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Eran las tres de la tarde del día en que le hicieron las fotos para la entrevista. Hasta esa hora, Alfredo Iraipi (35) y su mamá, Andrea Abacay (54), estaban probando su comida de la jornada, chipilo.

Postrado como hace más de cinco años, en una silla de ruedas especial donada por Davosan, en estos días solo tiene en mente una cosa: el rostro de su hijo Y.I.M., que ayer cumplió nueve años, y al que no ve desde hace dos, cuando su madre, A.M.V. lo llevó consigo.

Desde hace cinco años, el mundo de Alfredo se puso de cabeza. Primero cuando sufrió un infarto medular, y después, como si no tuviera suficiente, vinieron esclerosis múltiple y mielitis transversa. A partir de esos sucesos todo fue en declive: No podía mover su cuerpo, no hablaba, perdió los ingresos económicos que le generaba la elaboración de cielos falsos y de placas y molduras de yeso.

Para Alfredo se volvió imposible pagar lo recetado, inmunoglobulina, que ronda los Bs 2.000 cada dosis. Pero a eso agregó otro problema, según Alfredo, la madre de su hijo lo abandonó y alejó al menor por tres meses.

De acuerdo a la versión de Alfredo, ante la insistencia lo llevó a visitarlo, pero el pequeño no quería regresar, y la disputa se profundizó. “Arrastró a mi hijo y a mi madre le arañó toda la cara. Mi hijo no quería volver con ella porque lo dejaba solo toda la noche, llegaba borracha y dormía todo el día, después no le daba de comer”, indicó.

De aquella situación, Alfredo salió con una custodia provisional a su favor, ya que los vecinos denunciaron la violencia.

En ese tiempo, Andrea se hizo cargo de todo, lavando ropa y limpiando casas llevaba algo de dinero para el alimento diario de su hijo y nieto.

Pero un día, la madre del niño apareció nuevamente y pidió salir con él. “Con mentiras y con engaños se lo llevó, hace casi dos años, y desde entonces no he podido verlo. Con este, serán dos cumpleaños los que paso alejado de mi hijo, a pesar de que tengo todos los documentos, de la denuncia y de la custodia provisional otorgada por el juez, hasta que arreglemos todo de forma definitiva”, explicó.

Alfredo cree que, al tener el antecedente de violencia su ex pareja, prefirió llevarse al niño y no disputarlo por la vía legal.

Hace un tiempo, Alfredo y su madre se fueron a Montero, a buscar al niño a la casa de la familia de la mujer, pero no hubo forma de conciliar. “Vimos al niño, pero lo escondieron y nos botaron, nos dijeron que nos lanzarían agua caliente o nos sacarían a palo. Como era tarde y yo estaba tan enojado, me fui y ni siquiera pensé en sentar la denuncia en la Policía o en la Defensoría de la Niñez”, recordó.

Desde hace un par de meses, Alfredo entró en depresión por diversas razones, que van desde su estado, que lo mantiene postrado y con la cabeza trabajando todo el tiempo; la soledad, porque su madre sale a buscar unos pesos y él queda con pañales y sintiéndose inútil por muchas horas.

Pero el detonante del pedido de auxilio de Alfredo fue que su hijo trató de contactarlo por TikTok el 21 de octubre, le pidió que lo llamara, le mandó un número, pero al tardarse mientras Andrea buscaba crédito para el celular, después se encontró con que había sido bloqueado de la cuenta y de todas las plataformas que se le ocurrieron.

“Desde entonces ha sido peor para mí, no sé si le ocasioné problemas a mi hijito por tardar en llamarlo, si lo trataron o no por contactarme. Lo único que sé es que quiero verlo, aunque sea un rato, necesito felicitarlo y abrazarlo”, suspiró.

Alfredo dice que la depresión se le hace cada vez menos tolerable y que está sufriendo mucho. “Hasta creo que me estoy enfermando, me siento sumamente triste, lloro todo el día, pensando en qué hacer, siento impotencia porque no puedo hacer nada, estoy viviendo una etapa crítica. Lo poquito que mi madre gana, tiene que gastarlo en mí”, se sinceró.

Al principio, para Alfredo no era opción seguir viviendo, solo pensaba en morir, pero con el pasar del tiempo decidió dar gracias a Dios y asegura que eso lo anima a seguir luchando. Sin embargo, reconoce que no es feliz, que tiene altibajos, y que todos los días siente dolor, no solo físico, sino también por la incertidumbre sobre la situación de su hijo.

Gracias su madre sigue dando la batalla a la vida, ella es quien lo mantiene como puede, lo baña, lo cambia, le da los pocos medicamentos que logra conseguir. “Es todo para mí. Para obtener los alimentos y alguna que otra cosita tiene que salir a lavar ropa, limpiar casas, pero a veces hay trabajo y otras veces no. Podemos comer una vez al día, pero por lo menos tenemos algo en la barriga”, contó.

Le brillan los ojos cuando recuerda al antiguo Alfredo. “Yo era un joven emprendedor, me gustaba mucho trabajar, pero por la enfermedad eché todo a perder, incluso a mi hijo. Confieso que a menudo me desanimo, pero seguiré luchando porque quiero ver a mi hijo, tengo esa esperanza, sé que él me extraña porque ya van dos veces que ha intentado contactarme”, suspiró.

Necesita ayuda

Alfredo no ha ido a las instituciones a buscar ayuda porque movilizarse es muy complejo y caro para su realidad. Vive en el Plan 3.000, su madre apenas junta plata para el alquiler, para el alimento y los remedios, y si tiene que moverse, debe ser alzado por una persona con algo de fuerza.

Esta semana, en la soledad de su alma, se lastimó el pie. Tiene una herida que le arrancó la piel del talón y no se dio cuenta, ya que no tiene sensibilidad. No tiene recursos para que lo atiendan, y solo espera que alguien lo colabore con curaciones, y de las autoridades, que lo apoyen con el problema de su hijo y más por su condición especial.

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