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Se llama Penoco y llegó ayer a Santa Cruz de la Sierra junto a la marcha Chiquitana. En Tres Cruces se acercó a un campamento de los marchistas, aunque mantenía la distancia mientras aceptaba algunas sobras de comida. Tras el descanso y la reanudación de la marcha, nadie se percató de su paradero.

En la siguiente estación rumbo a Santa Cruz de la Sierra, Penoco volvió a aparecer en el campamento. Había seguido la marcha, sigilosamente, durante unos 20 kilómetros. Desde ese momento, se convirtió en la mascota de la columna que partió desde San José de Chiquitos.

La cacique general chiquitana Beatriz Tapanaché bautizó al perro con el nombre de Penoco, un árbol frondoso que abunda en la serranía de Chiquitos y da protección y cobijo en los días soleados.

Germán Gil, uno de los chiquitanos que se mantiene en vigilia en el atrio de la Catedral, asegura que la mascota pertenece a todos los marchistas. Ha recorrido más de 100 kilómetros "adherido" a los reclamos que movilizan a los indígenas en defensa de la tierra y el territorio.

"Todos los días encabezaba la marcha junto al puntero (persona que marca el ritmo y lidera cada trayecto de la marcha)", explica Gil. Ayer, a la llegada a Santa Cruz de la Sierra, se mostró afable y juguetón mientras respaldaba a los marchistas.Ahora, permanece en el atrio de la Catedral, a pesar de que también 'vueltea' por inmediaciones de la plaza, "siempre vuelve con nosotros", remarca Gil.

En 2015, la marcha de mineros potosinos hacia la ciudad de La Paz contó con la compañía de Petardo. El perro se incorporó a la marcha en Caracollo (Oruro) se mantuvo junto a los mineros  durante el tránsito por el altiplano y tampoco los abandonó durante las gasificaciones que sufrieron en la sede de Gobierno. A su retorno a Potosí, Petardo fue  recibido como una celebridad.


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