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Por  Silvana Vincenti 


Pudo ser peor, coinciden expertos, como ocurrió en Guayaquil (Ecuador) y Loreto (Perú).

Bolivia la ‘sacó barata’ en la primera ola del Covid-19, sin embargo, la experiencia epidemiológica mundial muestra que el segundo golpe es más duro. Ese es el temor de las autoridades, por eso el Servicio Departamental de Salud (Sedes) de Santa Cruz y el gobernador Rubén Costas anunciaron oficialmente el rebrote, que de acuerdo a la velocidad de los contagios, podría convertirse en la próxima ola.

Solo en la primera quincena de diciembre se reportaron 1.277 casos positivos de Covid-19, superando los 929 de noviembre. “Hemos crecido en 300% con relación a la meseta”, dijo Marcelo Ríos, titular del Sedes.

EL MANEJO Y LOS HITOS

La pandemia llegó al país el 10 de marzo de este año, cuando se reportaron los primeros dos casos, uno en Santa Cruz y otro en Oruro.

En la capital cruceña, la paranoia se apoderó del personal médico, alimentada por la falta de equipos de bioseguridad. Las cosas se fueron arreglando en el camino pero, sin duda, el clamor de la población, escuchado por las autoridades, impuso la cuarentena rígida desde el 22 de marzo hasta mayo.

Según Virgilio Prieto, ex jefe nacional de Epidemiología, y Carlos Alberto Hurtado, gerente de Epidemiología del Sedes Santa Cruz, esa medida fue decisiva para prevenir el desastre. “Logramos mantener la curva plana por diez semanas, cosa que no pasó en ningún otro país”, aplaudió Hurtado.

Prieto citó un estudio de la Universidad John Hopkins, según el cual Bolivia fue el país que mejor cumplió la inamovilidad, “65% de la población dejó de moverse durante casi dos meses”, dijo.

En Santa Cruz, en la tercera semana de mayo hubo un pequeño pico que coincidía con las primeras flexibilizaciones de la cuarentena; en junio se dio la saturación de los centros para diagnosticar y los hospitales, mientras que el 17 de julio el departamento cruceño registró la peor casuística, con 1.245 nuevos enfermos.

Para Prieto, la creencia de los movimientos sociales de que el Covid-19 era invento, con la agitación política respectiva, aceleró la transmisión. Sumado a eso, lo que llama “opinión seudocientífica” perjudicó a Oruro, Potosí y La Paz. “Fue contraproducente la afirmación de que la altura haría la contención”, dijo.

Junio, julio y agosto fueron los peores meses, según informes epidemiológicos, y la desescalada de los casos empezó en septiembre, con excepción de Tarija.

Prieto dice que, en general, la inversión en salud no ha sido la adecuada, y que debido a los organismos de cooperación internacional se pudo responder al virus de la mejor manera.

Su evaluación apunta a que Beni fue el que peor gestionó la pandemia, a diferencia de Santa Cruz, y destacó el sacrificio de la población.

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