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Llegaron de madrugada a Santa Cruz y, apenas sin descanso ya estaban en el Centro de Educación Ambiental (CEA), conociendo la situación y atendiendo a los oficiales del Ejército, que están al mando de las operaciones contra los incendios forestales. Por ahora, aguardan en el COE que se defina la misión de campo en la que pueden participar.

Entre el agotamiento del viaje y la impaciencia por entrar en acción cuanto antes, pues “para eso hemos venido” -dicen-, reciben informes que les permitan conocer más sobre la situación de los incendios de Bolivia. Dos de ellos ya visitaron el país años atrás, lo que suponía un aliciente para aceptar la misión.

Ricardo Bonacho encabeza el equipo. Lleva ya una semana en Santa Cruz y ha podido viajar a la zona de Postrervalle. Explica que el equipo “reforzará las capacidades técnicas, operativas, analíticas y de planificación de todo lo relacionado con los incendios forestales”. Anticipa que, como en todo trabajo, la coordinación es la pieza clave para lograr la eficiencia. “Entre todos debemos buscar la mejor solución”, agrega.

Como responsable de la misión, fue el primero en llegar a Bolivia para preparar el terreno al resto de la misión. “Desde que se lanzó la alerta, no pasaron ni 24 horas para que decidiera venirme”, comenta Francisco Ráez. Al igual que él, todos resolvieron venir a Bolivia y empacar sus esperanzas junto a la ropa de bomberos. No lo pensaron dos veces.

Provienen de diferentes regiones, pero todos han respondido al llamado de SAR Navarra-España, una ONG que “busca expertos en distintas áreas, todas relacionadas con grandes Catatrofes y Emergencias, y que acuden al requerimiento de un país”, en este caso Bolivia, corrobora Bonacho.

La institución tiene su sede en la región de Navarra, al norte de España. Hace más de 15 años que trabaja con misiones de ayuda en situaciones de desastre y situaciones extremas, enviando profesionales altamente especializados que colaboren con las instituciones locales. 

Además de las intervenciones en incendios, inundaciones y terremotos, también se destacan con acciones de formación en áreas que reclaman certificaciones y formación de alta especialización. Han participado ya en países como Ecuador, Chile y Perú.


Ricardo Bonacho, 44 años, paramédico de Servicio de Urgencias Médicas Madrid (Summa) 112, jefe de Misión.

Anteriormente, participó en misiones humanitarias en Haití (2010), “en el terremoto más mortal de la historia y que me cambió la vida”. También viajó a África, a Burkina Faso, con las brigadas de Médicos Mundi y recorrió Centro América como capacitador en materia de emergencias, catástrofes y humanización en desastres.

Bonacho tiene claro que “mi vida puede seguir cuando acabe la misión, pero donde hace falta la ayuda es justo aquí. Mi vida se pausa y pasas a formar parte de un grupo que tiene una misión superior a ti”.

Como jefe de misión, espera aportar como “un agente neutral cuyo objetivo es fortalecer con capacitación en el trabajo de campo y coordinación operativa en terreno”.

Pablo Lasaosa, 27 años, analista documental, coordinador y jefe de medios.

Es el más joven del grupo y el que menor experiencia tiene en incendios, aunque su labor se centra en la documentación, coordinación y enlace comunicacional.

Por primera vez viaja a Latinoamérica en una misión humanitaria. Con su trabajo de investigación ya ha recorrido países como India, con la Fundación Vicente Ferrer, Argelia, Tailandia y Birmania.

Viene a Bolivia con la idea de “apoyar en las labores que se nos requiere, estamos a disposición del ministerio”. Y para ello, cuenta con un equipo “fantástico que está dispuesto a aportar con su experiencia en cooperar en las labores más técnicas”.

Francisco Ráez, 50 años, acumula 30 años de bombero.

Tomó la decisión sin pensar mucho, pues “es algo que sale del corazón”. Para Paco, como le conocen en el grupo, el viaje está cargado de “esperanza porque es una oportunidad que se presenta una vez en la vida”. Reconoce que la solidaridad provoca un ambiente muy especial.

Los incendios forestales generan “una situación de mucho estrés, tenemos que tranquilizar a la gente y hacer todo lo posible para resguardar las viviendas”.

Este año celebrará su cumpleaños en Bolivia, lejos de su familia, pero “ellos saben que esto es lo que me hace feliz”.

Eneko Almandoz, 44 años, consultor y formador en incendios forestales.

Hace cuatro años trabaja en Indonesia con operaciones vinculadas a incendios complejos. Ha cruzado casi todo el mundo con la esperanza de “ser útil” y quiere ayudar a Bolivia.

Ha recorrido los 5 continentes tanto en apoyo como en capacitación. En América ya cooperó en Argentina, Chile, Perú y Estados Unidos. Ahora, en Bolivia, “venimos a ayudar, estamos a disposición total en lo que sea más necesario”.

Ser bombero es algo que se debe sentir “te tiene que gustar para meterte en semejante infierno, hace falta pasión”. Eso sí, es el mejor trabajo del mundo. Al apagar el incendio se siente la satisfacción de felicidad, “y a pesar de tener ganas de llorar por lo que se deja atrás, por lo que se ha perdido, uno sabe que ha dejado todo”.

Fernando Pérez-Nievas Muñoz, 36 años, subjefe de la unidad helitransportada de bomberos forestales.

Su experiencia operando con helicópteros le permite gestionar los primeros momentos del incendio y aporta la visión necesaria para guiar al trabajo en tierra. Sus 15 años en el cuerpo de bomberos acumulan muchas historias que pueden ser de utilidad para el trabajo en Bolivia.

Es consciente que en Bolivia aprenderá mucho por la capacidad de entrega de los bomberos locales ante incendios que se producen en la región.

Tiene el apoyo de su familia, que es el más firme que ha tenido. “Estas oportunidades solo pasan una vez en la vida”, le dijo su esposa antes de verlo partir.

Manuel Martínez Méndez, 53 años, bombero con 30 años de experiencia en incendios.

Aventurero de corazón y bombero por pasión, ha acudido a incendios en Argentina, Chile, Australia, y sobre todo en Portugal. Recuerda los incendios que asolaron Bolivia el año pasado y sabe que fueron incendios muy poderosos, con cifras y datos devastadores. Por eso, no dudó en pedir vacaciones para venir a Bolivia.

Años atrás conoció parte de Bolivia, y se sintió llamado para hacer algo por un país que califica de maravilloso. “Quiero hacer todo lo que pueda para salvar ese paraíso que es la selva del Amazonas”, expresa.

Considera que el sistema boliviano para apagar los fuegos es bastante eficaz, “sobre todo porque son incendios que están fuera de la capacidad de extinción”. A pesar de ser el de mayor edad, viene con el espíritu de aprender y aportar todo lo que pueda.