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Llegar a cumplir casi un centenar de años le ha dado tranquilidad y paz en su vida, pero también le recuerda que uno no es inmortal; don Javier Moscoso vino desde España a Bolivia con uno de sus hijos, quien le está cumpliendo uno de sus deseos, despedirse de sus familiares y de sus amigos, aquí, en el país,  para festejar su cumpleaños 98 en su natal Sucre, que los cumplió ayer, en compañía de su numerosa familia.


Javier Moscoso Etcheverry (6-06-1919) estuvo ligado a las Fuerzas Armadas, en la década de los 40 del siglo pasado, primeramente en La Paz y luego en la Escuela de Aviación Boquerón de la Fuerza Aérea Boliviana, que tenía como base Santa Cruz.


Recuerda a algunos de sus  compañeros dos expresidentes, René Barrientos Ortuño y Juan José Torres Gonzales, y también a Rubén Costas Menacho, padre del actual gobernador cruceño, que pertenecía al arma de caballería, y a Oswaldo Krutzfeldt, de infantería.


Uno de acontecimientos que le tocó vivir y lo tiene fijo en su memoria es cuando se encontraba hospitalizado debido a un accidente mientras montaba un caballo en La Paz. “Entra el doctor y me dice que hubo un golpe de Estado, salgo con él y nos dirigimos a una sala donde estaba tendido en una camilla el presidente Germán Busch. Pude notar entre una sábana que lo cubría que aún respiraba. En ese momento nos retiraron del lugar”, sostiene don Javier, al rememorar ese suceso, que aun es un misterio en la historia.


Poco antes de la Segunda Guerra Mundial, fue enviado a Alemania junto a otros aviadores para  adquirir conocimientos más avanzados y poder aplicarlos en el país.
También estuvo en Canadá, en unos cursos que le permitieron tiempo después presentar a las autoridades nacionales el bosquejo de la primera ley aeronáutica de Bolivia y que luego de algunos ajustes, fue la norma que rigió la aviación en el país.

España
En enero de 1971 fue nombrado cónsul de Bolivia en España, orden que le fue encomendada por el presidente Juan José Torres y parte para ese país. Pese a que estuvo pocos meses en el cargo, debido al golpe de Hugo Banzer, trató de cumplir con el servicio a los compatriotas.
Después de dejar el consulado, formó una empresa que fabricaba envases para productos químicos y luego incursionó en otros negocios, entre ellos la fabricación de indumentaria para el club Barcelona de basquetbol.


Casado con María Luisa Gamio Gutiérrez, tuvo cuatro hijos: María Luisa, Javier, Marcelo y Luis Fernando. Tras la muerte, a fines del año pasado, de su compañera de toda la vida, les hizo prometer a sus hijos que lo trajeran al país. “No quiero cerrar mis ojos sin despedirme de mi familia y mis amigos”. Y aquí está, firme. Retornará a España el 1 de junio. 

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