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La historia de dos parteras que llevan medio siglo cuidando el milagro de la vida

Lunes, 18 de mayo de 2026 a las 04:00
Ana Exaltación prepara a mujeres para enfrentar el embarazo y brinda orientación/ Foto: Deisy Ortiz

Ana Exaltación Flores y Ana Choque están unidas por la vocación del oficio de matronas. La primera lleva 56 años asistiendo partos y la segunda empezó en la adolescencia. Ambas acompañan a embarazadas desde la etapa de gestación.

Sus manos y acompañamiento ayudan a madres a traer vidas de forma natural. Ana Exaltación Flores Vaca y Ana Choque llevan medio siglo ejerciendo el oficio de parteras.

Ana Exaltación cuenta con 56 años de trabajo ininterrumpido. Era muy joven cuando decidió seguir los pasos de su abuelo y de su madre. Desde entonces, ha asistido a miles de mujeres que confiaron en ella el momento más importante de sus vidas, incluso en situaciones de emergencia.

Se inició en la maternidad Percy Boland como ayudante de Ana Costa, la primera en dar ese servicio en el maternológico. Por entonces ayudó en el nacimiento de su sobrino. Y luego, cuando nació su primer hijo, fue asistida por su esposo, pero ella tuvo que intervenir cuando se dio cuenta de que una manta lo estaba asfixiando. La quitó y, con una palmada, logró que su bebé vuelva a respirar. Tuvo 12 hijos y todos fueron a través de partos naturales.

Tiene en la memoria el día que atendió sola el primer parto. Vivía en la zona de Guaracachi y una vecina acudió a ella porque sintió un fuerte malestar en el estómago. Al revisarla, de inmediato supo que eran dolores de parto.

“Le dije que se prepare para tener a un muchachito. Su barriga era chica. Nos fuimos a su casa, se lo acomodé al peladito, a ella le di de tomar un tecito y al ratito brincó el muchacho. Ahí nomás coronó”, cuenta.

Uno de los últimos partos de emergencia que atendió fue el 2 de enero del año pasado, cerca de su actual domicilio, en la zona de Pampa de la Isla, donde también tiene un centro de asistencia.

La embarazada había realizado sus controles en un establecimiento público, pero el parto se adelantó y Ana la asistió. Tras el alumbramiento, la mujer decidió acudir al establecimiento de salud.

Otras mujeres le han confiado todo el proceso de gestación, el alumbramiento y la asistencia posparto.

“Nos prefieren porque hacemos que dar a luz sea lo menos traumático y menos doloroso posible. Por ejemplo, en las pulsaciones sabemos cuánto han dilatado y no necesitamos hacer tactos. Un parto no debería durar más de 30 minutos”, explica.

En su centro también recibe a mujeres para acomodar al feto cuando no está en la posición adecuada. Con solo posar sus manos sobre el vientre, identifica los movimientos. “Se siente cuando el muchachito está cruzado”, dice, cuando el bebé no se encuentra en la forma adecuada para el nacimiento.

Su oficio no solo se limita a la atención del parto, sino que también controla el proceso de gestación y sugiere consejos que ayudan al momento del parto.

En su cuaderno de registro tiene anotadas las consultas que van desde la acomodación del feto, el uso de medicinas naturales, hasta la atención del recién nacido.

También orienta a las madres, especialmente a las primerizas, sobre cómo preparar su cuerpo y favorecer la lactancia.

Más de 5.000 partos

Ana Choque revisa a una de sus pacientes, en un centro de La Paz

Ana Choque (64) decidió seguir los pasos de su abuela y desde entonces ha ayudado a dar a luz a unas 5.000 madres.

Tiene una larga trayectoria en el oficio de matrona. Comenzó en la adolescencia y, según relata, a sus 15 años vivió su primera experiencia de alumbramiento.

Ya son cerca de 50 años que lleva en el ejercicio. Sin embargo, recuerda que desde que tenía apenas 8 años ayudaba a su abuela, quien vivía en la provincia Loayza, en el municipio de Luribay.

“De esa manera me fui formando, porque yo era como su bastón”, señala, al destacar que su hija también siguió sus pasos en el área de la salud, ya que estudió Medicina.

