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A las 16:00 la mayoría de los comercios ya estaban cerrados en Los Pozos y solo se veía a algunos compradores y comerciantes camino a sus casas, sin mayores percances que el de esperar micro por algunos minutos. En La Ramada, a las 16:30, la situación era distinta, puesto que alrededor de la rotonda del monumento a Andrés Ibáñez, los ciudadanos estaban aglomerados y empezaban a correr para ganar espacio en los micros.

Pese al continuo perifoneo de una patrulla policial, un tercio de las tiendas sobre la avenida Grigotá, la Cañoto y en las calles que conectan ambas vías, la Chané, Tundi y Guaraní, seguían abiertas. “Cerré hace media hora porque ya no había clientes, pero sigo esperando micro y no aparece”, comentó Ricardo, un técnico de celulares que se subió a un bus que lo dejaba cerca de su destino.

A medida que pasaban los minutos, aparecía más gente en el lugar y empezaba a preocuparse al ver la aglomeración de personas y la poca cantidad de unidades de transporte público.

Algunos comerciantes comentaban que se quedarían en sus tiendas a cumplir la cuarentena para evitar el trajín y el riesgo de no encontrar transporte. Otros, señalaban que esperarían el límite de la hora porque tenían vehículo propio. También había quienes señalaban que habían alquilado habitación en los alojamientos aledaños y por eso no tenían prisa. Un encargado del residencial Chuquiago señaló que desde ayer, muchos de los comerciantes de los alrededores dejaron encargadas y pagadas habitaciones y que se encontraba lleno.

Cuando faltaban 15 minutos para la hora ‘tope’, agentes de la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP), ingresaron al restaurante Mesón Criollo, frente a la exterminal, a conminar a la propietaria a cerrar y a los comensales a retirarse, porque no tenían ninguna intención de cumplir la norma.

Cuando llegó la hora 18:00, desde el monumento a Andrés Ibáñez se podía apreciar en los cuatro puntos cardinales, las avenidas Cañoto, Irala, Omar Chávez y Grigotá, entre 200 a 300 personas que aún esperaban la forma de trasladarse a sus domicilios.

Para entonces, ya había desesperación cuando la Policía anunciaba que arrestaría a quienes permanecieran en la calle. Hubo grupos de personas que se ‘asociaban’ para tomar taxi que los lleve a determinada zona y se subían hasta en el maletero.

Entre las 18:00 y las 18:30, cuatro ciudadanos aparecieron en sus camionetas cobrando entre Bs 5 y 10 para trasladar pasajeros principalmente hacia el Plan Tres Mil.

A partir de las 19:00 empezó a verse gente que ya, resignada, empezaba a caminar, mientras que en las principales avenidas e intersecciones de la ciudad, ya estaban desplegados los policías haciendo notar a los ciudadanos, ‘de a pie’ y a los ‘motorizados’ que se habían excedido del horario permitido para circular.

Después de las 20:00, los controles comenzaron, a los vehículos sin permiso y a los caminantes que quedaron ‘rezagados’.



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