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El estado de aislamiento social, el temor a contraer coronavirus y la posibilidad de la muerte serían las causas para que el 98% de la población cruceña esté experimentando algún grado de ansiedad y el 92,1% sufra de depresión.

Dentro de ellos, los casos graves y que pueden devenir eventualmente en afectaciones a la salud mental, son 14% en relación a la ansiedad y 6,1% respecto a la depresión. 

En cuanto a la depresión, ese 6,1% representa un incremento del 1,7% con relación a las mediciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que en 2017 atribuyó a Bolivia un índice de 4,6%. Para la ansiedad era de 5,4%.

A esa conclusión llega el estudio denominado Ansiedad y depresión en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, realizado por el sociólogo Renzo Abruzzese entre el 20 y el 28 de abril a través de un cuestionario difundido por redes sociales (Whatsapp y Facebook), que obtuvo 866 respuestas en la capital cruceña.

El cuestionario constaba de 24 preguntas, 18 de las cuales correspondían a la Escala de Ansiedad y Depresión de Goldberg, y tiene un valor predictivo del 95%. También aclara que “sus resultados se interpretan en términos probabilísticos y no constituyen un diagnóstico clínico verificado”.

La mayoría presenta niveles ‘moderados’

Si bien los resultados en general son elevados (98% y 92,1%), el mayor porcentaje de los encuestados se ubicó en los niveles ‘moderados’ de ansiedad y de depresión.

En lo que respecta a la ansiedad, el 39,8% de la población sufre una alteración ‘leve’, el 44,2% alcanza un grado ‘moderado’ y el 14% sufre niveles ‘altos’ de este trastorno.

En depresión, el 39,1% de los ciudadanos manifestó haber sentido un grado “leve” de depresión y el 46,9% un nivel moderado.

Respecto a las edades, en ansiedad, el 68,8% de las personas consultadas tiene entre 21 y 40 años, mientras que, en depresión, un 70% que manifestó un grado ‘moderado’ se ubica en ese rango de edad.  

Conclusiones

Algunas conclusiones que marca el estudio son:

Lo anormal hubiera sido que ambas afecciones no se incrementen.

Si bien la tasa de prevalencia para ambas es considerable, esto no quiere decir que se padezcan enfermedades mentales desde una perspectiva clínica.

Los casos que manifiestan las afecciones en grado ‘alto’ serían los únicos indicadores que señalan un incremento de la enfermedad mental, situación eventualmente asociada a las condiciones de aislamiento social y los temores que ocasiona la epidemia.

El análisis integrado sugiere que el manejo que la ciudadanía hace de estas contingencias epidémicas está dentro de lo normal, y todo indica que una vez superado el momento crítico se retornará a los niveles de siempre.