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Monseñor Sergio Gualberti, en su homilía de este domingo, en la Basílica Menor de San Lorenzo, reflexionó sobre las acciones de algunas autoridades, con cuyas intenciones no concuerdan

"Hay autoridades que, se presentan como salvadores, pero que en verdad no buscan el bien del pueblo, sino que se sirven de él para enriquecerse y afianzarse en el poder", expresó el líder católico frente a decenas de feligreses que asistieron a misa este domingo en la catedral cruceña.

De acuerdo con las palabras de Gualberti, así como Jesús cuestionó a los malos pastores de su tiempo, de la misma manera, hoy en día se pone en discusión la actuación de tantas autoridades del mundo que, con promesas ilusorias y mentiras, se presentan como salvadores, pero que, en verdad, no buscan el bien del pueblo, sino que se sirven de él para enriquecerse y afianzarse en el poder.

En su analogía, resaltó a Jesús como el Pastor Bueno enviado por el Padre, que asume hasta las últimas consecuencias la misión de guiar y servir al nuevo pueblo de Dios. “Y la voluntad del que me envió es que no pierda a ninguno de los que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día”. Con tal de no perder a nadie, Jesús gasta su vida para que todos, incluso sus opositores, tengan vida: “Yo doy la vida eterna a mis ovejas”, apuntó. 

Semana de la Familia

Más adelante, se refirió a la Semana de la Familia. "En la Semana de la Familia, que se inicia hoy en nuestra Iglesia en Bolivia, oremos para que nuestras familias vivan su misión y realicen, tanto a su interior como al exterior, el sueño de Dios: Que todos sean uno”, manifestó.

También recordó las palabras del papa Francisco, que "nos dice también, que la llamada del Señor nos ha llegado a todos para ser cada vez más aquello que somos: En la vocación al sacerdocio ordenado, ser instrumento de la gracia y de la misericordia de Cristo; en la vocación a la vida consagrada, ser alabanza de Dios y profecía de una humanidad nueva; en la vocación al matrimonio, ser don recíproco, y procreadores y educadores de la vida. En general, toda vocación y ministerio en la Iglesia nos llama a mirar a los demás y
al mundo con los ojos de Dios, para servir al bien y difundir el amor, con las obras y con las palabras”.

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