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El arzobispo de Santa Cruz, Sergio Gualberti, durante la misa dominical celebrada hoy en la catedral cruceña, convocó a la unidad de todos los bolivianos para superar los difíciles momentos que se viven en el país a consecuencia, sobre todo, del Covid-19. Gualberti, que hoy también festeja sus 75 años de vida, alentó para que en este nuevo inicio se trabaja en armonía.

El religioso también se refirió a la posesión del presidente y vicepresidente del país, Luis Arce y David Choquehuanca, al señalar que "en este día  en que se inicia una nueva etapa de nuestro país es más necesario que nunca el don de la sabiduría para todos nosotros y en particular para  las nuevas autoridades"

Agregó también que las nuevas autoridades tienen la responsabilidad de gobernar "para una Bolivia mejor, dejando atrás los errores y lastres del pasado, y mirando hacia un nuevo porvenir".

En este sentido. Gualberti hace un llamado a los bolivianos para "unirnos todos y aportar a la tarea urgente para superar la crisis no solo sanitaria, sino también social política y económica agravada por la pandemia del Covid-19".

Desde la mirada de la Iglesia católica, Gualberti establece algunas prioridades que deberán ser atendidas por el nuevo gobierno. Señala que "es la hora de instaurar para todos un sistema de salud eficiente y universal, una educación de calidad, una administración de la justicia ecuánime y libre de toda sumisión."

También apunta a "lreactivación de la producción y de la economía social al servicio del hombre y no del mercado, y la creación de fuentes de trabajo estable y justamente remunerado" como vías para recuperar la armonía y estabilidad en el país.

El arzobispo considera que "nuestro país no necesita de sentimientos y venganzas, ni corrupción ni narcotráfico; sino de verdad, vida, reconciliación, solidaridad, libertad, justicia y paz".

A partir de la lectura del Evangelio, Gualberti recuerda que los cristianos "somos los llamados a testimoniar (el ejemplo de Cristo) en nuestro mundo sediento de esperanza y felicidad". Y ese llamado requiere una "fe comprometida con el Evangelio del amor  y la vida fruto de nuestro encuentro personal con Cristo".

Finalmente,  advierte para que los fieles no caigan en "el error de una existencia mundana y sin sentido, vacía y superficial detrás de los ídolos efímeros del poder, el dinero. el prestigio el sexo y el consumismo".