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Más de 30 años en el mundo del teatro cruceño le enseñó a Gerónimo Mamani a no ahogarse con las dificultades y siempre salir a flote. 

Al fin y al cabo, es artista y en este país el que se dedica al arte sabe que cuando las cosas aprietan hay que apelar a la creatividad. Sin embargo, nunca se imaginó que la pandemia por el Covid-19 llegaría como un turbión incontrolable arrastrando a su paso proyectos, sueños y vidas de familiares.

“Me pilló desprevenido, porque pensé que iba a durar dos meses y de ahí íbamos a volver a las actividades normales, pero se extendió y nos derrumbó todos los planes”, confiesa. 

Entre esos planes estaba la organización del Día Internacional del Teatro en 20 espacios de la ciudad y en los barrios, el Intercolegial de Teatro y los talleres que daría en una Universidad cruceña. 

Apenas pudo rescatar los talleres para primaria y secundaria en un colegio y que los sigue dando vía online. Quedaron archivados hasta el próximo año el montaje de obras con otros actores.

Pese a que tenía algunos ahorros, al poco tiempo tuvo que unirse a sus colegas que, para sobrevivir, se han dedicado a la carpintería, vender comida, ‘tachear’ o hacer ‘delivery’. Él decidió alquilar a vecinos y colegas su movilidad. 

Luego trabajó tres meses para el municipio en los mercados pidiendo a los comerciantes que apliquen las normas de bioseguridad. Justo le tocó la época en los que se detectaban más casos en los mercados. “A Dios gracia no he tenido más allá que un dolorcito de cabeza, un poco de fiebre y nada más”, admite entre sonrisas y en el tono dicharachero que lo caracteriza.

Sin embargo, este hombre que por su oficio sabe disimular emociones y gestos; incluso ante públicos difíciles, se quiebra y llora al recordar a su sobrino Gustavo Mamani, que falleció por Covid-19. 

Su llanto es de dolor, de rabia e impotencia, porque primero trajinó con su sobrino buscando una asistencia médica, que en varios lugares no le dieron por falta de espacio, y cuando al fin lo consiguieron se lo devolvieron muerto y para que la familia busque cómo sepultarlo.

“Da rabia, porque cuando tuvimos la oportunidad de contactarnos con él nos decía que lo dejaban solo y no había quien la ayude en ese momento y nosotros no podíamos hacer nada. No había a quién recurrir”.

Cuenta que otros amigos, ligados al teatro, han muerto durante la pandemia y recuerda entre ellos al actor y poeta paceño Willy Flores.

Pese a todo, reflexiona el actor, esta pandemia ha permitido que los actores cruceños se unan y formen la Asadcruz, asociación que abogará por sus intereses y que le ha ayudado a repensar el oficio a través de la tecnología y su alcance masivo. Pone como ejemplo la propuesta de Teatro Virtual que apuesta a reactivar el sector para actores, directores y escritores.

A su vez, es consciente de que en tiempos difíciles el teatro es un gran catalizador de emociones, promueve a reflexionar sobre lo que sucede en la sociedad y en los mundos íntimos, pero también ayuda a que volvamos a divertirnos y reír y a llevarle un mensaje de esperanza a los niños.

Al final, como todo actor sabe, la función tiene que continuar.