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En su mensaje de hoy, monseñor Sergio Gualberti, arzobispo de Santa Cruz, recordó que Jesús, al enviar a sus discípulos a la misión de mostrar su fe, les pide asumir dos actitudes: no tener miedo y dar testimonio de él.

La misión puede causar resistencias y persecuciones. No teman”, dijo el religioso. Así como Cristo animó a los suyos a ser audaces y a no otorgar privilegios y menos temer a los hombres, Gualberti convocó a los jóvenes y adultos a sumarse a las brigadas que visitan las casas buscando personas sospechosas de tener Covid-19. “Únanse al personal sanitario”, pidió al destacar la iniciativa de las autoridades de llevar adelante el rastrillaje.

Gualberti también se refirió al Día Mundial del Refugiado, que se conmemoró ayer, e instó a tener empatía con los migrantes y refugiados, pues “hay familias con niños que sufren en grado elevado el desamparo. No pueden pagar el alquiler”.

Aprovechó para pedir a los cristianos que no tengan miedo de proclamar su fe. “Hay que temer el pecado, la muerte del alma y no los poderes humanos que no pueden violentar la libertad interior”, manifestó.

Recordó el ejemplo del profeta Jeremías, que tuvo la misión difícil de anunciar al pueblo y a sus autoridades el fin de la nación, la destrucción del templo y el destierro en Babilonia para reparar la traición, la idolatría y la corrupción. Incluso los amigos íntimos acecharon la vida de Jeremías con violencia, sembrando terror con palabras. Lo hundieron en un pozo seco del que fue rescatado. 

También recordó a San Esteban y al mártir Oscar Romero, asesinado por defender la libertad del pueblo, sumido en la violencia de la dictadura. “Esto muestra que dar testimonio no es una opción, sino una exigencia de la vocación cristiana”, dijo.

Servir a los enfermos, sufridos, pobres y necesitados imitando al hijo de Dios es una forma de manifestar esta fe.

“Preguntémonos: ¿nos animamos a salir a la misión o seguimos con temor y vergüenza? Si la vida es entregada, tendremos a Jesús como defensor”expresó.

Finalmente, dijo que vivir a merced de la codicia, la soberbia y el exceso nos aleja de Jesús y que la promesa de vida eterna no implica desentendernos de la vida terrenal.

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