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El arzobispo de Santa Cruz, Sergio Gualberti, exhortó a todos a fortalecer nuestra fe y permanecer en la barca de la Iglesia, para ser testigos del amor de Dios y de la esperanza en nuestro mundo sufrido, asustado y sediento de vida, amor y paz.

“En el profeta Elías fugitivo y en Pedro y los discípulos asustados y dudosos en la barca zarandeada por el viento y las olas, vemos reflejados a la comunidad eclesial sacudida por el viento en el gran mar del mundo y a cada uno de nosotros cuando sufrimos adversidades y amenazas, cuando somos víctimas de la maldad y la injusticia, cuando somos objeto de burla y rechazo por nuestra fe o cuando estamos sumidos en el dolor, la desorientación y el peligro de muerte como estos largos meses de pandemia”.

El arzobispo pide a los fieles no dejarse atemorizar por las contrariedades de la vida, ni por las amenazas de este mundo ni por nuestras propias debilidades y limitaciones. “Ahora sabemos que lo que nos salva no son nuestras capacidades ni nuestro coraje, sino la fe en Jesús y en su palabra”.

La Iglesia de Santa Cruz celebra, la víspera de su fiesta, al mártir San Lorenzo, patrono de la arquidiócesis, de la catedral y del seminario. Su ejemplo de fe y de amor a Dios se une al testimonio del profeta Elías y del apóstol Pedro. 

Gualberti resaltó que San Lorenzo nos ha dejado un luminoso testimonio de firmeza en la fe durante la persecución que el emperador Valeriano desencadenó en Roma, en contra de la comunidad cristiana naciente. San Agustín nos dice que "San Lorenzo amó a Cristo en la vida, e imitó a Cristo en la muerte". 

Destaca que es la fe la que llevó a San Lorenzo a amar a Cristo y a jugarse la vida por él hasta el martirio. La fortaleza y la serenidad de ánimo con las que enfrentó a las autoridades y a la condena a muerte, fue el resultado de un camino de diácono entregado totalmente al servicio de Cristo, la Iglesia y los pobres.

"Con entrega y generosidad se solidarizó con los pobres y los esclavos, siempre pronto a tender su mano a los que lo buscaban porque descubrían en su actuar y entrega la presencia de Cristo: 'Distribuyó a los pobres con generosidad, su gratuidad permanece para siempre'. En toda su obra y su predicación, siguió fielmente a la palabra de Dios, su norma de vida".

El arzobispo concluye resaltando que el testimonio de estos tres grandes testigos de Cristo, nos invita a reflexionar  y a preguntarnos: ¿Cómo es la fe de cada uno de nosotros? ¿Qué estamos dispuestos a jugarnos por el Señor?”. Con humildad reconozcamos que necesitamos fortalecer nuestrafe y permanecer en la barca de la Iglesia, para ser testigos del amor de Dios y de la esperanza en nuestro mundo sufrido, asustado y sediento de vida, amor y paz