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“Buen día de Dios”, era el habitual saludo del coronel Gonzalo Medina Sánchez, quien era visto por algunos de sus camaradas como un ‘todopoderoso’ cercano al poder político y, por lo tanto, ‘intocable’ y hasta ‘temible’. Por tres ocasiones consecutivas fue ratificado en el cargo de director de la Felcc Santa Cruz; la última vez en enero de este año, junto a Johnny Aguilera, como director de la Felcc en La Paz.

Ambos fueron los únicos dos policías ratificados al mando de sus direcciones en la orden de destinos del entonces comandante Rómulo Delgado, avalada por las esferas gubernamentales. Precisamente la filtración del audio de una conversación telefónica entre Delgado y el director de la fuerza antinarcóticos, Maximiliano Dávila, el 13 de abril, empezó a torcer la historia de Medina, quien el 15 fue destituido de su cargo y debió dejar la elegante oficina en la planta alta de la Felcc que lo albergó durante dos años y medio, sin sospechar que, nueve días después, el 24 por la noche, vería esa oficina desde las celdas que están al fondo del predio del que fue el mandamás.

¿Quién es Gonzalo Medina? Nacido en Oruro el 13 de enero de 1965, Gonzalo Felipe Medina Sánchez pasó 30 de sus 54 años de vida al servicio de la Policía. Es especialista en investigación criminal y tiene formación en Derecho, de allí que, en sus conferencias de prensa, acostumbraba desplegar un lenguaje con tecnicismos jurídicos y términos en latín propios de la abogacía. Llegó al grado de coronel DESP (Diplomado en Estudios Superiores Policiales) y a raíz de su supuesta vinculación con Pedro Montenegro, fue dado de baja.

Su trayectoria

En septiembre de 2016 asumió como director de la Felcc de Santa Cruz y fue ratificado tres veces, para las gestiones 2017, 2018 y 2019. Sus ratificaciones fueron atribuidas por sus superiores a los buenos resultados obtenidos en la lucha contra la delincuencia en Santa Cruz. “Creo que no ha habido un director que dure tanto tiempo en el cargo”, sostuvo Medina en febrero pasado.

Antes de ello, uno de sus roles de mayor relevancia fue constituirse en el asesor general jurí- dico del excomandante nacional de la Policía, Óscar Hugo Nina, que luego cayó preso por narcotráfico y está encarcelado en Palmasola. Asimismo, fungió como asesor del Comando de la Policía en Santa Cruz, en la época de los conflictos autonómicos. También tuvo participación, como varios otros policías, en el amotinamiento en La Paz durante el denominado ‘octubre negro’ en 2003. En los últimos años, era uno de los agentes de enlace con la Policía Federal de Brasil, dentro de las acciones coordinadas e intercambio de información respecto a bandas delincuenciales.

Lo veían ‘cercano al poder’

El exjefe de la Felcc era resistido y visto con cierto recelo y hasta con temor por varios de sus camaradas consultados por EL DEBER, que lo veían como un policía “cercano al poder político”.

Otro testimonio está en la carta dirigida al fiscal departamental, firmada por los policías Edmand Lara y Diana Romero, un párrafo reza: “todos los miembros de la Felcc éramos temerosos de Medina porque siempre se caracterizó por ser un jefe arrogante y abusivo de su poder y su grado, por eso nunca le preguntábamos quién era Pedro Montenegro Paz”. En 2017, fue denunciado por un coronel, jefe de la policía en la Fiscalía Anticorrupción, de haberlo agredido físicamente en el despacho de la Felcc.

Le inició un proceso interno que no prosperó y él acusador terminó siendo removido a una provincia. Personas que tenían contacto cotidiano con Medina, pero que no eran sus subalternos, aseguran que el exjefe policial era diplomático en el trato, aunque denotaba y a veces expresaba arrogancia y prepotencia, pero algo contenidas. En su última conferencia de prensa, el 15 de abril, cuando trató de desvirtuar las denuncias filtradas en el audio de Delgado, por unos segundos se mostró al borde de las lágrimas y finalizó con un mensaje a quienes, según él, lo difamaban: “Los perdono porque no saben lo que hacen”. Esa fue la última vez que se lo vio entrar a la sala de prensa de la Felcc y saludar con su habitual: “Buen día de Dios”.

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