Durante la pandemia Ana tuvo una labor crucial, porque atendió hasta 15 partos en un día.

Ya deben ser unos 5.000 partos los que he atendido”, dice esta mujer cuya trayectoria también ha sido reconocida a nivel internacional.

Trabaja en el centro de salud Ventilla, en El Alto. Calcula que hay unas 600 parteras en el país, la mayoría trabaja en provincias. “Las que estamos registradas ante el Ministerio de Salud podemos ejercer; en La Paz somos 35”, destaca.

Resalta que algunas matronas ya trabajan articuladamente con los centros de salud.

“Somos muy pocas, pero las que contamos con matrícula también atendemos partos en los domicilios y derivamos a los centros hospitalarios cuando se presenta alguna complicación”, dice.

Por la experiencia, asegura que las que atienden generalmente son por decisión de tener a sus hijos por parto normal.

Ana Exaltación Flores es otra de las matronas acreditadas. En su consultorio, donde exhibe medio centenar de reconocimientos que recibió por su labor, está la certificación que obtuvo del Ministerio de Salud. “Fue un largo proceso, que inició en 2005 y lo terminé recién hace cinco años”, dice.

El acompañamiento de las parteras ha cobrado mayor relevancia en los últimos años, impulsado por la búsqueda de nacimientos más naturales.

Martha, de 35 años, es una de las mujeres que confió su embarazo a una partera. Quería asegurarse de vivir un parto natural. En el proceso recibió orientación sobre su alimentación, terapias de relajación y otros consejos.

Cuenta que combinaba sus visitas con controles periódicos al centro de salud para exámenes complementarios. “Lo bueno es la confianza que uno crea con la persona que la asiste. Es como un control personalizado. Me ayudó desde prepararme para concebir hasta el parto”, comenta.

Conocimiento que se hereda

El legado de las parteras se teje de generación en generación. Es un oficio que se aprende desde la infancia, casi como una herencia que pasa de madres a hijas.

Ana Exaltación y Ana Choque crecieron observando a sus familiares que asistían partos y asimilaron ese conocimiento. Ambas buscan que esa tradición no se pierda. Por eso, han convertido a sus hijas en sus principales aprendices y ayudantes. En el caso de Ana Exaltación, enseñó a su hija y ahora también a su nieta.

Según datos hasta 2018, en Bolivia había 492 parteras o matronas registradas, en particular en las zonas rurales.

PARA SABER

La norma. La Ley N° 459 de Medicina Tradicional Ancestral Boliviana reconoce, protege y regula el ejercicio de la medicina tradicional en el país, integrándola al sistema público de salud. En la actualidad, las matronas están incluidas en el sistema público a través de casas maternas comunitarias y centros de salud, donde brindan servicios. La Constitución Política del Estado, en su artículo 35, reconoce y protege la medicina tradicional, promoviendo su práctica y su articulación con el sistema de salud público, en el marco del respeto a los saberes ancestrales.

 La OPS les brinda capacitación para identificar partos de riesgo

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) viene fortaleciendo el trabajo de parteras y parteros desde 2021, brindándoles herramientas y conocimientos para identificar señales de riesgo durante el embarazo, el parto y el posparto, con el objetivo de prevenir muertes maternas y neonatales, según una nota del organismo.

También impulsa la articulación entre la medicina tradicional y los servicios de salud, promoviendo un trato respetuoso hacia las mujeres en contextos de diversidad cultural. Esta labor busca cerrar brechas y mejorar la calidad de atención, especialmente en comunidades alejadas.

A través de capacitaciones y espacios de diálogo de saberes, la OPS ha abordado temas como planificación familiar, control prenatal, identificación de señales de peligro y atención del parto, dirigidas a parteras de Bolivia, Colombia, Ecuador, Honduras y Perú.

En zonas de difícil acceso, donde la atención médica oportuna puede marcar la diferencia, el uso de herramientas básicas resulta fundamental. Entre ellas se encuentra la campana de Pinard, utilizada para escuchar los latidos del feto; la cinta métrica, que permite medir la altura uterina; y los monitores de signos vitales conocidos como “cradle”. Estos dispositivos están diseñados para el personal comunitario y cuentan con mecanismos que ayudan a detectar posibles emergencias durante el embarazo, como la preeclampsia.

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