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La Iglesia católica, a través de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), expresó su “profunda” preocupación por los casos de violencia contra las mujeres y las familias que, lejos de disminuir, siguen aumentando de forma alarmante, produciendo muerte y sembrando luto.

En tal sentido, plantea un trabajo conjunto con todas las instancias de la sociedad, para atacar las verdaderas causas de este flagelo, entre las que cita: la cultura machista que pervive, el deterioro de valores morales, la pérdida del respeto al valor de la vida, la inaplicabilidad de las leyes y la lentitud del sistema judicial, el olvido del sentido religioso, la indiferencia y complicidad, la dependencia y sometimiento económico de las mujeres y otras formas de marginación y males sociales que se ensañan con ellas, como el alcoholismo, la violencia sexual, la trata y tráfico de personas, la drogadicción y el narcotráfico.

“Nos solidarizamos con tantos familiares, padres, hermanos, hijos huérfanos, que sufren esta situación dramática en el país y con todas las mujeres que, en este momento, están siendo acosadas y condenadas a sufrir en silencio”, reza el comunicado de la CEB, que ayer fue leído por el monseñor Aurelio Pesoa, secretario general de la CEB, junto a los sacerdotes José Fuentes y Ben Hur Soto.

Para la CEB, la legislación vigente muy poco ha logrado contra este flagelo. Por tal motivo, “urgimos a las instancias de gobierno, locales y nacionales, a que, en coherencia con las leyes vigentes, extremen esfuerzos para garantizar una verdadera y eficaz aplicación de las mismas. (...)

A la comunidad que presencia y sufre estos males, le instamos a denunciar estos casos y a ofrecer apoyo y respaldo a las mujeres contra represalias y presiones cómplices”, añade.

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