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Ante un escenario incierto y que crea temor la Iglesia dejo de lado las confesiones individuales para realizar una celebración penitenciaria comunitaria, en diferentes horarios, en las distintas parroquias de Santa Cruz.

Una vez más la Semana Santa, fecha religiosa muy sentida por los católicos, se celebrará condicionada para la realidad sanitaria que afecta al país y al mundo.

En este contexto, monseñor Sergio Gualberti, Arzobispo de la Arquidiócesis de Santa Cruz de la Sierra, centro su mensaje en la confesión y en la capacidad para reconocer nuestros errores y la humildad para pedir perdón.

El religioso hizo notar que muchas veces la personas por lograr su libertad plena se alejan de la Casa del Señor, se extravían y tornan esa libertad en un capricho que los daña y confunde.

Para escenificar sus palabras Gualberti recurrió a la parábola del padre y sus dos hijos. En la misma, uno de ellos le pide a su progenitor parte de su herencia, para luego alejarse y gastar todo ese dinero hasta quedar pobre y tener que trabajar alimentando cerdos y sufriendo por el hambre.

Es en este punto donde el hijo, reacciona y reconoce su error y busca el perdón de su padre. Para ello, el Arzobispo resalta que para logar aquello uno debe ser humilde y valiente y aceptar nuestros errores, pero que eso no alcanza, se necesita dar un paso más que es el de pedir perdón.

Es el paso que da el hijo arrepentido que reconoce que ha pecado contra el cielo y su padre y que por ello no merece ser reconocido como un familiar, sino como un empleado. Sin embargo, para el padre el regreso de hijo no es motivo de acusación o de hacer notar las fallas y sus efectos por la conducta de su muchacho, sino todo lo contrario es tomado como un motivo para celebrar y festejar.

¿Qué se festeja?

Es la pregunta que se hace su segundo hijo, aquel que siempre estuvo al lado de su padre y que nunca contradijo una orden suya.

Es ese hijo que lo cuestiona y le echa en cara que nunca tuvo un agasajo, ni se sacrificó a algún animal en su honor y que al contrario para el hijo descarriado se realiza todo tipo de gastos, reconocimientos y halagos.

En respuesta el padre le indica que el festejo se debe a que su hermano, que estaba perdido y muerto, ha retornado al hogar y volvió a nacer.

Gualberti reflexiona que, así como este padre es misericordioso y deja de lado el rencor, Dios hace lo mismo con sus hijos que han cometido algún tipo de pecado o que han elegido una vida de excesos.

Pero para lograr el perdón es necesario no tener miedo de nuestros pecados y tener la suficiente fortaleza para confesarlos y si no es de manera individual, la acción comunitaria es una opción válida.

Monseñor Gualberti considera que en estos tiempos es necesario realizar una reflexión sobre nuestros actos, ver si somos personas comprometidas, justas, que hemos honrado nuestras promesas.

Es pertinente tener una reacción para lograr la conversión a partir de la confesión que nos permite comprender nuestros errores y reconocer nuestros pecados.

La expresión y confesión de los errores, a criterio de Gualberti es el puente para lograr una vida nueva, algo que con la llegada de Jesús es posible ya que él no hace una diferencia entre justos y pecadores y es más, es observado por sentarse a comer con aquellas personas que cometieron algún error.

Esto es posible porque Dios es un Padre misericordioso que sólo sabe Amar y Perdonar.

“Por el pecado nosotros perdemos la dignidad de hijos de Dios, pero ante nuestro arrepentimiento Dios no las devuelve, y nos hace renacer a la vida nueva. Aquí se revela verdaderamente el rostro de Dios, el rostro de Padre misericordioso que sólo sabe amar y perdonar”, sostuvo el religioso.

Al estar dispuesto al perdón la persona logra una purificación que le permite continuar con su vida y no vivir con el constante temor por los actos equivocados que cometió.

El amor incondicional de nuestro Creador es el camino que debemos elegir, para ello la llegada de Jesús nos abre el camino y la posibilidad a un cambio profundo, duradero y real.

 



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