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En su misa dominical, el monseñor Sergio Gualberti, reflexionó que en esta Navidad, se debe vivir con alegría la venida del Señor, pero no la alegría del mercado y de los regalos que el consumismo nos presenta, sino la alegría interior por la venida del Salvador, que emana de la certeza que Dios cumple con su palabra.

El Monseñor también pidió que para esta fiesta religiosa se debe trabajar para desterrar las divisiones que existen, el odio y el rencor y que se debe agradecer con alegría por lo que tenemos.

Gualberti precisó que debe haber alegría de orar y dar gracias a Dios en toda ocasión, como María que proclama la grandeza del Señor, la alegría de abrirnos a la acción del Espíritu para que reanime nuestra fe en el Salvador, la alegría de luchar por la justicia, por el bien común, por el respeto de los demás, por los pobres y los desgarrados en el corazón, y la alegría de trabajar por desterrar las divisiones, la prepotencia, el odio y el rencor.

El religioso recordó que tener espíritu de pobre debería ser la actitud de todos los que creemos en Cristo, reconocer nuestra pobreza existencial y que toda nuestra vida, lo que somos, lo que tenemos y lo que hacemos depende de Dios.

“La pandemia se ha encargado de recordarnos esta verdad de una manera dolorosa, ha hecho caer como un castillo de naipes las certezas humanas del poder, las riquezas y el orgullo de la ciencia. Nos ha hecho tocar con manos nuestra fragilidad y límites que habíamos olvidado con demasiada facilidad, actuando como si fuéramos dueños de nuestra existencia y del mundo”, hizo notar Gualberti.

La Virgen María, figura central del Adviento

Por su sencillez y humildad fue elegida para ser la Madre del Señor: “Proclama mi alma la grandeza del Señor… porque se fijó en la humildad de su servidora”, leyó Gualberti y resaltó que el Evangelio nos narra que, mientras él está predicando en el desierto y bautiza a la gente en el río Jordán, se le presentan unos enviados de los fariseos para preguntarle sobre su identidad y con qué autoridad desempeña esa misión. Juan, en primer lugar, despeja toda posible equivocación, con tres negaciones: No soy el Mesías, no soy Elías, cuya venida, según la tradición hebrea, tenía que preceder el día del juicio, y no soy "el Profeta", el Cristo”.

Diakonía celebra 25 años de fundación

El Arzobispo expresó su agradecimiento y sus felicitaciones a la Escuela Superior de Comunicación Audiovisual Diakonía fundada hace 25 años, por el Cardenal Julio Terrazas con la colaboración de los obispos del oriente boliviano y bajo la Dirección general del Padre Hugo Ara, que sigue hasta hoy con este servicio.

Gualberti subrayó que esta iniciativa respondía a la necesidad de la Iglesia de emplear la comunicación social como una herramienta fundamental en los procesos de integración y evangelización, formando profesionales católicos promotores de una comunicación diferente al servicio de la vida, la verdad y la ética, y sobre los cimientos de los valores humanos y cristianos, ejes fundamentales de una nueva convivencia social.

Ya al finalizar su homilía, el Monseñor dijo que en las palabras de San Pablo y con sentimientos de gratitud y alegría por la próxima venida del Salvador, a ustedes aquí presentes y a todos los que nos siguen a través de los medios de comunicación les deseo que el Dios de la paz les ayude a vivir como corresponde, a conservarse sin mancha en todo su ser, hasta la venida de nuestros Señor Jesucristo.

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