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Impaciencia e incomodidad se observan en las puertas del Hospital Japonés ante la saturación evidente de pacientes que esperan recibir la atención médica especializada. Antes de las 8:30 de la mañana, las 400 fichas de atención diaria que se ofrecen ya estaban agotadas. Y muchos pacientes aguardaban ser atendidos.

La directora del Hospital, Neisy Surriabre, reconoce la imposibilidad de "seguir atendiendo a toda la gente" por la falta de personal en el centro de salud. "Tenemos 300 camas, pero la demanda supera las 400 camas. El 100% de los servicios de internación esta copado", aclara la médica.

El desborde de pacientes es evidente. Más de un centenar de personas aguarda en la puerta del hospital para poder acceder a algún tipo de consulta.

Surriabre recuerda el déficit de más de 200 ítems para personal médico, enfermeras y otras funciones que se requieren en el centro. Ante esta limitación de recursos humanos "la gente no puede ser atendida", lamenta la directora.

Esta situación de desborde también afecta a otros hospitales de tercer nivel que ofrecen el servicio de atenciones especializadas. Surriabre alega al desajuste entre el crecimiento de población y la dotación de ítems en el mismo periodo de tiempo. "La población crece, pero no se atiende a los requerimientos de personal", apunta.

Los hospitales de tercer nivel ofrecen la cobertura a más de 3 millones de habitantes que llegan de todas las provincias del departamento.

Por el momento, se ha incrementado el número de consultas en la medida la disponibilidad de especialistas. "Se hace el mayor esfuerzo pero no se puede responder a toda la demanda", manifiesta la directora del Japonés.

La falta de recursos humanos afecta a especialidades y subespecialidades que no cuentan con el personal requerido. Como ejemplo Surriabre refiere el servicio de Nefrología donde solo hay un médico y no es factible duplicar las atenciones en esta especialidad.


Numerosos pacientes aguardan un cupo de atención en el hospital Japonés. Foto: Juan Carlos Torrejón

Las largas filas incomodan a la gente. Foto: Juan Carlos Torrejón



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