Escucha esta nota aquí


María José Salazar es una valiente mujer cruceña, actualmente diputada suplente de Comunidad Ciudadana (CC). Pero se ha levantado como el ave fénix, porque su vida ha estado marcada por el asesinato de su padre, por un accidente “provocado” de su madre y, más recientemente, por otro siniestro que se llevó la vida de su abuelita, que se hizo cargo de ella y de sus dos hermanos.

Se ha abierto puertas en la política a partir de su férrea lucha desde las plataformas ciudadanas, en contra de Evo Morales y la demanda del 21-F. Relata que el Frente Revolucionario de Izquierda (FRI), el partido de su fallecido padre, Edmundo Salazar Terceros, le dio la espalda. Trabajó estrechamente con quien fue candidato vicepresidencial Gustavo Pedraza, y de esa forma se ganó un espacio en las listas de las diputaciones plurinacionales.

El 5 de septiembre de 1986, una expedición científica ingresó en avioneta a más de 700 kilómetros al noreste de Santa Cruz.

Los investigadores, a la cabeza de Noel Kempff Mercado, aterrizaron en la meseta de Caparuch, Huanchaca, donde había una narcofábrica. Descendieron de la aeronave, y se les acercaron dos individuos armados con ametralladoras. El naturalista Noel Kempff se dirigió a ellos, según los relatos de la indagación: “Nosotros somos personas de paz, venimos en misión científica y no somos policías”. Fueron sus últimas palabras. Segundos después una ráfaga acabó con su vida y con la de otros científicos.

Esta tragedia impactó en la familia de Edmundo Salazar Terceros, diputado del FRI, quien encabezó la comisión que indagó ese hecho.

El 7 de noviembre de 1986, ante la prensa de Santa Cruz, presentó el informe de la comisión, en el que criticó el contubernio entre el MNR y ADN por la aprobación de una resolución (010/86) para cerrar el caso sin debate alguno.

El 10 de noviembre fue asesinado por disparos de metralleta en la puerta de su casa en la avenida Mutualista, antes de descender y guardar su vehículo celeste.

María José tenía dos años. “Me quedaron recuerdos de él, pero no son claros. Cuando nos sacaba a pasear en el vehículo, por ejemplo”, recordó la hija.

Seis años después, cuando tenía ocho, ella se encontró con otra pérdida, “la muerte de mi madre fue un dolor que sentí mucho más claramente en el corazón”.

Relató que “ella era una mujer muy esforzada, a veces se relegaba por nosotros”, recuerda. Trabajó en la Corporación de Desarrollo de Santa Cruz (Cordecruz) durante muchos años, pero renunció cuando llegó al Gobierno Gonzalo Sánchez de Lozada. “Era así de determinada, el MNR tuvo que ver con Huanchaca, así que ella se hizo a un lado”, relató.

Esa mañana la dejó en el colegio, y cuando iba a recogerla del centro educativo, fue atropellada. “Un menor de edad conducía un jeep, y ese vehículo fue supuestamente chocado por un minibús, lo que provocó el accidente”.

La madre de la senadora tenía investigaciones que había realizado sobre la muerte de su papá, y estaba por viajar a La Paz esa semana. “Fue muy extraño. Desde el dolor he aprendido a sacar nuevas fuerzas, eso no es enterrar lo ocurrido”. Su abuela Deysi Werner falleció en un accidente hace dos años. Los golpes en la vida, tres pérdidas, y su incursión en la política a través de las plataformas le han dado un nuevo aliento a su vida, más que vengar a su padre, ella quiere trabajar por un país mejor.

Comentarios