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Por la zona del mercado La Ramada, justo al frente del alojamiento donde mataron a su esposo, la joven venezolana de 20 años, Yaimar Gamez Lara, recibe la solidaridad de dos familias que decidieron acogerla en su vivienda junto a su hija de un año.

Son dos también las madres de familia, que tienen a su cargo tiendas de ventas de gaseosas y otros alimentos, las que sin esperar nada a cambio, la ayudan.

En la vivienda donde ahora habitan Yaimar con su niña, hay una pequeña de la misma edad que la menor que quedó sin padre y el patio se ha convertido en el parque de juegos de ambas.

Gamez y su esposo José Gregorio León llegaron a Santa Cruz hace tres semanas, en busca de mejores días. Se alojaron en un residencial por La Ramada.

Sin embargo, el pasado viernes la vida les cambio de forma trágica a esta familia. José Gregorio murió apuñalado por quien se consideraba su mejor amigo, Antony Reiner Madariaga, con quien tuvo una discusión que luego se convirtió en una pelea por $us 200.

El agresor y homicida está prófugo y es buscado por la Policía, que lo ha identificado gracias a las imágenes de las cámaras de seguridad que hay en la zona.

El cadáver del venezolano permanece en la morgue del hospital municipal de La Pampa de la Isla, después de la autopsia que le practicaron los forenses certificando que murió como consecuencia de un desangramiento.

“Pido ayuda para cremarlo y llevarlo a mi país. Me dijeron que vaya a mi embajada pero es muy difícil. Estoy agradecida por tanta ayuda de estas familias que me están dando la mano y ayudan en cuidar a mi hijita, nos caloboran con alimentos, ropa y techo”, dijo Yaimar mientras sostenía a su bebé en sus brazos y ella, alejada de las preocupaciones y pesares de su madre, saboreaba un chupete.

Recorriendo desde 2018

Yaimar cuenta que ella y su esposo son de Valencia, Carabobo, una ciudad venezolana muy similar a Santa Cruz. Ella trabajaba como administradora de empresas y su esposo en minería.

“Llegó el tiempo en que decidimos salir de Venezuela, la situación fue muy difícil, ya no se podía vivir. Mi esposo salió en 2018 y yo en marzo de 2019. Primero fuimos a Cali, Colombia. Allá empezamos vendiendo arroz con leche pero era muy duro, porque había muchos otros migrantes de mi país. Por eso decidimos venir a Bolivia y primero llegamos a La Paz, pero no pudimos soportar por mucho tiempo el clima frío de esa ciudad y nos trasladamos hasta Santa Cruz. Aquí, hace tres semanas, nos alojamos y empezamos vendiendo chocolates en los micros, bolsas plásticas y la gente nos ayudaba. Nos estaba yendo muy bien, como en ningún otro lado”, dijo Yaimar y hace una pausa a tiempo de afirmar, “hasta que pasó esta desgracia”.

Si bien Yaimar y su niña reciben ayuda desinteresada de familias cruceñas, también les está tocando vivir bajo la amenaza del homicida de su esposo.

“Mis familiares recibieron mensajes de parte de nuestro coterráneo indicando que yo sería la próxima y por eso pido garantías para mí y mi niña”, dijo la mujer, que espera ayuda, justicia y seguridad para seguir viviendo.



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