenaza del nuevo brote, “lo que hay que saber es controlar, por eso la necesidad de la vigilancia epidemiológica”.

El Covid-19 en Santa Cruz

Contrariamente a lo que dicen las estadísticas internacionales, en Santa Cruz, de acuerdo a datos del Sedes, en vez de que el 80% sea de casos leves, estos llegan al 70%. Si bien –a diferencia de Europa- hay menor población de la tercera edad, considerada grupo de riesgo, Ríos dice que el departamento padece de males endémicos como chagas, además de otros problemas por hábitos alimenticios, como hipertensión y diabetes. Sin embargo, el índice de letalidad sigue siendo bajo, comparado con un 7,4% de Cochabamba, un 7,9% de Pando, o un promedio nacional de 3,7%.

Un informe epidemiológico departamental dice que la mayor cantidad de óbitos se da en personas mayores de 60 años y en varones. Del total de decesos, hasta el 16 de julio, el Sedes reportó que 68% se dio en hombres, mientras que el 32% en mujeres; casi 60 fallecidos fueron del personal de salud.

Hasta el día 70 de la pandemia, el 61% de los casos departamentales fue atendido por el sistema público de salud; 36% por la seguridad social y 3% por las clínicas privadas. El 30% de los pacientes en Santa Cruz es del grupo asintomático.

Desde el principio de la pandemia, Santa Cruz se dio a conocer por la alta incidencia de casos, ocupando el segundo lugar después de Beni, pero una de las fortalezas, según reportes epidemiológicos nacionales y departamentales, tiene que ver con la baja letalidad.

“Hay que lamentar los más de 900 fallecidos en el departamento, mi solidaridad con todos sus familiares; son el 2,7% del porcentaje de casos, sin embargo es uno de los más bajos de todo el país y eso es gracias al esfuerzo extraordinario de todos. Sabíamos que Santa Cruz, por ser el lugar más poblado del Bolivia, puerto de entrada internacional, ubicado en el centro de Sudamérica, recibiría el embate más grande. Pero hemos ralentizado la cantidad de contagios durante tres meses para prepararnos, porque nadie lo estaba”, dijo a EL DEBER el gobernador Rubén Costas, “en las condiciones en que estamos, sería lo más imprudente llevar adelante un proceso electoral”, exhortó.

Entre mayo y junio, los cruceños la pasaron muy mal. Según el director municipal de cementerios, Ronald Romero, se llegaron a enterrar -a diario- hasta 36 fallecidos, sospechosos y confirmados de Covid-19, y a cremar 13 cuerpos. Actualmente, dice que la cifra ha bajado considerablemente a una o dos cremaciones por día y ocho entierros, todos por el virus.

Provincias

Hasta la semana pasada, solo cuatro de los 56 municipios cruceños permanecían libres del Covid-19. Del total, 39 se mantuvieron en la categoría de alto riesgo, mientras que el departamento superó los 30.000 casos positivos, acaparando la mitad de los contagios del país.

Solo Montero tiene terapias intensivas, con 12 camas. “Los otros municipios no tienen hospitales de tercer nivel por un tema de competencias, debido a la Ley Marco de Autonomías 031, que dice que los terceros niveles son administrados por los gobiernos departamentales y los segundos y primeros por las alcaldías. Otra norma conexa, del sistema de salud, dice que por caracterización solo el tercer nivel puede tener terapia intensiva, por tanto, el alcalde ni está obligado ni puede habilitar terapias”, reconoció Ríos.

A pesar de esa realidad, el titular del Sedes no cree que en las provincias la pandemia explote como ocurrió en Santa Cruz de la Sierra. Dice que en continuas reuniones han trabajado de forma conjunta el tema preventivo, adicionalmente a la medida de cuarentena.

“En su momento se preparó a 12 municipios que tienen segundo nivel ya mejorado. Muchos de ellos han tenido UCI y respiradores con manejo de UTI en su momento, pero cuesta mantenerlos, municipios con harta capacidad de recursos humanos como San Ignacio, Montero, Vallegrande, Camiri, coincidentemente son las ciudades intermedias, que llamamos municipios cabeceras o priorizados, con hospitales básicos, y donde la densidad poblacional los obliga a actuar”, dijo.

Debilidad inicial

Ríos reconoció que al principio de la pandemia hubo debilidades en la contención. “Como la enfermedad tuvo dos meses de propaganda, se dio la nosofobia o temor a enfermarse, la paranoia, y para ejemplo el primer caso de la señora de San Carlos; además nuestros soldados de la salud estuvieron expuestos, pero eso fue aplacándose”, recordó.

Otro problema para una adecuada respuesta, según Ríos, tuvo que ver con los recursos económicos. “Pudo comprarse con mayor anticipación más insumos; con los recursos adecuados -al comienzo- no hubiéramos tenido que habilitar los hospitales poco a poco. Quizás pudimos alquilar tres o cuatro clínicas cerradas, u hoteles”, reconoció.

A pesar de las falencias y tardanzas, Ríos aseguró que siempre se contó con el apoyo de la empresa privada, a través de donaciones, y con trabajo conjunto, como el centro de aislamiento de la Feria Exposición.

Las apuestas

Para Ríos, contribuyó mucho a la paulatina mejora de la respuesta departamental la habilitación de camas para cuidados intermedios e intensivos, de centros de aislamiento, de laboratorios para el procesamiento de pruebas PCR y la contratación de personal de salud.

Hasta la fecha, casi 1.200 profesionales en Medicina se acoplaron a la lucha contra el Covid-19 (310 ítems del Seguro Universal de Salud, 721 contratos del Ministerio de Salud para los hospitales y como 180 contratos para terapia, con fondos del Banco Mundial).

Las terapias intensivas (UTI), que eran unas  90, se duplicaron con las unidades en La Pampa, los domos de la Caja Nacional de Salud, del Japonés (aún a media capacidad), en el San Juan de Dios, Hospital de Niños y Oncológico.

Ríos destacó como otro beneficio para el flujo de pacientes la implementación de 20 unidades de cuidados intermedios (UCI) en La Pampa, San Juan de Dios, Japonés y Hospital de Niños.

Entre otras inversiones, informó que en tres meses el Banco Regional de Sangre contará con cuatro máquinas de aféresis para el procedimiento de plasma hiperinmune. También explicó que los laboratorios para pruebas de hisopado PCR se multiplicaron a 10 (antes solo era Cenetrop), con una capacidad de 3.500 a 4.000 en el departamento. “Actualmente se están procesando como 2.000 pruebas diarias, entre positivos, descartados y análisis de control”, aclaró.

Según Carlos Alberto Hurtado, hasta la fecha y durante toda la pandemia, en Santa Cruz se han procesado más de 71.000 pruebas y se han mejorado los tiempos de entrega de resultados a 24 horas.