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Sus manos estaban acostumbradas a mezclar el cemento. A calcular con precisión de ingeniero las cerámicas que debía colocar en la acera. ¿Una ducha descompuesta? ¿Una fuga de agua? ¿Goteras en la casa? Ésas eran sus especialidades y las fue aprendiendo desde que tenía 20 años. Antes, tuvo un paso prometedor en la mecánica automotriz. 

El albañil, plomero y electricista, Guillermo Montero Durán (67) salió de su natal San Carlos (provincia Ichilo) para estudiar en un internado en Charagua. “Egresó como técnico en mecánica automotriz. Luego viajó a Argentina donde estuvo desde los 19 a 23 años y se especializó en sistemas hidráulicos”.

Quería estudiar una profesión en Argentina, pero no le alcanzó el dinero. Al regresar a Santa Cruz, formó su familia. Tiene cinco hijos, tres de ellos viven en España y el menor de su segundo matrimonio acaba de cumplir ocho años.

Dice que sus hijos habían pensado visitar Santa Cruz en agosto, pero la pandemia cambió sus planes. El mayor de ellos siguió sus pasos y es constructor y ya cuenta con su propia empresa en España. “Muchas veces quisieron llevarme para conocer, pero no lo hice porque mi hijo estaba pequeño”, recuerda.

Sus herederos fueron un gran apoyo durante la cuarentena porque enviaron dinero para que su familia, hoy de diez personas, pueda sobrevivir. “Cuando empezó el confinamiento, la hija de mi esposa llegó a la casa con su marido y sus cuatro hijos. Entonces, debíamos ‘estirar’ la plata”, señala.

Guillermo afirma que la crisis económica ha sido difícil de sobrellevar. El dinero empezó a escasear desde el paro cívico (en octubre de 2019) y luego, la pandemia. Recuerda que estuvo cuatro meses parado. Su hijo, que es profesor de danza contemporánea, recibió sus salarios atrasados, luego de cuatro meses y con ello subsistieron, “luego los bonos, fueron un alivio”, dijo.

A sobrevivir

En la cuarentena, con su esposa Delia Cruz (47) se animaron y aprendieron a hacer panes, tortas y empanadas, y ahora ella vende en las mañanas, en la parada de la línea 100, zona del Plan Tres Mil. “Yo estaba incómodo porque nunca había vendido nada, pero ella sale a las 7:00 y hasta las 10:00 ya no le queda nada”, resalta con una sonrisa. 

El orgullo es evidente. Dice que su pareja invierte Bs 30 y tiene una ganancia diaria de Bs 40 o 60, casi lo mismo que recibía en una cadena de comida rápida (Bs 66 diarios).

Además, se siente feliz de que el Covid-19 no llegara a su hogar. “Yo estuve con dolores de garganta y mi esposa con fiebre, nos curamos con remedios caseros”, pero solo era resfrío.

¿Y retornó a la construcción? “Hay trabajo, pero no hay dinero. En varios lugares me llamaron para trabajar, pero son obras pequeñas”, indica. Antes de la pandemia, lograba ingresos mensuales de entre Bs 4.000 y 5.000, hoy gana menos de Bs 2.500.

Guillermo agrega que mientras no se tenga acceso a una vacuna será difícil retomar las actividades anteriores a la pandemia por Covid-19. Y todavía ve lejos la posibilidad.

Mientras se mantenga la situación económica adversa, dice que seguirá horneando las delicias que prepara su esposa, en tanto que los ladrillos seguirán en remojo.