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Tenía ocho años -relata Iver Miranda (43)- cuando sus creadores lo hicieron partícipe de la decisión de partir de su natal Yacuiba (Tarija) a la tierra prometida (Santa Cruz) en busca de mejores días. El destino los llevó a El Torno, municipio cruceño distante 32 km al sudoeste de la capital cruceña.

Allí se afincaron en Villa Esperanza, comunidad cuya casualidad del nombre, asegura, les cambió la vida y transformó sus sueños en un proyecto agrícola que se convirtió en su medio de vida y subsistencia familiar.

Su padre lo incentivó a incursionar en la agricultura. Recuerda que él producía plantines y cítricos en pequeña escala. “La escuela de la vida me formó como fruticultor y esta noble actividad resultó como mi comunidad, la esperanza de mejores días. Por eso, siempre digo que esta actividad (agricultura) alivia y salva la economía de muchas familias y miles de trabajadores del campo en estos tiempos de crisis”.

Después de 25 años -dice- es un pujante productor de cítricos, cuyo chaco abarca 10 hectáreas. Con este emprendimiento, en el que trabaja codo a codo con su esposa, Arminda, sostiene la economía familiar y sustenta a sus hijos Yudith (23) y Alex Naider (19). 

La hija mujer está en plena formación universitaria en la carrera de Auditoría y el varón aspira a formarse en el área de Agronomía. “Adquirirá experiencia científica para sacar mayor provecho a la tierra y seguramente será un próspero fruticultor”, dijo, en alusión a su retoño.

Mencionó que la fruticultura no genera millones de bolivianos, pero cree que con apoyo de las autoridades de los tres niveles de Gobierno puede convertirse en una actividad económica con mucho protagonismo. 

Alude que El Torno, por ejemplo, es un municipio con una capacidad productiva de cítricos muy alta y que requiere una industria para procesar y dar valor agregado a las 1.500 hectáreas en producción que existen en la zona.

“La gente humilde que hace agricultura familiar también es importante y es, como dicen los médicos en este tiempo de emergencia sanitaria, esencial para revertir la crisis y cuidar el empleo de la gente que depende de las actividades del campo. La agricultura salvará la economía de este país”, exclamó.

Con firmeza sostiene que Santa Cruz es una tierra bendita y que lo más valioso es su gente que siempre está presta a ayudar. “En esta tierra ofreces un guineo y te lo compran. El emprendedor tiene oportunidades”.

No cree en el coronavirus

“Desde mi punto de vista no existe. Anduve por todos lados en los momentos de más contagios y estuve en los centros de abasto mayoristas donde se decía que era foco de infección y no me ocurrió nada. Es el Creador quien decide día, lugar y hora de partir de este mundo”.