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“Estoy yesca, pero con la idea clara de lo que queremos lograr”. Con esta frase Carmen Arteaga, habitante de San Luisito y dirigente de OTB en San Ignacio de Velasco, describe la situación en que se encuentran los indígenas del oriente que llegaron a Santa Cruz hace mes y medio después de caminar durante 37 días desde Trinidad, capital de Beni, en defensa de la tierra y su territorio.

Su comunidad no tiene problema de avasallamientos, pero otros puntos de ese municipio sí, como Bajo Paraguá y el Parque Nacional Noel Kempff Mercado. Sigue firme en la marcha indígena que desde hace casi 50 días se refugia en el coliseo de la UAGRM.

“Si bien mi comunidad no está avasallada, nuestra causa es una sola, la Chiquitania, y si nuestros hermanos están avasallados, tenemos que luchar por todos”, dijo.

Eran 60, pero han quedado siete. Lamentó que el dirigente de la Asociación de Cabildos de San Ignacio de Velasco (Acisiv), Fernando Rojas, los abandonara y tratara de convencerlos de desprenderse de la marcha. “Estamos acá, y él anda por allá con el INRA. No confiamos en ninguna de las dos Acisiv, y solo participaremos cuando exista una sola Acisiv”, arremetió.

Desde que salió de su comunidad, Carmen no se quita el rosón negro en honor a Lino Peña. “Murió peleando su tierra de Ebenezer, no se hizo justicia y nuestros mismos dirigentes no hicieron nada. Estamos de luto por ese hermano fallecido”, dijo.



Benito Condori, del Conamaq, no tiene pensado desistir, a pesar de que no ve acercamiento con el Gobierno nacional

En todo este tiempo, Carmen dejó de preparar masas para vender en el pueblo, de cuidar a sus pollos y su chaco con maíz y arroz. Los Bs 300 con los que salió ya se esfumaron. “Estoy yesca, pero con la idea clara de lo que queremos lograr. No creo que esté perdiendo algo; vinimos a pelear el territorio, salí con esa mentalidad y no pierdo la esperanza”, afirmó.

Antonio Ignacio Moye es cacique mayor del pueblo mojeño trinitario. Su comunidad, Santa Isabel, se encuentra en la TCO Yuqui Ciri, en el trópico de Cochabamba. Es el único que vino de su familia, pero lo acompaña una comitiva de diez personas de su nación indígena. Normalmente vive de la pesca en el río Ichilo, que tiene serios problemas de narcotráfico, de la siembra y cosecha de plátano y arroz, y de la construcción de casas.

De la plata que trajo no queda nada, pero coincide con Carmen. “No estoy perdiendo, el pueblo nos mandó en esta misión de defender el territorio”, dijo, a pesar de que nadie está atendiendo su chaco. Tiene fe de que las bases lo ayudarán cuando retorne.

El mayor problema de los mojeños trinitarios está en Magdalena, un territorio avasallado por los colonos. En este momento se lo están repartiendo”, lamentó.

Antonio cree que habrá respuesta a los pedidos de la marcha, pero que no será del Gobierno. “No lo necesitamos, ni pensamos que obtendremos algo de las autoridades nacionales, pero estoy seguro de que saldrán cosas buenas de esta marcha”, aseguró.

El cacique ansía volver a comer pescado, carne de monte, plátano, y tomar jugos naturales de fruta, que eran parte de su dieta.

Ruth Ortega es la esposa de Marcial Fabricano, vocero de la marcha. La pareja dejó su chaco en otras manos, y el puesto que tienen en el mercado de Trinidad lleva 80 días cerrado. “Para poder abrirlo nuevamente tendremos que pagar las multas de todo este tiempo por sitiaje, inasistencia a reuniones, etc.”, reconoció.

“Hemos dejado el trabajo para estar aquí, la lucha grande para todos es por mejores días, no tanto para nosotros que somos mayores y nos queda poco tiempo, pero al menos para que las futuras generaciones conozcan sus territorios vírgenes, la naturaleza”, dijo.

Ni a Fabricano ni a ella, ambos con patología de base, les faltan medicamentos, gracias a sus hijos y a la solidaridad de la gente, que espera no se agote. Le molesta la insensibilidad de las autoridades, a las que llama “malos padres de la patria”, porque no les importó el sacrificio de mujeres, niños y ancianos. “Sentimos racismo y discriminación de parte del Gobierno, no tienen corazón”, lamentó.

Adolfo Chávez es indígena takana de la comunidad Tumupasa, que está dentro de la TCO Takana 1, en San Buenaventura, La Paz.

Según Chávez, actual encargado de relaciones internacionales de la Coica, máxima organización internacional de los pueblos de tierras bajas, desde el 2011 abandonó su chaco y sus animales, por la “persecución del Gobierno”.

Chávez explicó que “los hermanos, al participar de la marcha, abandonan sus sembradíos, sus casas, pero que la acción de estar en la marcha marca un antes y un después. “Vale el sacrificio porque no estamos acostumbrados a estar subyugados, por eso reaccionamos”. A pesar de la falta de respuesta, aseguró que la marcha no es en vano porque genera conciencia dentro de los territorios y genera una ola de sensibilidad.

Ariel y Manuel Duri son hermanos, ambos estuvieron en Chaparina, y Ariel, que además es dirigente de la comunidad Sinaí, en el TIM2 Takana, en Pando. En su brazo, Ariel tiene las cicatrices que le dejó un alambrado de púas cuando trató de huir de la Policía.

Su esposa murió, y para participar en la marcha dejó a su hija al cuidado de su madre.

Le incomoda que los dirigentes de su territorio negocien la tierra con colonos y lamentó que los fondos del Banco de Desarrollo Productivo nunca sean para los indígenas de tierras bajas.




Los hermanos Manuel y Ariel Duri; ambos estuvieron en Chaparina

Junto a los otros comunarios consiguió una planta para el procesamiento de almendras, que hicieron a puro pulmón y que hasta ahora no despega, por más que tienen certificación para proveer al mercado interno.

Ariel subsiste con el cultivo del maíz, pero ya dio por perdida su siembra. “Estamos bravos con el Gobierno, incumplen lo que prometen, como el respeto al territorio y a la consulta previa”, dijo.

Benito Condori es del norte de Potosí y del Conamaq; apoya la marcha porque en las tierras altas también son avasallados. Vive de la siembra de papa, haba, arveja. “Tenemos parcelas personales, por eso decimos que nuestro sistema no es socialista, el que siembra más, come más”.

Económicamente está “súper afectado”, pero seguirá firme para no regresar con las manos vacías.

Gladys Pachuri es de la comunidad San Andrés, en Guarayos, vino con toda la familia y dejó el chaco “a la de Dios”. El jueves cumple nueve meses de gestación y no tiene ni ropa para su bebé. Aun así, se niega a marcharse.

“No siento que hubiéramos perdido, estamos luchando. Hubo avasallamientos en mi comunidad, por eso vinimos, los paisanos nos avasallaron y no queremos que nos quiten las tierras”, aseveró la mujer.


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