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Han dejado sus quehaceres en los chacos y en la crianza de animales para ir a pelear contra las lenguas de fuego que avanzan embravecidas, avivadas por las fuertes corrientes de viento.

No quieren que los incendios forestales acaben con la principal Reserva Municipal de Copaibo, en Concepción, un área de incalculable valor que estaba siendo preservada para generaciones futuras, como ya lo hicieron con las plantaciones destinadas al aprovechamiento de aceite de copaibo, afectando el sustento de 90 familias.

Los pobladores de las comunidades de Santa Mónica y Río Blanco, en Concepción, y de El Rancho, en San Javier, que forman parte de las Tierras Comunitarias de Origen (TCO) Monteverde, vienen sintiendo los graves efectos por los incendios forestales desde el año pasado. 

La extracción de aceite de copaibo en las áreas de aprovechamiento, localizadas fuera de la reserva, se encuentra paralizada desde agosto del año pasado debido a que el fuego calcinó medio centenar de árboles de esta especie y, los que quedaron de pie, no han producido suficiente resina debido a la sequedad del ambiente y al estrés al que estuvieron expuestos. 

Algunos árboles ni siquiera han regalado su floración debido a este motivo, según la institución de Apoyo Para el Campesino-Indígena del Oriente Boliviano (Apcob).

Las comunidades de Santa Mónica y Río Blanco no están cosechando ni una gota de aceite desde hace 13 meses, mientras que la de El Rancho ha reducido la extracción hasta un 25%. 

En términos económicos eso significa una pérdida de Bs 20.800, solo para dos primeras comunidades, ya que cada una suelen cosechar un litro de aceite cada mes de los 400 árboles que tienen en el plan de manejo y venden cada litro a razón de Bs 800. En Santa Mónica la afectación es mayor, ya que su producción, que alcanzaba a los 10 litros mensuales, bajó hasta un 25%.

Según Patricia Patiño, directora de Apcob, las mujeres, agrupadas en asociaciones, son las que se dedican a esta actividad y son 90 familias las que se han visto afectadas directamente.

Zulema Barahona, coordinadora de Proyecto Apcob, afirma que a esto se suman las pérdidas por la venta de productos elaborados a base de resina o agua de copaibo, como champú, cremas y jabones, que también está estancada.

“Este es el nivel de afectación a las asociaciones en su aprovechamiento del árbol de copaibo. Algunas están gastando su capital (para poder subsistir). Cuando esto pase será como volver a empezar, siendo que ya tenían más de cinco años de venir trabajando bajo este modelo”, dice Barahona.

Según los reportes de la zona, el año pasado se quemaron plantaciones jóvenes que fueron sembradas en barbechos para reforestar la zona y garantizar el aprovechamiento del aceite en un futuro próximo, mientras que en la comunidad de Río Blanco también quedaron calcinados 50 árboles vetustos, de más de 25 años, de los que ya se extraía aceite.

Manejo sostenible

En la Chiquitania el aceite de copaibo es usado desde tiempos inmemorables como remedio para curar las heridas, las picaduras, como analgésico y en otras aplicaciones curativas. El nombre del árbol, copaibo, deriva de Kuapa’y, palabra de origen guaraní, que significa árbol que cura.

Antiguamente los chiquitanos, para extraer el aceite, hacían un corte profundo en el tronco del árbol (por donde escurría aceite de forma permanente), pero como esto significaba herir de muerte al ejemplar decidieron cambiar la forma tradicional, introduciendo nuevas técnicas de aprovechamiento que garantizan la vida del árbol. Ahora, con la ayuda de una broca, hacen un orificio pequeño en el tallo, donde insertan un tubo cerrado y cada mes retiran la tapa a fin de cosechar el aceite acumulado.

La reserva

Actualmente ya se ha registrado un incendio en la TCO Monteverde, en Concepción, pero lo que más preocupa es el incendio en la Reserva Municipal de Copaibo, un área de conservación de más de 347.000 hectáreas que, además de ser un sitio de gran riqueza forestal y biodiversidad, fue creada para preservar el árbol de copaibo.

De hecho, su nombre se lo debe a esta especie emblemática para los chiquitanos, asegura el alcalde de Concepción, David Mollinedo, al agregar que en lugar hay varias especies arbóreas, entre ellas, grandes manchas de copaibo y, de ahí, su nombre simbólico.

Este lugar lleva ardiendo más de 40 días y el fuego ya ha destruido 42.546 hectáreas de bosque.

La coordinadora de Proyecto de Apcob considera que lo está sucediendo en el área protegida es muy grave no solamente por la biodiversidad del sitio, sino también porque se estaba preservando la especie de copaibo, que hace años ya se sabía que valía la pena conservar para aprender y estudiar más sobre ella. “Preservar este sitio garantizaba su reproducción en otros sitios de Monteverde y áreas aledañas. Esto es realmente grave”, afirma.

En esto coincide Patiño, quien asegura que “la reserva tiene como uno de sus fines que los árboles de copaibo sean protegidos para que en un futuro puedan proveer de aceite a las familias chiquitanas”.

Por su parte, la secretaria de Medio Ambiente de la Gobernación, Cinthia Asin, explica que un 77% de dicha área forma parte de la Reserva Forestal Bajo Paraguá

Su importancia ambiental es vital. Se trata de un bosque de transición amazónico-chiquitano y su mayor riqueza es la forestal: hay árboles de mara, morado, tajibo, roble, sirari y otros tipos de especies madereras que son aprovechadas bajo manejo sostenible, a través de concesiones.

El suelo es de baja fertilidad, poco profundo y de fácil degradación, por eso su uso es forestal y no agrícola. Además, tiene una variedad de especies aprovechables, como copaibo, cusi, almendra, palma real y asaí, resalta Asin.

En cuanto a la fauna su riqueza también es incalculable y, con respecto a los servicios ambientales, el bosque constituye un regulador de agua, de microclimas, además albergar numerosos ecosistemas.

Piden investigar

El alcalde Mollinedo asegura que se debe investigar quién inició el fuego en un área, que no está destinada a la agricultura. En la zona hay asentamientos nuevos y se cree que allí se inició la quema.