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Juan Pablo Cahuana / San Matías

Las familias de los cuatro matieños muertos en territorio brasileño, en medio de un hecho que tiene dos versiones, no encuentran consuelo para lo ocurrido la tarde del 11 de agosto, cuando Ezequiel Pedraza Tosube (18), Arcindo Sumbre García (56), Yonas Tosubé Pedraza (26) y Pablo Pedraza Chore (29) fueron muertos a tiros en territorio brasileño. 

Exigen a las autoridades justicia, ayuda para criar a los niños que quedaron sin padres, apoyo para las mujeres que quedaron sin esposos y resarcimiento para las familias que fueron desmembradas a balazos. 

EL DEBER viajó hasta la comunidad de San José de la Frontera, parte del municipio cruceño de San Matías, donde pudo hablar con las familias que todavía buscan un sentido a lo sucedido y donde las lágrimas no dejan de caer cuando recuerdan y hablan de los cuatro fallecidos.

Él era valiente, no tenía miedo a nada. Era trabajador y nos ayudaba con lo que podía en la casa”, asegura Ida Tosubé López, la madre de Ezequiel, el más joven del grupo. A medida que la mujer intenta seguir hablando sobre su hijo, la voz se esconde, el dolor le juega una mala pasada y quiere llorar, parece que el aire le falta. 

En el canchón de la casa que recorría a diario Arcindo, el de mayor edad del grupo, 56 años, está sentada Neiri Pedraza Choré, la esposa del fallecido. “No es cierto eso que dicen los brasileños que mi esposo y sus amigos que mataron eran narcotraficantes, somos gente humilde, él era motosierrista y con eso se ganaba el dinero que nos permitió construir nuestra casa”, recuerda la mujer y mira a lo lejos a cuatro perros, animales que salieron junto a su pareja aquella tarde para ir a cazar pero que volvieron solos, sin su amo. 

“Mi esposo no tenía plata ni para comprar cemento para la casa y lo quieren mostrar con armas que de seguro deben ser muy caras”, dijo molesta la señora Neiri. Fabiola, la esposa de Yonas Pedraza, parada en la puerta de la casa a medio terminar que dejó su pareja exige esclarecer lo ocurrido y que las autoridades responsables de su muerte, se hagan cargo de ella y de sus hijos, tres menores de 1, 2 y 6 años. 

“Su sueño era terminar esta casa para que nos vengamos a vivir todos, pero no se pudo realizar”, se lamenta la joven y vuelve a exigir justicia. Esta familia ahora debe encontrar un nuevo inicio, como dice Fabiola, ya que por el momento ha recibido la ayuda de sus vecinos y amigos para no hacerles faltar el alimento a sus hijos, que preguntan por papá, el hombre que salió cazar y que no pudo retornar para volverlos a abrazar. 

El pequeño Paulo Junior no deja de llorar, está al lado de su madre, Cristiane Martínez Ramos, sentados en un sillón de madera. Pero el niño de 7 años no puede contener el llanto cuando escucha que están hablando sobre la muerte de su papá, Paulo Pedraza Choré. 

Se tiene previsto que este lunes las autoridades brasileñas respondan el pedido de reunión que han hecho sus pares del país, para buscar una explicación a lo ocurrido en suelo extranjero.