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Mientras médicos, psicólogos y políticos discuten sobre la nueva normalidad de convivencia que deberemos aprender en la pospandemia, José Luis corretea tranquilo por el amplio patio de su casa en Valle Sánchez. 

Ya van más de cinco meses que no puede salir a la calle, pero a él, no le preocupa.

Tiene 6 años y había iniciado su primer año escolar. Su sonrisa picarona y su cara inquieta demuestran que es un niño vivaz e imaginativo. 

Vivian, su madre, reconoce que es bastante independiente e “ideoso”, lo que ha facilitado, y mucho, sobrellevar estos días. Madre e hijo viven en casa de los abuelos, José y Fanny, en un amplio terreno que cuenta con algunos árboles y un pequeño gallinero.

Estos días, José Luis acompaña a su abuela mientras alistan los horneados típicos. El pequeño, aguarda su momento. “Le ayudo a mami Fanny para amasar las bolitas”, ayuda imprescindible según él.

Luego, vigila el horno de barro junto a sus primas Valentina y Natalia para degustar su obra. En su casa, hay tradiciones que perduran, como el infaltable café de la siesta, que reúne a la familia.

Aprovecha las mañanas, cuando su madre se ausenta por el trabajo, para ingeniarse una y mil aventuras acompañado de su leal Tommy, que está bajo su responsabilidad, y Fiona, los perros de la casa.

Sube a los árboles para dominar territorios, compite en carreras que dan vuelta a la casa mientras domina el arte de “andar en bici sin las ruedas de seguridad”, o exploran, con esa mente inquieta, la rutina de las hormigas.

Cuando retorna Vivian, José Luis y Tommy descansan agotados, recargando energía para proseguir con esta maravillosa labor de sentir la vida. La complicidad entre perro y niño la describe José Luis con gran sabiduría. “Tommy es travieso y no hace caso – diagnostica su cuidador- pero es así porque es juguetón”. Trata de mantener la seriedad, pero sus labios no aguantan y delatan su picardía: “Yo también soy juguetón”.

Responsabilidad mutua

A lo largo de estos cinco meses, madre e hijo han marcado ciertas responsabilidades que permiten ordenar el día. José Luis se encarga del cuidado y atención de Tommy. 

Por las tardes, se dedican a hacer sumas, restas y a leer. Su interés por los números ‘obligan’ a largas horas de bingo o de monopolio mientras identifican los dígitos o realiza las cuentas de la caja bancaria.

Las tareas escolares le han empujado a la actuación. Mediante videos caseros ha compartido con su profesora diversas actividades de su día a día. 

Llegó a escenificar una consulta veterinaria para revelar “lo que quiere ser de mayor”.

“No es fácil; llegas cansada, con la preocupación que a todos no envuelve, y tienes que abstraerte para compartir esos momentos sin demostrar temores”. José Luis, parece no darse cuenta de eso, aunque, a veces, sorprende a su madre con reflexiones asombrosas. Le propuso ir al trabajo junto a ella para que no se canse tanto y vuelva a casa con ganas de jugar. Ese es José Luis, un inquieto niño que disfruta cada día con alma de aventurero.