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A una semana de las elecciones subnacionales del 7 de marzo, monseñor Sergio Gualberti, arzobispo de Santa Cruz, animó a todas las personas a ejercer sus derechos y deberes de ciudadanos, a dar un voto responsable y a elegir a los candidatos que, en sus programas, priorizan la salud, la vida y el bien común, que trabajan por la libertad, la justicia, la dignidad de las personas, y que luchan en contra de la corrupción y toda discriminación, con miras a una convivencia pacífica y fraterna. 

"Hagamos que las elecciones se desarrollen con transparencia y en paz, como una verdadera fiesta democrática y que se abran horizontes de esperanza y bienestar para todos", dijo Gualberti durante la celebración de la misa en la catedral cruceña.

Asimismo, invitó a confiar en Dios y en su palabra, para poner este evento en sus manos providentes y seguir a Jesús en el camino a la Pascua, la fiesta de la luz y de la vida, como se ha cantado en el estribillo del salmo: 'Caminaré en presencia del Señor'.

"Han pasado diez días de camino cuaresmal y el evangelio de hoy, segundo domingo de Cuaresma, nos presenta la transfiguración de Jesús en el monte Tabor, en el momento decisivo de iniciar su último viaje a Jerusalén, donde le esperan la pasión, la muerte y la resurrección, eventos que Él había preanunciado a sus discípulos unos días antes", expresó Gualberti, recordando pasajes de la Biblia.

Y añade: "Jesús sube a la montaña, el lugar preferido donde se retira a menudo para orar, encontrarse tú a tú con el Padre y compenetrarse con su voluntad. Lleva consigo a Pedro, Juan y Santiago, sus apóstoles más cercanos, los testigos de los momentos más cruciales de su vida y misión. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes. Su semblante transfigurado y las vestiduras blancas inundadas de luz son el signo anticipado de Jesús resucitado y glorioso, vencedor de las tinieblas del pecado y de la muerte.

De pronto en la escena, aparecen, dialogando con Jesús, Moisés y Elías, los dos personajes centrales de la antigua Alianza, que representan respectivamente la ley y los profetas del pueblo de Israel. Su presencia indica que ahora es Jesús el nuevo Moisés y el nuevo Elías que lleva a cumplimiento el designio de salvación de Dios e instaura la nueva y definitiva alianza de Dios con la humanidad

Pedro, asombrado ante esa manifestación divina, exclama: 'Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías'. Sus palabras indican que no comprende en profundidad lo que está pasando.

También nosotros, como Pedro, a menudo nos quedamos en lo superficial y no tenemos una mirada de fe sobre lo que pasa en nuestra vida personal y sobre los acontecimientos del mundo, por eso no logramos descubrir los designios de Dios sobre nosotros y sobre la humanidad.

De pronto una nube los envuelve a todos y se oye una voz: 'Este es mi hijo muy querido, escúchenlo'. La nube, en la Sagrada Escritura, es signo de la presencia de Dios, una presencia real, pero que trasciende los sentidos y el alcance del hombre. 'Este es mi Hijo muy querido', es el mensaje central de la transfiguración proclamado en ese escenario extraordinario por Dios mismo.

Esta proclamación solemne confirma de antemano que la pasión y muerte de Jesucristo, no representa el fracaso de su misión, ni es una sumisión pasiva a los azares de la historia, sino que es parte del plan misterioso de la salvación", indicó el arzobispo de Santa Cruz.

Más adelante, Gualberti pidió a los feligreses escuchar el llamado de Dios para abrir nuestros corazones al evangelio, conformar nuestra vida a la de Jesús y estar dispuestos a recorrer el camino de la cruz para compartir también con él la gloria de la resurrección.

"Hace falta escuchar y tener una fe sólida en Jesucristo. Este mandato de Dios indica claramente que no son suficientes las revelaciones extraordinarias o hechos prodigiosos para sustentar la vida cristiana, sino que hace falta escuchar y tener una fe sólida en Jesucristo.

La primera lectura presenta un ejemplo luminoso de fe; el patriarca Abrahán, hombre justo que cree firmemente en Dios, obedece a su mandato, sale de su tierra natal y cambia el rumbo de su vida para cumplir la nueva misión que le confía el Señor. La fe de Abrahán es tan grande que, además de dejar todas las posesiones y las relaciones de su vida, está dispuesto a ofrecer en sacrificio a Dios a Isaac, su hijo único, el bien más querido, la esperanza y la razón de su existencia.

Semejante testimonio de fe del patriarca Abrahán, nos cuestiona profundamente ¿Qué tan grande es nuestra fe?, ¿Estamos dispuestos a jugarnos por Dios nuestro tiempo y energías, nuestros bienes o cualquier otro amor terrenal?, ¿Escuchamos su palabra, confiamos en él, reconocemos y agradecemos tantas muestras de amor?, ¿Damos nuestra disponibilidad para que su plan de salvación se vaya haciendo realidad en nuestra vida y en la de los demás?, ¿estamos dispuestos a recorrer, junto a Jesús, el camino de la cruz y a mantener viva la esperanza de la vida nueva en el Resucitado?", preguntó Gualberti. 

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