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La Iglesia católica celebra la solemnidad de Cristo Rey y culmina, con esta festividad, el año litúrgico. A partir del domingo próximo, el adviento será el tiempo de preparación para la Navidad.

El arzobispo de Santa Cruz, monseñor Sergio Gualberti, recuerda que la eucaristía de este domingo conmemora a Jesucristo como pastor, rey y juez. Además, señaló que Bolivia también celebra el Día Nacional de los Laicos, "auténticos testigos de Dios en la familia, el trabajo, la política y todos los ámbitos de la sociedad".

A la luz del Evangelio, Gualberti recuerda que la liberación propuesta por Jesucristo conlleva la construcción de un "reino de la justicia, amor y paz", que se alimenta en las forma de relacionarse con Dios y con el prójimo. Estos tres principios, añade, son "los pilares de la convivencia sin los cuales la sociedad cae en la disgregación y la ruina".

Para el líder religioso, los cristianos "somos llamados a heredar el reino eterno de Dios" y, por tanto, demostrar día a día, en nuestras actuaciones, que ese reino es factible.

"El amor es el núcleo central del Reino de Dios, el motivo por el cual Dios mismo se ha hecho cercano a nosotros y se ha vuelto prójimo en su hijo Jesús hecho hombre", destaca Gualberti. Remarca que ese reino definitivo "se va construyendo cada día de la historia humana".

La conmemoración de Cristo Rey recuerda que "la historia de la salvación es la historia de la liberación progresiva del hombre". La celebración religiosa se convierte en una invitación permanente para "ser vigilantes y seguir animosos con la esperanza de la resurrección, que es la concusión de todo el proceso de liberación", resalta el religioso.

Durante la prédica, Gualberti destacó que, por medio de los profetas, Dios acompañó al pueblo de Israel en el camino de la liberación y "en la plenitud de los tiempo envió a su hijo para que fuera el buen pastor de los hijos de Dios y de toda la humanidad". 

Al festejar a Cristo Rey se celebra no el "poder del dominio opresor, sino el poder del amor ejercido como servicio". 

Más adelante, resalta las palabras bíblicas que muestran las cualidades de Jesús como humano: "No he venido para ser servido, sino para servir; y el que quiere ser el primero, que se haga el servidor de todos".

También destaca que el título de rey se le otorgó por los romanos cuando se encontraba en la cruz "como motivo de su condena: Jesús de Nazaret, rey de los judíos". Este reinado "no es sentado en un trono, sino un rey insultado, sufrido y ajusticiado".

Gualberti recuerda que la vida de Jesús "fue ejemplo de hacer el bien con los pobres, enfermos, excluidos y pecadores". Él se identifica "con cuantos, en el mundo, sufren y son olvidados, lo pobres, los enfermos, los encarcelados, los don nadie de la sociedad y todos los que son perseguidos a causa de la justicia".

Insiste en que los católicos sean operadores de la justicia y la paz, sembrando los valores de convivencia con el prójimo que deben primar en las relaciones humanas y sociales.  

Reconocer a Cristo como Rey supone, además, que "es el único ante quien debemos arrodillarnos y hacia quien tenemos que orientar nuestra existencia familiar, comunitaria o social. Ningún ser humano, por poderoso que sea, tiene la potestad de exigirnos nuestra adhesión total", subraya Gualberti.