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Todo es verde lechuga. O rojo. O blanco. O los tres al mismo tiempo. Metro por metro, los colores ‘lotean’ desde la entrada. Todas ellas. Es la avenida Busch, casi segundo anillo. La música se cuela desde dentro. Podría ser una tarde de clases en la ciudad universitaria. Podría.

Después de un muro inerme que dice, con robustas letras, ‘Saúl rector’, un pasacalles color legumbre con el escrito ‘Somos U’ y otro rojo que quiere a ‘Waldo rector’ se adueñan de lo alto de una reja de ingreso vehicular, que bien puede ser el sitio para un letrero de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno. La ‘U’ de Santa Cruz, la Gabriel, la segunda más rica de las 11 estatales del país, con Bs 1.178 millones de presupuesto para este año, como consta en el registro público del Ministerio de Economía.

Mientras más adentro, más fuerte el volumen. Banderines, ejércitos de muchachos uniformados y entusiastas, petardos, regalos. A la izquierda: el edificio donde se supo acomodar la universidad privada Unifranz. A la derecha: golpean los bits de música electrónica donde Fabio Salvatierra, un joven que anima una tienda de campaña de Saúl Rosas, candidato a la reelección el 8 de julio, dice lo siguiente: “¡Pasen, pasen! Entradas gratis para el show de Raúl Mamani (el comediante de televisión)”.
Vocea y luego explica, ya sin micrófono, que atraen a los estudiantes porque invitan el almuerzo, dan entradas gratis, clases de zumba (por supuesto, gratis); organizan torneos de ajedrez y de fútbol; o regalan números para una rifa donde el primer premio es una tablet. Todo gratis. G-r-a-t-i-s.

Cinco tras el sillón
Hay cinco frentes que luchan por la silla del Rectorado. Hay un sexto, pero puede quedar fuera. Rosas, de Unidos, que ya fue dos veces rector (1999-2002 y 2012-2016), comanda uno; Alfredo Jaldín, de Somos U, que ocupó el puesto una vez (2005-2008), dirige otro bando; Waldo López, de Primero La Gabriel, exaliado de Rosas, es el tercero; Sergio Justiniano, de Transparencia Universitaria y varias veces candidato, otro; Miguel Cadima, el predicador de Cambio Real, el quinto. Y Gustavo Coimbra, de FURA, es quien puede ser inhabilitado porque la Corte Electoral Permanente observó a su compañero de fórmula, Pedro Bazán. Todos dicen estar muy —pero muy— preocupados por el tema académico y que, si les toca, sabrán administrar dignamente los más de mil millones de bolivianos.

Basta revisar un par de portales internacionales para saber por qué preocupa lo académico. Por ejemplo: el ranking de universidades Latin America 2015, de una respetada calificadora —la británica QS University Rankings, que evalúa producción de conocimiento, desarrollo de tecnología, intercambios académicos—, señala que la Gabriel ni siquiera figuró entre las primeras 300 de Latinoamérica el año anterior.

Por ejemplo: de acuerdo con el Ranking Web de Universidades de Bolivia, del Consejo Superior de investigaciones Científicas (CSIC), de España, el alma máter cruceña fue, para enero, la cuarta del país, después de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), de La Paz; de la Universidad Mayor de San Simón (UMSS), de Cochabamba; y de la Universidad Católica Boliviana (UCB).

Pese a que es la segunda estatal de mayor presupuesto (poco menos de Bs 200 millones por debajo de la UMSA), la ‘U’ de una región que produce siete de cada 10 alimentos que el país consume y que tiene, fácil, un tercio de la población nacional.
Pero en la ciudad universitaria, las propuestas académicas están detrás de los ‘regalos’ de la campaña, ‘suvenires’ que copan todo. Con pocas excepciones, muy pocas. Regalos aquí y allá.

Tres semanas intensas
Fabio se siente en casa. Cuando va a anunciar una fiesta, llama ‘tío Saúl’ a Saúl Rosas, que todavía aparece poco en persona. Sin restarle nada al campus, que está en la gran manzana que une a la ‘U’ con el primer anillo, en los módulos caminan (o conducen) buena parte de los 100.000 estudiantes con derecho a voto. Jaldín también sabe eso y por esa razón tiene una tienda al lado de la de Saúl, frente a la puerta trasera de su búnker de Somos U, que a su vez da a la calle, hacia el segundo anillo.

“Buenas tardes, mi nombre es Gabriela Jaldín”, dice una rubia de cabellos encrespados, bajita y de voz suave. Detrás suyo, un muchacho retira del encuadre de la cámara una cartulina blanca que anuncia un bingo universitario, donde el primer premio es una bicicleta montañera y el segundo, un ‘smartphone’ Samsung S6. Gabriela, por su lado, convencida, dice que traer al estilista Ninón para que haga cortes de pelo gratis a los universitarios es una idea estupenda. Venga acá, hágase cortar el pelo y no olvide votar por Jaldín. Podría decirse lo mismo del lugar donde regalan algodones de azúcar, invitan qué comer o se puede jugar PlayStation.

Segundo anillo y ciudad universitaria, bajo la pasarela, una tiendita de Waldo López ha imitado a una de Jaldín, 20 metros a un costado. Dos chicas de polera roja hacen la manicura a medio mundo. “Todo free”. Nadie paga. Lo hace la campaña de Waldo. Se hacen diseñitos. Todo ‘free’, dice ahí. Igual que la convocatoria a una fiesta de Primero La Gabriel en un parqueo de la Busch.

A Cadima, su credo y su falta de plata le impiden pagar campañas así. Por eso le bastan con unos afiches y su megáfono, por donde pregona: “Soy más simpático que Brad Pitt y más fuerte que Iron Man”. Justiniano reniega de las campañas con ‘regalitos’. Dice que la campaña se debe hacer con ideas. A pesar de que él hubiera regalado alguna calculadora por ahí —imposible resistir—.

¿Y el debate? ¿Y lo que piensan los estudiantes? ¿Y la calidad académica? Como quién salva el honor, Efrén Cabrera, un estudiante acompañado de sus compañeros, decidió que había que preguntar. No fueron muchos. Pero alguien debía pedir que, al menos, dejen pasar clases. Pero todo es verde lechuga. O rojo. O blanco. O los tres. La música es fuerte y poco se oye todo lo demás